16 de julio de 2019
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FIN DE SEMANA

La madre dio prioridad a su relación antes que a la integridad física y a la vida de la menor, según la sentencia

Prisión permanente revisable para el acusado de violar y matar a la hija de 4 años de su pareja, también sentenciada a 28 años

El juez que ha llevado el caso.
El juez que ha llevado el caso. / Europa press
La Audiencia de Valladolid ha impuesto prisión permanente revisable a Roberto H.H., acusado de asesinar a Sara, una niña de 4 años, hija de su pareja. Los hechos ocurrieron el 3 de agosto de 2017, la menor recibió una paliza y posteriormente fue violada. La madre de Sara, Davinia M.G, ha evitado esa condena, pero fue sentenciada a 28 años de cárcel. Es la primera vez que se establece este tipo de condena en la provincia de Valladolid.

El veredicto del jurado popular se conoció el 25 de mayo. Poco después de declarada la culpabilidad de ambos acusados, Feliciano Trebolle, el magistrado que presidió la sala, ha dado a conocer su sentencia condenatoria.

La resolución judicial impone al condenado prisión permanente revisable como autor del asesinato--agravantes de alevosía y ensañamiento--y violación de la pequeña, así como de otros cuatro delitos de malos tratos con lesión a persona especialmente vulnerable y otro de maltrato habitual, en todos los casos con el odio como circunstancia penalizadora.  Además de la prisión permanente revisable, la condena incluye otras penas que suman 22 años de prisión.

La madre de la niña, Daviana, deberá pasar casi 28 años en la cárcel, por la comisión por omisión de los delitos de asesinato, maltrato habitual y tres delitos de maltrato con lesión sobre su hija.

La pareja de la madre de Sara sentía "odio" hacia los rumanos.

La sentencia, de conformidad con el veredicto del jurado, rechaza aplicar a los condenados los beneficios de la remisión condicional de la pena y de la concesión del indulto.

La condena  coincide  con la petición final de la fiscal del caso, ya que las acusaciones populares, Clara Campoamor y Adavasymt, habían mantenido su petición de prisión permanente revisable no sólo para Roberto sino también para Davinia, mientras que la acusadora pública había modificado para excluir a la madre de tal modalidad de pena y solicitar para ella veintisiete años y once meses de cárcel.

Se presume que el veredicto será recurrido ante el Tribunal Superior de Justicia. Es el juicio con jurado más largo de los celebrados hasta ahora en la historia judicial vallisoletana, que se inició el pasado día 25 de abril y que en algunas fases, como el día de la pericial forense, se ha celebrado a puerta cerrada debido a la crudeza de las fotografías de la autopsia de la pequeña.

El origen del trágico desenlace de Sara se remonta a la relación de noviazgo que su madre Davinia inició a mediados de mayo de 2017, cuando aún ella seguía conviviendo en el domicilio familiar con su pareja y padre biológico de la pequeña, y casualmente, como así han venido a coincidir todas las acusaciones, a partir de ahí la víctima, de forma sospechosa, comenzó a padecer todo tipo de lesiones, golpes y hasta alguna quemadura.

La pequeña Sara intentó defenderse

Como vestigios objetivos de la culpabilidad de Roberto, las acusaciones enumeraron en el juicio el hecho de que era el único adulto que había en la casa, el mechón del pelo de Sara hallado en el pantalón corto que el acusado usaba a modo de pijama y, sobre todo, los restos biológicos encontrados bajo las uñas de la niña, prueba más que evidente de que ésta trató de defenderse sin éxito, si bien esa lucha quedó también reflejada en forma de arañazos en las manos y antebrazos del presunto autor del crimen.

Entre los móviles del crimen figura el odio que, presuntamente, Roberto sentía hacia las personas de origen rumano--era simpatizante del grupo neonazi Juventud Nacional Revolucionaria--, de ahí el término despectivo de "rumanilla" con el que éste se dirigía a la niña.

En cuanto a la propia madre, los acusadores, a excepción de la letrada del padre biológico, se mostraron contundentes al afirmar, en palabras de la fiscal, que "conocía y consentía" los malos tratos sufridos por la pequeña y pese a ello "dio prioridad absoluta a su relación de pareja, antepuso su interés egoísta y jugó a la ruleta rusa con su hija".

El protocolo de malos tratos no funcionó

No fue hasta el día 11 de julio cuando la madre, una militar destinada en el Palacio Real de Valladolid, decidió llevar a la pequeña al Servicio de Pediatría del Hospital Campo Grande para ser atendida de un fuerte hematoma en los labios y allí los facultativos, alertados por la cantidad de lesiones hallados en todo el cuerpo de Sara, activaron el protocolo de malos tratos. "Tenía el culete, literalmente, cosido a hematomas", dijo gráficamente en el juicio una médico que la atendió.

Sin embargo, los Servicios Sociales de la Junta no recibieron el encargo de Fiscalía de iniciar una investigación, por correo ordinario, hasta el día 25 del mismo mes, casi quince días después.

La entrevista que los funcionarios de la Junta mantuvieron al día siguiente con Davinia y las niñas ya les hizo sospechar; sin embargo, no lograron volver a mantener encuentros con ellas debido a las largas dadas por la madre.

La madre de la niña no puso ninguna denuncia por maltrato a la menor.

El día 2 de agosto las técnicos de los Servicios Sociales llamaron a Davinia por teléfono para comunicarle que se hacían cargo de la tutela de Sara, pero ya era tarde. Al otro lado del teléfono la madre les advirtió entonces de que su hija yacía intubada, en muerte cerebral, en la UCI pediátrica del Clínico Universitario, donde falleció al día siguiente a causa de un traumatismo craneoencefálico sufrido fruto del posible zarandeo y golpeo de la cabeza de la niña con una superficie roma.

La autopsia practicada objetivó ya entonces una multiplicidad de lesiones, características del denominado 'síndrome del niño apaleado', con moratones de distinta evolución por todo el cuerpo que, según determinaron los forenses, no eran accidentales, así como evidentes muestras de haber sufrido una violación anal y vaginal, no consumada del todo debido a la constitución anatómica de la víctima.

Junto a los indicios de la autoría por parte de Roberto, las acusaciones añadieron los whatsapp intercambiados entre los acusados reveladores de la "obsesión" que él tenía por la víctima ("Sara es mía" o "la voy a comer el culete"); su oposición a que fuera atendida por médicos, el "temor" que infundía el acusado a Sara o la "extrema tristeza" que ésta mostraba en las últimas fotos antes de morir, coincidiendo con la entrada de su presunto verdugo en la vida de la madre.

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