21 de agosto de 2019
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EDICIÓN VERANO

El Tribunal ha condenado a Joaquín Benítez a casi 22 años de prisión por cuatro casos probados de abuso sexual a menores y piden su ingreso en prisión

Así se fraguó el escándalo del pederasta de Los Maristas: Tocamientos, felaciones y penetraciones en clases de fisioterapia

El pederasta condenado que abuso de decenas de menores enbucierto por Los Maristas de Sants-Les Corts
El pederasta condenado que abuso de decenas de menores enbucierto por Los Maristas de Sants-Les Corts
La Fiscalía y las acusaciones particulares del caso de pederastia en los Maristas no se conforman con la sentencia recién dictada que condena a 21 años al exprofesor Joaquín Benítez. Ambas partes han solicitado a la Audiencia de Barcelona enviar al pederasta confeso a prisión preventiva mientras llega la sentencia firme. Aseguran que hay evidentes riesgo de fuga.

Joaquín Benítez, exprofesor de gimnasia del colegio de Los Maristas de Sants-Les Corts de Barcelona,  abusó sexualmente de cuatro alumnos aprovechándose de su superioridad como profesor, según ha dictaminado en su argumentación la Sección 21 de la Audiencia de Barcelona. Esa superioridad le permitió “cometer el delito con mayor facilidad” entre  2006 y  2009. Por ello ha sido condenado a 21 años y nueve meses de cárcel y aun así, el pederasta volvió a su casa este lunes, con el rostro cubierto por un pasamontañas, tras recibir la sentencia, libre todavía a pesar de la gravedad de delito. De inmediato, las acusaciones particulares han solicitado ya la comparecencia del exdocente para exigir su entrada en la cárcel de manera provisional hasta que haya sentencia firme.  

Joaquim Benítez con su tradicional pasamontañas para evitar ser reconocido a la salida de los juzgados. 

Uno de los abogados de las víctimas, Iván Fernández, asegura que hay riesgo de fuga de Benítez debido a la elevada condena, a que el exprofesor no tiene arraigo laboral y a que vive cerca de la frontera, en un pueblo de Girona. El abogado ha recordado que Benítez admitió en el juicio dos de los cuatro casos de abusos, con lo que, aunque recurra la sentencia, tendrá una pena de al menos 17 años. La defensa de Benítez tiene diez días para presentar recurso de apelación ante la Sala Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC).

El pederasta disfrazado de profesor de gimnasia

Las víctimas, algunas de las cuales no han podido llegar a juicio siquiera, no respirarán aliviadas hasta ver a este depredador sexual de menores entre rejas. Un monstruo disfrazado de buen profesor que aprovechó el cobijo y la hipócrita protección de una institución, Los Maristas, que predicaba lo contrario de lo que permitía entre sus muros. Así lo confesó el propio Benítez, quien confirmó que la congregación le había encubierto en otros casos de abusos sexuales a menores perpetrados en 1986 y, que, desgraciadamente, por la actual legislación, han prescrito ya.  

35 años cometiendo abusos. De hecho, fue esta protección la que le permitió a  este supuesto profesor en los Maristas de Sants de Barcelona seguir abusando sexualmente de dos de los cuatro alumnos por los que ha sido juzgado. Él mismo admitió en el juicio “no tener miedo porque  se sentía siempre amparado por los Maristas”, que ya le encubrieron en 1986.

Colegio de Los Maristas donde se produjeron los abusos sexuales a menores durante varios decenios.

Una vez más, la Iglesia y sus instituciones educativas protegiendo o mirado hacia otro lado dando amparo a los abusadores de menores. En algunos casos se ha probado que el colegio  Maristas pactó con varias familias de niños abusados no hacer público el delito. Por esta vez, han sido también condenados.  

Los magistrados han establecido también el pago de una indemnización para las cuatro víctimas de 120.000 euros (60.000, 40.000 y dos de 10.000) y consideran a los Maristas responsables civiles subsidiarios, al ser titulares del centro donde ocurrieron los hechos y el acusado fue su empleado. Pero esa cantidad la afrontará su aseguradora, Generali.  El tribunal  no ha atribuido a los Maristas la “producción voluntaria del daño”, pero sí “una conducta imprudente  por la  falta de control” de las acciones del exprofesor.

