08 de agosto de 2020
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EDICIÓN VERANO

Una de las líneas de investigación apunta que la menor sufría un posible caso de bullyng en el centro educativo donde estudiaba

La muerte de Celia Cavia: la cultura del esfuerzo debe cambiar

Celia Cavia
Celia Cavia
La Delegación del Gobierno de Cantabria ha confirmado a través de un mensaje publicado en Twitter que el cuerpo de la niña encontrado esta mañana en el mar pertenece a Celia Cavia. La familia y el juzgado ya han sido informados de la identificación del cadáver. La menor llevaba desaparecida desde el pasado jueves 12 de diciembre, cuando se le perdió la pista después de que saliera del instituto. La perito Eva Milla analiza este dramático caso.

Se viven sucesos como el de la niña aparecida en el mar, ahogada, que deja escrita una carta a sus padres cuyo contenido solo ellos saben, pero debía estar en una situación desesperadas para no importarle su propia vida. Darse cuenta de cuando una persona está en esta situación debería ser una asignatura. 7 horas de clase diarias y nadie se da cuenta de cómo puede estar pasándolo una criatura. Se ha especulado con la hipótesis de que hubiera estado angustiada por algún suspenso no habitual en ella. A lo mejor esto es solo una especulación, pero es innegable que existen muchos niños que viven angustiados por el resultado de sus notas.

Hay que enseñar a los niños a entender que a veces no podrán estar a la altura de las circunstancias que el sistema les pide. Que a veces el esfuerzo personal no es suficiente para llegar a la meta deseada y que por ello no son peores personas. Que no es tan importante la nota que se obtenga como el resultado de la persona que se es.
No sabemos cuales fueron las razones que llevaron a Celia a tirarse por ese acantilado, pero si sabemos que hay muchos niños que no soportan la presión de fracasar en el colegio y no le ven salida al suspenso. Trabajemos en el sistema educativo para que esto no sea noticia en los periódicos.

Deficiencias del sistema educativo

Es necesario decirle al sistema educativo que ya estamos hartos de que siempre prevalezca la capacidad intelectual de las personas sobre las otras mil capacidades que tenemos. Es urgente replantearse este modelo que pueden llevar a un estudiante a sentirse inferior o desesperado por no llegar al aprobado de las asignaturas.
Es prioridad preguntarse a gritos para qué sirven tantas asignaturas, sobre todo en secundaria, cuando demostrado ha quedado que tenemos unos de los peores resultados de los informes educativos europeos. Seis y siete horas lectivas repartidas entre 11 y 12 asignaturas que al final no sirven ni para aprender a leer, ni a escribir, ni a sumar bien siquiera.

Los contenidos mínimos son tan mínimos porque no da tiempo a enseñar nada más que lo imprescindible de cada asignatura. ¿Al final, qué ha aprendido un alumno que acaba la ESO?. Poco más que a escribir con faltas de ortografía y a sumar con calculadora.

Y todo bajo muchísima presión. Presión del horario lectivo para entrar a las ocho de la mañana y una hora detrás de otra hasta las tres de la tarde con apenas dos tiempos de recreo que no dan tiempo ni a un bocadillo.

Presión de los padres que exigen a los hijos estar a la altura de un sistema educativo que no contempla para nada los centros de interés de los alumnos y con ello desprecia las capacidades que no sean memorísticas, porque por mucho que digan que cuenta el trabajo diario y la asistencia, al final al alumno le plantan un examen, y la memoria es fundamental en él. Una memoria que el día de mañana no le va a servir para nada porque las nuevas formas de conocimiento cambian hacia modelos de aprendizaje prácticos y basados en la búsqueda de conocimientos inmediatos que se pueden consultar en cada momento, y esto no quiere decir que no haya que aprender, pero aprender de otra manera.

Dispositivo de búsqueda de Celia Cavia

Presión también por parte de los profesores que a su vez están presionados por un curriculum de educación que se quedó obsoleto a los pocos meses de publicarse y que obliga a los docentes a enseñar cosas que ya no son de utilidad para los tiempos que corren y lo que es peor, bajo la belleza de las palabras y contenidos de ese currículum está la sin razón de no poner recursos para aprenderlo de manera significativa, de tal forma que los chicos siguen aprendiendo en los libros y nunca aprenden las horas con u n reloj de verdad, o las medidas con prácticas herramientas en la mano, ni proyectan lo que aprenden dandole ninguna utilidad.

Hay mucha gente harta de que los profesores echen la culpa a los padres de no estar pendientes del aprendizaje de nuestros hijos, de los deberes sin sentido, y del error que supone que si suspenden no están a la altura de las expectativas.  Si, estamos hartos de que nadie se de cuenta de que bajo un mal estudiante puede haber una persona maravillosa, divertida, humana.

No solo son conocimientos académicos

Echemos una mirada a la educación francesa, cuna de la educación Europea y veremos que no priman solo los conocimientos académicos, en ella ser buena persona y ayudar a los compañeros tiene nota, los niños tienen prohibido aprender a leer hasta los seis años con métodos de construcción de ideas y las materias son inminentemente prácticas.

No hay manera de que nadie entienda que la ESO y el Bachiller en España solo tienen de bien estructurado la intención pero no conducen a un chico a tener ninguna estructura práctica cognitivamente hablando. El latín todavía es una asignatura lectiva en la secundaría, !por Dios¡, ¡el latín!, cómo si no se pudiera estar ya en esta sociedad sin aprender Latín. Un inmigrante que desea obtener la nacionalidad debe pasar un examen de cultura general del que sale más preparado culturalmente hablando que cualquiera de nuestros alumnos en cuatro años de secundaria.

Hay que revelarse contra la agonía de estar siempre pensando en la nota, revelarse ante los profesores que dicen que las notas no son importantes pero las ponen, para que todo el mundo las vea, para que los padres las tengan y así los alumnos midan su esfuerzo, como si así fueran a conseguir cambiarlos. Hay que cambiar las medias aritméticas que califican a los chavales y los estigmatizan en buenos o malos. Hay mucha gente que ha sido un desastre académico y ha sido muy feliz en la vida porque cuando ha salido del colegio ha podido desarrollar capacidades que la educación obligatoria le mermaba diariamente.

Debemos cambiar. La cultura del esfuerzo debe cambiar hacia un paradigma distinto de educación, donde hasta el colegio tome una forma de construcción diferente porque diferente van a ser las profesiones en las que se podrá trabajar en el futuro. Cuatro asignaturas muy bien dadas e impartidas desde lo significativo y práctico para los chavales que lo aprenden serían mucho más efectivas que lo que se imparte ahora, pero claro, a ver qué hacemos con tanto profesor funcionario contratado por oposición de por vida enseñando asignaturas que se van inventando por el camino. A ver de quién prescindimos.

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