25 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA

EL ECUATORIANO LUIS FREDY LALA FUE UNO DE LOS DOS SUPERVIVIENTES Y PIEZA CLAVE PARA ARMAR EL ROMPECABEZAS DE ESTA TRAGEDIA

Once años de la 'Matanza de San Fernando', el asesinato de 72 personas por los narcos en la frontera con EEUU

Homenaje a los asesinados.
Homenaje a los asesinados.
Hace once años, 72 inmigrantes, hombres y mujeres de varios países latinoamericanos, fueron asesinados a sangre fría por presuntos sicarios del Cártel de los Zetas. Ocurrió en una pequeña localidad del municipio de San Fernando, Tamaulipas. La recta final de aquellos buscadores del "sueño americano" se convirtió en el final de sus vidas. Una década después aún no se sabe con exactitud que ocurrió ni quienes fueron los responsables.

“Cuando decides emigrar sabes que hay probabilidades de que no llegues con vida”. La frase fue pronunciada por Rosario García, residente en Houston desde hace más de quince años. Decidió huir a Estados Unidos desde su Honduras natal con apenas 19 años, cosa que logró con éxito.

En la mente de García aún deambulan los trágicos pensamientos de aquel año en el que cruzó Centro América y México para lograr pasar la frontera a través de un paso oculto. Aunque la de Rosario fue una historia con final feliz, muchos no pueden contar la misma historia.

De las muchas historias de personas que perdieron la vida intentando alcanzar el sueño americano, algunas destacan por su sangriento final. Esta semana, en una fecha aún no determinada, se cumplieron once años de la Primera Matanza de San Fernando.

Aquel trágico día, 72 migrantes de distintos países: 14 mujeres y 58 hombres fueron asesinados a sangre fría por miembros del Cártel de los Zetas. La mañana del 21 de agosto del 2010, los migrantes se repartieron en varios camiones y partieron de la ciudad de Veracruz en el centro este del país.

Según cuentan autoridades federales, el plan incluía acampar un día en algún lugar del Estado de Tamaulipas para llegar a la frontera con Estados Unidos el segundo día de trayecto.

Trayecto desde Veracruz hasta Tamulipas. Kike Souto.

Llegando a San Fernando, una pequeña localidad de menos de 30.000 habitantes, fueron interceptados por un grupo de hombres armados, presuntamente miembros de los Zetas, uno de los Cárteles más peligrosos que ha tenido México. Sus miembros se consideran unos de los más violentos de las organizaciones delictivas del país norteamericano.

Estos hombres detuvieron a todo el convoy y comenzaron a interrogar a todos los migrantes. Según cuenta un superviviente, les habrían “invitado” a ofrecer información relacionada con sus familiares en Estados Unidos. Se presume que intentarían extorsionarlos para obtener beneficios de la toma de rehenes.

Sin éxito, los narcos decidieron que cobrarían peaje a los migrantes y exigieron desembolso en efectivo a todos los que quisieran continuar. Sin resultados, los hombres comenzaron a golpearlos para finalmente ofrecerles unirse a las filas de la agrupación terrorista.

Aunque a partir de ese momento no existe claridad sobre lo ocurrido, Luis Fredy Lala Pomavilla, de nacionalidad ecuatoriana y uno de los pocos sobrevivientes, relata que, ante la negativa a aceptar ningún ofrecimiento del Cártel, los hombres armados los ataron y llevaron a una casa “en medio de la nada”.

Allí permanecieron varias horas hasta que fueron montados en sus camiones y trasladados a un almacén del mismo municipio. En este segundo lugar habrían permanecido durante más de un día, amarrados "de cuatro en cuatro, con las manos para atrás".

El relato del ecuatoriano es inconsistente, solo sabe que los pusieron contra una pared y abrieron fuego indiscriminado. Posteriormente, otro miembro del grupo entró para “rematar” a sus víctimas, asesinando a un total de 72, una de las peores masacres de la historia del estado.

Los dos sobrevivientes

No se sabe con exactitud cuantos hombres sobrevivieron, ni siquiera se sabe el número real de migrantes. Lala Pomavilla relató que logró sobrevivir a la balacera resultando herido. Cuando los sicarios abandonaron el lugar, pudo reincorporarse y salir corriendo.

Aunque pidió ayuda no fue hasta el día siguiente, "como a las siete de la mañana" cuando el migrante se encontró con un grupo de “marines mexicanos” que le dieron refugio. Pomavilla se convirtió en la pieza clave para saber de esta tragedia que, de otro modo, no habría sido conocida por las autoridades.

Casa donde ocurrieron los hechos.

Poco después se supo de un segundo sobreviviente, un hondureño. "El hondureño auxilió al ecuatoriano, lo desató y lo sacó de allí. Luego de caminar varias horas, al escuchar un tiroteo se separaron y él en su ruta llegó a un Centro de Atención al Migrante, que le brindó protección, y ellos se pusieron en contacto con la Cancillería", relató el vicecanciller del país centroamericano, Alden Rivera unos días después.

La investigación sin concluir

Unos días después, tras la fuerte repercusión mediática y con el pronunciamiento del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, así como del entonces Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, el Gobierno Mexicano abrió una investigación federal.

Las pesquisas fueron asumidas por la Procuraduría General de la República de México al considerar que los hechos constituían un “delito federal”.

Las averiguaciones tardaron meses. El 7 de septiembre, el secretario del Consejo de Seguridad de México, Alejandró Poiré anunció en rueda de prensa que habían sido "identificados por un sobreviviente hondureño como copartícipes de los asesinatos" tres sujetos. El único problema, es que dichos sujetos habían sido encontrado muertos.

Migrantes caminando por Tamaulipas.

Las autoridades lograron encontrar los cuerpos “baleados durante un enfrentamiento armado en la escena del crimen”, gracias a una información anónima ofrecida a través de una llamada telefónica. Sobre los cadáveres de la victimas se logró la identificación de varios ciudadanos de Centro y Sur América: 21 hondureños, 14 salvadoreños, 10 guatemaltecos, un ecuatoriano y cuatro brasileños.

El 10 de septiembre, el expresidente mexicano Felipe Calderón anunció la captura de ocho sujetos y la muerte de seis participantes en la masacre. Los sicarios encarcelados fueron enjuiciados y condenados por las autoridades federales.

No obstante, la investigación es más incierta que los relatos de los sobrevivientes. A diez años de una de las masacres más conmovedoras de la historia mexicana, aún no se sabe con claridad qué ocurrió y si los verdaderos responsables fueron enjuiciados.

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