22 de septiembre de 2019
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FIN DE SEMANA

Los otros dos culpables, Jesús Villabrille y Cristian Mesa, fueron condenados a 72 y 66 años de cárcel, respectivamente

Diez años del asesinato de María Luisa Blanco: dos de los condenados, su hermano Pablo y Larisa, saldrán libres

Jesús Villabrille, en una de sus declaraciones judiciales.
Jesús Villabrille, en una de sus declaraciones judiciales.
Diez años después del macabro asesinato de la oventense María Luisa Blanco, dos de los condenados por aquel crimen, su hermano Pablo como autor y Larisa, una menor entonces, como inductora, están a punto de salir en libertad. Pablo, minusválido psíquico, permanecía en régimen de semilibertad y Larisa, en un centro de internamiento para menores. Los otros dos autores, Jesús Villabrille y Cristian Mesa, deberán cumplir todavía 20 años más.

El 25 de junio de 2009 dos agentes de patrulla de Policía Nacional acudieron a una llamada de Jesús Villabrille, inquilino de la casa de Vallobín, un barrio al noroeste de Oviedo, que dijo haber regresado de un viaje a Madrid y haber encontrado el cuerpo descuartizado de una mujer en la nevera. Era María Luisa Blanco, de 36 años. Todos los inquilinos de la casa fueron detenidos.

En aquella casa vivían la víctima, María Luisa, junto a su madre Rosario y su hermano Pablo, que se hizo amigo de Cristian y lo llevó a vivir a su casa en agosto de 2008. Después, en septiembre, llegaron como inquilinos Jesús y Larisa, entonces padres de un bebé de pocos meses. Según declararon en el posterior juicio algunos testigos, entre ellos la madre de la asesinada, la convivencia fue insoportable. Villabrille, apodado "el duque" y su pareja Larisa maltrataron desde el principio a la familia Blanco, "cuyos integrantes rozaban la discapacidad".


María Luisa Blanco, la víctima.

María Luisa tenía 36 años, una discapacidad física que la impedía andar y por esto estaba en una silla de ruedas. Fue encontrada, descuartizada, en el frigorífico de su casa, en la calle Mariscal Solís, de Oviedo. La torturaron, la obligaron a estar de pie mientras la golpeaban con una barra y la obligaron a beber una botella de wisky. Cuando murió ahogada, su hermano, minusválido psíquico la descuartizó en la bañera y se autoinculpó del crimen

En un primer momento el hermano de la fallecida, Pablo, que sufre una minusvalía y un retraso mental diagnosticado, se autoinculpó, aunque pronto cambio su versión apuntando a Jesús Villabrille y Cristian Mesa, que, junto a Larisa, la novia del primero y menor de edad, vivían en casa de los Blanco como inquilinos desde agosto y septiembre de 2008. Los Blanco habían metido al diablo en casa a vivir y no lo sabían.

El descuartizador, en libertad

Pablo está a punto de salir en libertad, después de cumplir diez años de cárcel. Desde hace dos años vive en una piso de acogida. Había sido condenado a 28 años de cárcel, pero un recurso ane el Tribunal Supremo rebajó su condena a 10 años.

Pablo Blanco, hermano de la víctima y encargado de descuartizarla.

Sin embargo, el considerado cerebro del crimen,  Jesús Villabrille permanece preso en la cárcel de El Puerto de Santa María; y su cómplice, Cristian Mesa, en la prisión de León. El primero fue condenado a 77 años de cárcel y a Mesa le cayeron 62. Ambos cumplirán un máximo de 30 años de cárcel y les queda todavía 20 por cumplir. La cuarta actora de este macabro crimen fue Larisa, novia de Jesús Villabrille, que era menor de edad y fue condenada, como inductora, a 10 años de internamiento en un centro de menores. Está a punto de salir a la calle.

Malos tratos constantes

Rosario Blanco llegó a  declarar durante el juicio celebrado en 2012 que "me tiraban al suelo varias veces y me apretaban la garganta hasta perder el sentido". El suceso se produjo durante la noche de San Juan de 2009 en el mencionado piso, donde vivían todos. El hermano de la víctima reconoció su participación en el crimen y a partir de ahí comenzó la investigación sobre el macabro crimen.

Cristian Mesa, otro de los condenados.

El fiscal solicitó 111 años y 11 meses de cárcel para los inquilinos, Jesús y Cristian por delitos de asesinato y maltrato habitual, junto con tres delitos contra la integridad moral, entre otros. Para Pablo pidió una condena de 25 años por los delitos de asesinato, maltrato habitual, lesiones, agresión sexual y profanación de cadáveres.

Durante el juicio, Rosario describió como los acusados la obligaban a dormir en el suelo  y que a Jesús y Cristina no podía mirarlos: "No le gustaba que mirara hacia ellos" y añadió que "nos obligaban a bañarnos en agua fría, a mí y a mi hija". Con el transcurso de los meses los inquilinos se convirtieron en auténticos dictadores y "nos rompieron los teléfonos, nos quitaron las llaves, no teníamos libertad para salir a la calle", manifestó Rosario. A preguntas del fiscal, Rosario Blanco recordó que incluso tuvo que presenciar una relación sexual entre sus propios hijos al ser obligados por los inquilinos.

Larisa, la menor condenada a diez años.

En mayo de 2009 Rosario acudió a un asistente social y éste a un abogado que invitó a Rosario a denunciar los hechos ante la Policía. Pero luego acudió a retirar la denuncia, obligada por los inquilinos, que le quitaron la tarjeta bancaria y realizaron gastos a su nombre en su propio beneficio.

Rosario Blanco relató cómo el día del crimen, la noche de San Juan de 2009, lo presenció escondida tras una puerta y que escuchó a su hija "hasta las últimas palabras". Cuando trasladaron el cadáver de su hija a un dormitorio, declaró que la menor, Larisa, "se puso encima de ella, estaba más contenta que otra cosa".

 

La autopsia no señalaba directamente a ningún habitante de la casa como autor material del crimen. Pero los tres testimonios del resto de acusados señalaban a Pablo, hermano de la fallecida, como autor material del estrangulamiento, y Jesús como la persona que obligó a María Luisa a beber una botella de whisky. La fallecida presentaba lesiones en la faringe, en una mano, dos costillas rotas y una fractura en la vértebra dorsal.

Rosario, madre de la víctima.

Pero las lesiones no se limitaban al día de la muerte. La autopsia dejó claro que María Luisa Blanco era una mujer maltratada. Su cuerpo acumulaba lesiones vitales con meses de antigüedad, como dos fracturas en las costillas. También presentaba lesiones en la muñeca izquierda, el antebrazo derecho y el tórax de diez días antes de su muerte. La autopsia también señaló que la joven tenía un corte en la región mamaria y otro en la cara, de varios días atrás. La habían torturado durante meses.

 
 
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