21 de septiembre de 2019
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FIN DE SEMANA

La demandante quería limpiar el nombre de su madre ya fallecida, que se quedó embarazada de un millonario vasco que se desentendió de ella

Una mujer renuncia a una herencia de un millón y medio de euros porque solo quería demostrar su verdad: que era hija de un rico empresario bilbaíno

M. J. A. con su abogado Fernando Osuna.
M. J. A. con su abogado Fernando Osuna.
El bufete de Fernando Osuna ha vuelto a ganar un juicio por paternidad. Pero en este caso la historia tiene visos de fábula, con final con lección moral. La demandante, que ha demostrado que es hija de un importante empresario del País Vasco, ha renunciado a una herencia valorada en un millón y medio de euros para demostrar que sólo le interesaba limpiar el nombre de su madre, ya fallecida, que en el momento de la concepción era menor de edad y de una clase social más baja.

La historia de María José A. es la de una mujer que ha pretendido defender la memoria de su madre más allá de la muerte de ésta. Ahora, la justicia le ha dado la razón y la posibilidad de acceder a una herencia de 1.500.000 euros, pero ha optado por quedarse únicamente con lo primero: el honor de su madre y su lección moral a la burguesía vasca. Un honor al margen del dinero y el poder.

María José, nacida de esta relación extramatrimonial en Bilbao, peleó durante años, junto a su abogado Fernando Osuna, para que la justicia reconociese que S.A., un importante empresario del País Vasco, era su padre. Ahora, se ha confirmado que la historia que defendía esta mujer era absolutamente real y que ella nació fruto de las relaciones de este hombre perteneciente a la burguesía vasca con su madre, una sirvienta de la casa, que trabajaba de cocinera y "se quedó embarazada del señor"

La sentencia la reconoce como hija y por lo tanto como heredera. Esta posibilidad es la que hizo que sus hermanos, hijos nacidos del matrimonio S.A. con la descendiente de una importante familia, pleiteasen.

Alcanzando esa condición de hija del fuerte empresario, mediante sentencia judicial, ha decidido que no le importa esa herencia tan grande y le ha dicho a sus "ávaros hermanos" que para ellos ese millón y medio de euros, que no le tiene apego a lo patrimonial, que hagan con el dinero lo que quieran, que no le merece la pena luchar por lo material , que ya ha conseguido una satisfacción moral con la sentencia, que la justicia puso las cosas en su sitio con esa declaración judicial de paternidad, que los valores morales son más importantes que la herencia, que  su madre y  ella lo que querían era "dignidad".

Hija de una empleada y un potentado 

Maria José nació en Bilbao en 1948, es hija de una empleada de hogar que trabajó como cocinera durante  los años cuarenta en una casa palacio de la misma ciudad. En ese marco fue donde hacia finales del año 1946 se inició una relación sentimental. Comenzó una vida paralela entre la trabajadora y el empresario muy adinerado, que por aquél entonces estaba casado. Fruto de dicho vínculo íntimo y extramatrimonial entre ambos quedó embarazada, relación que se mantuvo hasta el momento que trascendió la noticia de su embarazo. Por este motivo fue despedida del servicio de la casa palacio en la que trabajaba, quedando abandonada a su suerte.

La madre de María José trabajaba como cocinera y había llegado a Bilbao, como tantas otras mujeres de la época en busca de un destino mejor. Buscó trabajó como empleada del hogar, un trabajo habitual a las mujeres de condición humilde que llegaban a la capital vizcaína en plena expansión industrial.  Tras su embarazo sintió el rechazo de la gran burguesía vasca que no toleraban que alguien de una clase más baja pudiese ser reconocida como madre de una hija habida fuera del matrimonio y de una relación interclasada. Una práctica habitual en la alta sociedad de la época que se sentía impune y tenía que responder ante nadie. 

Bilbao. 

Meses después nació María José A. Tras su alumbramiento, la relación entre los padres del bebé devino inexistente, apartándose por completo de S. A. que jamás afrontó los gastos de manutención y alimentación de la niña, omitiendo en todo momento las obligaciones propias de todo padre de familia. Por tanto, a pesar de ser conocedor de la existencia de su hija, nunca reconoció la paternidad sobre la recién nacida.

No obstante, la empleada de hogar quiso propiciar, en más de una ocasión, un encuentro entre ambos al sentirse sola, desamparada y desprotegida. S. A. estaba casado con Dª J. A. S. matrimonio del cual nacieron tres hijos. Tanto la madre como la hija siempre fueron rechazadas por el millonario empresario y la familia de éste.

La empleada de hogar murió y María José decidió luchar por la memoria de su madre en los tribunales. Al poco de perder a su madre, contrató los servicios de un detective privado, el cual, tras llevar a cabo las investigaciones pertinentes y el seguimiento oportuno obtuvo ADN a uno de sus hermanos biológicos. Tras la comparación de los perfiles obtenidos se dio un resultado del 99 % de posibilidades de que fueran hermanos. Empezó así una lucha judicial con el bufete de Fernando Osuna, experto en paternidades, que en esto caso tenía, además, el componente extra de las diferencias sociales. La lucha de una mujer de clase media contra una familia de la burguesía vasca, siempre endogámica y cerrada.

Un Juzgado de Bilbao dictó sentencia favorable a la hija extramatrimonial, la cual ya tiene el apellido de su padre biológico. Sus hermanos biológicos se han mostrado muy beligerantes para que la hija fuera del matrimonio recibiese su parte en la herencia: que asciende a 1.500.000 euros.

Sin embargo, ella no quiere soportar otro pleito más para conseguir el dinero. Está muy tranquila y satisfecha después de demostrar que es hija biológica y ya judicial del millonario y ha hecho saber a sus hermanos que no quiere la herencia de su padre fallecido, sino demostrar que su madre, a la que tanto ninguneó la poderosa familia, tenía razón. Solo buscaba dignidad.

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