20 de octubre de 2019
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FIN DE SEMANA

La Fiscalía considera que el ataque "tuvo como móvil el desprecio del acusado por la condición de mujer de la víctima"

Piden 20 años de cárcel para el acusado de intentar asesinar a puñaladas a su exnovia en Santiago de Compostela

La Audiencia Provincial de La Coruña.
La Audiencia Provincial de La Coruña.
La Audiencia Provincial de A Coruña comenzó este lunes el juicio por el intento de asesinato de Ana María A., una mujer de 21 años, rumana de nacionalidad, en Santiago en 2017, a la que su expareja apuñaló más de una docena de veces ante su negativa a volver a retomar su relación, en la que, además, la maltrataba habitualmente. La Fiscalía ha pedido para el acusado, A.V., de nacionalidad rumana, 20 años, 11 meses y 29 días de prisión.

Según el escrito de acusación fiscal, el acusado y la víctima, ambos rumanos, mantuvieron una relación sentimental entre los años 2015 y 2017, que estuvo marcada por los malos tratos y las amenazas a la mujer.

En concreto, se recogen episodios como el ocurrido durante las fiestas de Marín (Pontevedra), en las que el procesado golpeó a su entonces pareja porque "no había conseguido suficiente dinero" en su puesto de venta ambulante, y le pidió que "ejerciera la prostitución". Asimismo, informa también de amenazas en las fiestas de Lalín, y cómo "el día anterior a este hecho, el acusado, en el domicilio que compartían, golpeó a la víctima hasta que ésta se desmayó".

Tras la ruptura, en julio de 2017, el acusado, A.V., amenazó a la mujer para que retomase la relación, diciéndole "si no vuelves conmigo, ya sabes lo que te va a pasar, prefiero matarte antes de que estés con otro".

La mujer dormía en un coche

Así, el día 24 de julio, mientras la víctima, Ana María A., se encontraba durmiendo en el interior de un vehículo en la zona de San Clemente, próxima a la zona vieja de Santiago de Compostela, el hombre abrió la puerta del coche y le pidió que volviese con él, a lo que ella respondió negativamente. Entonces, el procesado sacó de su bolsillo una navaja con la que apuñaló múltiples veces y con "gran violencia" a su expareja en la cara, tórax y abdomen, dejándola "inerme" y "sin posibilidad de defenderse".

Aparcamiento donde se produjeron los hechos.

Las heridas causadas fueron de "elevado riesgo vital", dice Fiscalía, y causaron en la víctima, además de un periodo largo de recuperación e intervenciones, secuelas físicas y estéticas.

Además, el escrito fiscal asegura que el ataque "tuvo como móvil el desprecio del acusado por la condición de mujer de la víctima" y que fue "un acto más de dominación y discriminación" hacia ella.

El Ministerio Público considera los hechos constitutivos de un delito de maltrato habitual, un delito de lesiones, dos delitos de amenazas, y un delito de asesinato en grado de tentativa, con agravante de género de la víctima y de parentesco. Por ello, pide para él 20 años, 11 meses y 29 días de prisión, así como la prohibición de acercarse a la víctima durante más de 25 años, la prohibición de tenencia de armas y la exigencia de indemnizar a la mujer con 100.000 euros por las secuelas sufridas. El juicio continuará el martes en la misma Audiencia.

La salvó una policía de paisano

Ana María A., de 21 años, estaría muerta de no ser por la rápida y decidida intervención de una policía nacional que no estaba de servicio y que acudió al escuchar los gritos. La agente, natural de Vigo pero destinada en la Brigada de Seguridad Ciudadana de la comisaría compostelana, no dudó en actuar pese a ir de paisano y estar desarmada. Agarró al agresor por la espalda, tiró de él, le gritó que era policía y le instó a que soltara el arma.

Su reacción hizo que A. V. huyera, pero ella misma llamó al puesto de mando habilitado en la ciudad por las fiestas del Apóstol, lo que permitió que le detuviesen a pocos metros de allí cuando intentaba escapar en su coche, un Opel Astra de color ocre.

La agente había terminado su turno a las 15 horas y no tenía que reincorporarse hasta las 19 horas. A las 17.15 horas se encontraba en el mismo aparcamiento en superficie de la ORA en el que se produjo la agresión, entre las calles San Clemente y Pombal.

En su declaración en comisaría explicó que salió del coche en el que se encontraba cuando oyó unos gritos muy fuertes y que vio a una mujer rubia chillando desesperadamente pero sin ser capaz de articular palabra para explicar qué le sucedía. La mujer era Elena Georgiana, cuñada de la agredida que también se encontraba en el Audi oscuro cuando A. V. apuñaló a Ana María.

La agente observó entonces que el coche tenía la puerta trasera derecha abierta y que en el interior había una mujer tumbada. Frente a ella, un hombre que parecía estar golpeándola fuertemente y con saña mientras la víctima pataleaba. Cuando se acercó al agresor fue cuando vio que portaba un cuchillo y que tenía la ropa ensangrentada.

Además de detener la agresión y poner a la fuga al hombre, la policía tuvo tiempo para llamar a los servicios médicos. La víctima también tuvo la suerte de que entre las personas que se acercaron a socorrerla había tres enfermeros.

El agresor de Ana María fue detenido casi al instante por agentes de la Policía Nacional, que lo trasladaron a la comisaría de Santiago. Ana María vivía en la localidad coruñesa de Padrón y se dedicaba a la venta de juguetes en las ferias. Ese era el motivo por el que había venido a Santiago, para ganarse la vida en los puestos de las fiestas de julio. La acompañaban otros familiares, entre ellos su cuñada, Elena Georgiana, que estaba con ella en el coche cuando llegó la expareja de la víctima.

Elena Georgiana, cuñada de la víctima.

"Abrió la puerta y le preguntó si quería volver con él. Ella le dijo que no quería saber nada de él y le pidió que la dejase en paz. Fue entonces cuando sacó del bolsillo una navaja y comenzó a apuñalarla. Yo salí del coche para pedir ayuda y él se fue hacia mí con la navaja, pero como vio que había mucha gente se metió otra vez en el coche y volvió a apuñalarla", explicó Elena.

Elena Georgiana aseguró que la agresión a Ana María fue totalmente planificada, porque A. V. las había seguido durante todo el día y llevaba semanas amenazándola: "Estuvo con él dos años y siempre la maltrataba y la veíamos con moretones. La mandaba a trabajar para él y todo el dinero que ganaba ella lo metía en las máquinas", afirmó.

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