14 de diciembre de 2019
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FIN DE SEMANA

Alberga terroristas como 'Txapote', que mató a Miguel Ángel Blanco, y desde hace unos días aloja al asesino de Laura Luelmo

La peligrosa Prisión de Huelva: agresiones, envenenamientos y controlada por etarras y criminales como Montoya

Centro penitenciario de Huelva
Centro penitenciario de Huelva
La situación que se vive dentro del centro penitenciario de Huelva está siendo cada vez más problemática para sus trabajadores. Agresiones, intentos de fuga y envenenamientos son algunos de los hechos que están provocando la caótica situación de esta cárcel que denuncian los colectivos sindicales de prisiones. Algunos funcionarios no ocultan que tienen miedo en la prisión.

La prisión donde se encuentra alojado Bernardo Montoya, el autor de la violación y asesinato de Laura Luelmo, es una de las cárceles más afectadas por la violencia y la falta de medios.

El último episodio conflictivo tuvo lugar el pasado 22 de diciembre, cuando tres funcionarios resultaron heridos al impedir un intento de fuga por parte de uno de los reclusos en el módulo de ingresos y tránsitos, la zona por donde primero pasa una persona que ingresa en la cárcel y donde suele permanecer unos días. Según denunció el sindicato ACAIP, los trabajadores tuvieron que "arriesgar su integridad física para detener a dicho interno, y ser atendidos por los propios servicios sanitarios del centro penitenciario".

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Bernardo Montoya, el asesino de Laura Luelmo está preso en la cárcel de Huelva.

Del mismo modo, acusaron la falta de medios para prevenir este tipo de situaciones y calificaron de caótica la circunstancia de este módulo en concreto, “que ante la sobreocupación del módulo de aislamiento, acoge a una gran cantidad de internos con distintas clasificaciones, modalidades de régimen de vida y en definitiva con distinta trayectoria delictiva".

No es un hecho aislado. Tan sólo un día antes, un funcionario recibió el ataque de un recluso interno en el penal de Huelva. El preso S.M, de origen senegalés y con antecedentes por delitos contra la libertad sexual, le “propinó un puñetazo en la cara sin mediar palabra” a un trabajador, provocándole una fractura en la nariz.

El funcionario fue atendido primero por los servicios médicos del centro y, posteriormente, fue trasladado a un centro hospitalario. Sus compañeros que acudieron en auxilio del trabajador agredido lograron reducir al reo conflictivo, que fue trasladado al módulo de aislamiento.

Envenenamiento del personal médico

Esta situación se hace insostenible, si tenemos en cuenta que la mitad de la plantilla del personal médico de esta prisión se vio obligada a darse de baja tras ser envenenadas con metadona y benzodiazepinas. En un informe realizado por Instituciones Penitenciarias se señala que la metadona está custodiada constantemente, guardada bajo llave en un armario dentro de una habitación cerrada en la enfermería de la cárcel, que es una estancia accesible solo para el personal sanitario de la prisión.

A pesar de que haya dos presos trabajando en esa zona del centro, uno de celador y otro realizando labores de limpieza, ninguno tiene acceso a las llaves del armario de los medicamentos. Además, en la enfermería no existen cámaras de videovigilancia, por lo que si alguien ha sustraído el opiáceo de la habitación cerrada con llave es difícil que se averigüe su identidad.

El autor o los autores están todavía por determinar y la investigación sigue abierta por el momento, pero lo que sí está claro es que las víctimas ingirieron el medicamento al consumir alimentos como leche o un plato de lentejas.

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El personal médico fue envenenado con metadona, un opiáceo utilizado para paliar el síndrome de abstinencia de los heroinómanos.

Tras conocerse los casos de envenenamiento, la subdelegada del Gobierno en Huelva hizo unas polémicas declaraciones en las que manifestaba que el malestar del personal médico podría estar relacionado con la ingesta de alimentos en mal estado, lo que provocó la indignación de los trabajadores, que a través de ACAIP pidieron su cese.