Juan Cuatrecasas, padre de una víctima,  lidera también la lucha contra los pederastas protegidos por la Iglesia y sus congregaciones. 

La historia era la misma que en otros casos. Juan Cuatrecasas contaba hace unos meses a elcierredigital.com cómo la Iglesia ha encubierto abusos sexuales en sus congregaciones y centros. Su hijo fue una de las víctimas del colegio Gaztelueta, un centro del Opus Dei de Leioa (Bizkaia), víctima de José María Martínez Sanz, "Don Chemi", condenado a 11 años por abusar sexualmente del menor entre 2008 y 2010. A finales del año pasado, todavía, Imanol Goyarrola, director del colegio Gaztelueta, defendía con vehemencia la inocencia de José María Martínez Sanz.

La mayoría de las denuncias por abusos, prescritas 

En total, Benítez acumula otras trece denuncias, ya prescritas o archivadas. Solo estas cuatro por las que ha sido condenado han podido demostrar ante la Justicia su vil modus operandi con los menores a los que instruía como profesor de gimnasia. El pederasta elegía a uno de los chicos, de entre 6 y 13 años, y aprovechando su faceta de fisioterapeuta, les llevaba a su despacho para darles un masaje y tratar supuestas lesiones. Cerraba el pestillo de la puerta y comenzaba el terror.

En el caso más grave, Benítez realizó una felación al alumno, a quien, además, pidió que le penetrara. En los otros tres, el condenado hizo una felación a un niño y tocamientos a otros dos en sus genitales.

Fèlix Colomer, director del documental 'Shootball' en el que el pederasta Benítez, a la derecha, confiesa sus delitos. 

Benítez, antes y después de la condena, justificaba sus abusos a menores como resultado de una infancia y juventud tormentosa y  aseguraba haber sufrido también abusos sexuales de un tío que era 3 o 4 años mayor que él.  Este pederasta de padres alcohólicos, creció en un  familia de ocho hermanos,  tenía  un  gemelo y se considera víctima de años y años de internado escolar.

Ahora vive en Alt Empordà con un hermano que sufre discapacidad psíquica. Y de supuesto abusado a pasado a ser abusador, así comprende el  la transformación personal para dejar de ser víctima. Decía  tener “la actitud normalizada”. Cuando era adolescente vivió “un infierno” que se convirtió en “una conducta instaurada y normalizada” que revivía cuando conducía a los alumnos a su despacho por molestias físicas. Los informes psicológicos judiciales han dejado claro que el condenado es extremadamente narcisista e  incapaz de sentir empatía alguna, al tiempo que le consideran que no sufre trastorno psíquico alguno y que decidía y sentía lo que hacía.   

Existe un documental , Shootball , del director Fèlix Colomer, que es toda una revelación sobre este terrible caso de pederastia en el seno de otra institución escolar de carácter religioso. El reportaje se centra en las víctimas al tiempo que da voz a los otros dos grandes protagonistas del caso Maristas. El primero, Manuel Barbero, padre de uno de los niños abusados por Benítez y quien destapó toda  la trama a raíz del testimonio de su hijo. El segundo personaje es el propio Joaquín Benítez, de quien Colomer logró que confesara ante la cámara cómo sometió a una veintena de niños. Es famosa ya la secuencia en la que, arrodillado, en pleno campo, Benítez admite los hechos y terribles abusos  pero insiste en que “no es un pederasta como otros”, porque él “preguntaba con respeto a los niños si les importaba que les hiciera eso...”

En ese gran documental, se recuerda que en 2010 un alumno de los Maristas ya envió un correo electrónico a la congregación alertando de los abusos “pero no hicieron nada” hasta que en 2011 alejaron a Benítez.

Además de la pena de privación de libertad, Benítez ha sido condenado a 13 años y ocho meses de inhabilitación para ejercicio de la profesión docente y la prohibición de acercarse o comunicarse con sus víctimas. En algunos otros casos, los condenados han continuado ejerciendo o realizado actividades de formación en organizaciones reciclados por un  sistema que les ha protegido siempre.

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