30 de noviembre de 2020
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FIN DE SEMANA

La Guardia Civil ha liberado en Prado del Rey (Cádiz) a siete jóvenes colombianos traídos con la promesa de fichar en equipos de fútbol

Informe sobre la prostitución masculina en España: Cada vez más indefensos y con mayoría de latinoamericanos

Una operación de la Guardia Civil contra el trato de seres humanos ha tenido como protagonista a hombres y, debido a lo poco habitual que es, el hecho ha generado bastante ruido mediático. La prostitución de hombres es la gran desconocida del comercio sexual donde las mujeres, tanto cisgénero como transexuales, suelen ser la cara más visible y también la más vulnerable. Ahora, los hombres, en la mayoría de los casos extranjeros, empiezan a ser victimas también de las mafias.

La Guardia Civil ha liberado a siete hombres origen colombiano que estaban siendo explotados sexualmente en Prado del Rey (Cádiz). La ‘Operación Promises’ ha logrado desarticular una organización dedicada a la trata de seres humanos con fines de explotación sexual y a la prostitución lucrativa. Hay tres personas detenidas por estos hechos.

Los investigadores descubrieron cómo la organización enviaba a diferentes países de Sudamérica a personas con el objetivo de reclutar jóvenes en buena forma física. Una vez contactados, les prometían trabajo cuando llegaran a España, siempre relacionado con las profesiones que tenían en su país de origen. En este caso, eran futbolistas aficionados.

Estas tareas de captación se realizaban mediante el engaño y con una serie de contactos y relaciones que permitirían a sus víctimas remediar las carencias económicas por las que sus familias atravesaban. Para evitar sospechas en origen, la organización obligaba a las víctimas en España, con el compromiso de que recuperarían el importe muy rápido con los trabajos que harían ya en nuestro país.

Las familias de los siete jóvenes llegaron incluso a recurrir a prestamistas con cobros de intereses desorbitados para pagar el viaje. Cuando las víctimas ya estaban en España, la organización los recogía en el aeropuerto y los trasladaba hasta Prado del Rey (Cádiz), donde les retenían su documentación y les quitaban el dinero que llevaban consigo para controlarles en todo momento.

Para facilitar el control que ejercían sobre ellos, los tenían hacinados en una sola vivienda y sólo les permitían relacionarse entre sí, manteniéndolos en la más absoluta indigencia, llegando en ocasiones a tener que mendigar para poder subsistir.

Ante esta situación, la alternativa que la organización les ofrecía era participar en un chat de contactos homosexuales, que era gestionado y controlado por el líder de la organización. Los encuentros sexuales se producían en distintas localidades de la provincia de Cádiz, donde el intermediario llevaba a la víctima, permaneciendo en las inmediaciones hasta que el encuentro terminaba y requisando el importe pagado por cada uno de ellos.

Una vez que la víctima había participado en alguno de estos encuentros, era amenazado con trasladar esta información a sus familiares en Sudamérica, consolidando la posición de dominio y abuso de situación de superioridad.

La liberación de los jóvenes ha sido llevada a cabo por el Equipo de Delitos Contra las Personas de Cádiz. Los ocho jóvenes liberados han recibido el status de víctimas de trata de seres humanos por las autoridades españolas. También se ponen a su disposición recursos de distintas administraciones en materia psicológica, sanitaria y social.

La prostitución masculina en España

Este caso ha vuelto a poner el foco sobre la prostitución masculina. Normalmente cuando hablamos de prostitución pensamos que sólo nos referimos a mujeres y no a hombres. Esto en parte se debe a que en España no existe un registro oficial sobre cuántos hombres ejercen el comercio sexual. Hace siete años, el Ayuntamiento de Madrid llevó a cabo un Programa Municipal de Atención a la Prostitución Masculina y Transexual. Según la memoria del programa, en 2013 desde el consistorio de la capital se atendieron 10.483 casos. El 23 por ciento de los cuales eran para atender a hombres que se prostituían.

Una de las ideas generalizadas sobre la prostitución masculina es que no existen hombres víctimas de tratas de seres humanos y los Cuerpos de Seguridad del Estado aseguran que la realidad de la explotación sexual sí que existe en hombres, pero es mucho menor en comparación con las mujeres.

Según el Plan Integral de Lucha Contra la Trata de Mujeres de 2014 se recoge que  “durante las inspecciones realizadas se detectó a un total de 13.983 personas en riesgo de encontrarse en situación de trata de seres humanos y/o de explotación sexual”. Ninguna persona era un hombre.

Otra diferencia entre los trabajadores sexuales en cuanto al género es el lugar de trabajo. Es mucho más complicado ver a hombres prostituyéndose en las calles que mujeres. Según el Ayuntamiento de Madrid en 2013, última fecha de un estudio fiable, 1.199 hombres ejercían la prostitución en plena calle, siendo Desengaño la favorita para ello. Sin embargo, la mayoría de la prostitución de hombres tenía lugar en locales, pisos particulares y saunas para el público homosexual.

Los latinos a la toma de la calle

Un aspecto importante con respecto a la prostitución masculina es el origen. Los extranjeros son mucho más vulnerables a la trata que los nacionales y, son estos los pocos que ejercen el comercio sexual en la calle.

Desde COLGEGAS-Confederación LGTBI Española informan que en los últimos años “este mercado ha sido ocupado por chicos jóvenes recién llegados a España". Adolfo Martini, portavoz de la organización que trabaja con población LGBTI vulnerable, ha asegurado que desde el año 2013 la llegada de venezolanos ha supuesto un cambio importante en la prostitución masculina.

Martini explica que “el mercado que mayoritariamente ha estado ocupado por personas originarias del Caribe o Sudamérica, destacando colombianos, brasileños y cubanos; ahora, ha crecido por la oferta de venezolanos que ejercen el trabajo sexual”. La organización no maneja cifras exactas, pero se estima que los originarios de Venezuela podrían llegar a ser el 50% de los trabajadores sexuales de este tipo.

“El aumento de venezolanos ha correspondido con la migración. Los últimos 5 años el flujo ha sido impresionante” explica Marcos, que trabaja para otra organización que acoge a personas que se dedican al trabajo sexual y ofrece formación y apoyo para su ingreso al mercado laboral. Marcos también coinciden en que la nacionalidad más común entre los trabajadores sexuales masculinos es la venezolana. “Han desplazado de forma importante al resto de nacionalidades”, indican desde la asociación.

La documentación es un factor importante, ya que, al impedirse el acceso a un trabajo formal, los inmigrantes buscan alternativas. De hecho, en sectores como la prostitución fememina, el estatus migratorio sirve a los proxenetas para ejercer presión sobre los explotados. En el caso de muchos de los jóvenes que se prostituyen, la falta de acceso al mercado laboral, les impulsa a buscar alternativas y esto les ha empezado a poner en igualdad de condiciones con respecto a las mujeres en el peor de los sentidos: el riesgo de caer en manos de las redes de trata de seres humanos.

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