Pero tampoco es el único problema que los trabajadores tienen con los responsables institucionales. Desde este sindicato han tenido también episodios conflictivos con el director de la cárcel de Huelva, a quien acusan de haber empujado a funcionarios que se manifestaban durante las jornadas de la huelga general realizada este año. El asunto fue llevado a los tribunales, pues los trabajadores se querellaron contra el director del penal, Alejandro Zulueta Ortiz.

Nido de terroristas

Uno de los grandes problemas de España y de Europa en estos últimos años es el terrorismo, cuya prevención y detección es un factor importante dentro de los centros penitenciarios. Solo en España hay hasta 151 presos yihadistas internos en las cárceles dependientes del Ministerio del Interior y, concretamente en Huelva, son seis los reos relacionados con yihadismo que están internos en este centro.

Los colectivos sindicales de los trabajadores penitenciarios denuncian la falta acuciante de medios para frenar los episodios violentos, así como la falta de formación y de personal que existe dentro de las plantillas, siendo el yihadismo un añadido más a la peligrosidad que tienen que enfrentar en el día a día.

Del mismo modo que el sistema penitenciario español alberga peligrosos reclusos relacionados con el yihadismo, también hay diversos presos etarras internos en las cárceles de España.

En el caso del penal de Huelva, el etarra más conocido que cumple condena en sus instalaciones es Francisco Javier García Gaztelu, más conocido como “Txapote”, el asesino del concejal del Partido Polular Miguel Ángel Blanco. Interno en el módulo 16 de esta cárcel, denominada por los presos como “la jaula de oro” por el duro control al que están sometidos en cuanto a movimientos y comunicaciones, “Txapote” comparte prisión con otros miembros de ETA.

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"Txapote" junto con su pareja Irantzu Gallastegui, autores del crimen de Miguel Ángel Blanco

Entre ellos, se encuentra su pareja sentimental, Irantzu Gallastegui Sodupe, Amaia, quien también participó en el crimen de Blanco. La razón para que compartieran centro fue que tienen un hijo en común.“Txapote” puede comunicar con su compañera durante las visitas.

Al tratarse de FIES (presos de especial seguimiento), los presos de la banda armada internados en Huelva no guardan relación alguna con el resto de la población reclusa. Salen a patios específicos, comen en sus respectivas celdas y realizan dos salidas al patio por la mañana y por la tarde.

Los internos de especial seguimiento disponen también de una sala de estar en la mañana, donde hay una televisión, una mesa de ping-pong y una habitación que hace las veces de gimnasio, a la que los miembros de ETA pueden acceder dos veces por semana, siempre por separado de uno en uno. Por la mañana, pueden acceder también a ordenadores dos o tres veces por semana (sin conexión a internet) o solicitar hasta dos libros a la semana.

Además de acoger a terroristas, Huelva también fue protagonista en el año 2009 por un intento de fuga de etarras, que antes de que sucediera fue frustrado por las autoridades policiales.

La banda terrorista tenía diseñado un plan de evasión en la cárcel de Huelva para liberar a dos de sus hombres. La fuga, aplazada por los etarras en dos ocasiones anteriores, estaba fijada para algún día en el calendario del verano de 2009, pero fue abortada gracias a una operación coordinada por el actual ministro del Interior y anterior juez de la Audiencia Nacional, Fernando Grande-Marlaska.

La idea era sacar del penal a Jorge García Sertutxa, condenado por intentar matar al Rey en Mallorca en 1995, y a Igor Solana, trasladado a la prisión de Valencia tras una larga estancia en la cárcel de Huelva, miembro del Comando Andalucía, y acusado de los asesinatos del fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, Luis Portero, y al concejal del PP de Málaga, José María Martín Carpena. El plan se extendía además a la prisión madrileña de Valdemoro, con un tercer implicado, Arkaitz Goikoetxea Basabe. ETA tenía ideado liberar a los tres miembros encarcelados de la banda con ayuda exterior y esconderlos posteriormente en Portugal tras la huida.

La cárcel de Huelva ha sido durante muchos años un lugar donde la peligrosidad para sus trabajadores se ha convertido en algo cotidiano. La falta de medios, de personal y de formación son los principales problemas que sus funcionarios vienen denunciando durante mucho tiempo.

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