07 de agosto de 2020
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EDICIÓN VERANO

El hombre de 53 años es población de riesgo al ser VIH y lucha para recuperar a su niño que vive en una Casa Cuna

Menores tutelados: Fortunato Siberio, un padre tinerfeño, teme verse afectado por el coronavirus y no volver a ver a su hijo

Fortunato y su hijo
Fortunato y su hijo
Fortunato lucha para recuperar a su hijo desde que se lo quitaran los Servicios Sociales, primero en 2016 y más tarde a su hermano el año pasado. El niño, de cinco años, vive en un centro para menores de Tenerife y su padre puede contactar con él mensualmente. Fortunato denuncia que a su hijo le ha cambiado la personalidad por completo. Además, este padre es VIH, por lo que teme que al ser población de riesgo pueda tener graves consecuencias si se contagia del coronavirus y no volver a verle.

Fortunato Siberio Felipe, de 53 años, lucha para recuperar a su hijo Fortu, que va a cumplir seis años en junio, ahora bajo la custodia de los Servicios Sociales. Este padre separado, residente en el barrio de Los Gladiolos de Santa Cruz de Tenerife, se vio obligado a perder a su hijo en 2016, tras un incidente poco afortunado.

"A mi hijo se lo llevaron el 8 de julio 2016. Yo me fui por la mañana a trabajar al bar de mi hermano y lo dejé con mi madre en casa. La pobre se medica y mi niño es hiperactivo. Cuando llegué, sobre la hora de comer, me dijo que se había portado muy mal y que se había tomado medicamentos", explica Fortunato a elcierredigital.com.

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El menor estaba somnoliento, por lo que "le llevamos corriendo al hospital y le hicieron un lavado de estómago", asegura. Según señala este padre tinerfeño, después de la limpieza estomacal su hijo se encontraba bien y se quedaron esperando en la sala de urgencias a la espera de las recomendaciones del personal sanitario.

"Estábamos esperando y Fortu mordió a dos niños que también estaban en la sala de urgencias, así que pensé que lo mejor era llevármelo de allí sin avisar al médico ni nada", asegura y añade que lo que pretendía era llevarle al médico de cabecera al día siguiente.

A las pocas horas se presentó en su casa la policía y le obligaron a llevar al menor otra vez al hospital para ingresarle y poder hacerle pruebas. "Me denunciaron por abandono de familia. A la semana siguiente me llamaron del juzgado y me avisaron de que me iban a retirar la custodia de la criatura, alegando también que la casa de mi madre no estaba acondicionada. Dos días después se hizo oficial la retirada del niño dándoselo a los servicios sociales, quitándomelo a la fuerza de los brazos".

El niño fue a parar a una familia de acogida en el municipio de La Laguna durante  tres meses, tiempo durante el que hicieron las gestiones necesarias para que el menor pudiera quedarse bajo la custodia del hermano de Fortunato. "Mi hermano solicitó el acogimiento temporal y se lo dieron. Tiene un bar y económicamente es solvente, le puso una habitación al niño en su casa y no le faltaba nada". 

El problemas es que la casa en la que vive Fortunato y la de su hermano están muy próximas y eso influiría posteriormente en la decisión de los Servicios Sociales sobre la custodia del menor. "En abril de 2019 mi hermano estaba esperando que le alargasen el acogimiento familiar para poder quedarse con el niño, pero por la distancia que hay entre viviendas no veían bien que permaneciera allí, tan cerca de mí", señala.

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Debido a la situación, les notificaron que ponían en desamparo al menor y que tenían que entregar al niño de nuevo. Entonces, según cuenta Fortunato, se lo llevaron a la Casa Cuna de Tenerife, un centro donde acogen a menores.

"Teníamos visitas semanales y podíamos hablar por teléfono con él, pero allí no estaba bien. Las cuidadoras me decían que se autolesionaba, se mordía, se meaba por la noche, lloraba mucho...Luego tomaron la decisión de que solo podíamos ir a verle una vez al mes nada más cada progenitor. Ahora con la situación que hay todavía no he podido verle ni hablar con él, pero ya me han dicho que esta semana podré un día", explica Fortunato. 

Según denuncia, su hijo Fortu ha cambiado mucho su personalidad desde que está allí: "Está muy delgado, y cada vez que le veo está muy triste y llora mucho. Le llevé ropa nueva, pero le da igual, se viste con lo que sea, como si viviera en la calle. Ya no es él, le han absorbido la personalidad".

Además, asegura que la adaptación al centro no ha sido buena y tiene conflictos con otros niños: "Me cuenta que los otros chiquillos le han roto los regalos que le he llevado como la tablet o la bicicleta". 

Pero, más allá de su lucha, la mayor preocupación de Fortunato es verse afectado por el coronavirus: "Soy VIH desde hace 34 años, por lo que soy grupo de riesgo. Me da miedo coger el virus y no poder volver a ver a mi hijo". 

En cuanto al proceso para reclamar la custodia de su hijo, el padre tinerfeño asegura que "solicité una abogado en abril para poner un recurso y me lo concedieron meses después, en diciembre. El abogado ya ha interpuesto el recurso, pero a día de hoy no nos han contestado". 

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