07 de octubre de 2022
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FIN DE SEMANA

El caso de la expresidenta argentina recuerda a los de Juan Prim, Antonio Cánovas del Castillo, José Canalejas Méndez, Eduardo Dato y Carrero Blanco

El ataque a Cristina Kirchner trae a la actualidad los cinco magnicidios a la española

/ Atentado de Carrero
Juan Prim i Prats (1870), Antonio Cánovas del Castillo (1897), José Canalejas Méndez (1912), Eduardo Dato Iradier (1921) y Luis Carrero Blanco (1973) fueron asesinados en España cuando ejercían de presidentes del Gobierno. Elcierredigital.com recuerda estos casos a cuenta del intento de magnicidio de la expresidenta argentina Cristina Fernández.

El intento de asesinato de la expresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner a manos del nazi brasileño Fernando André Sabag Montiel, que se le encasquilló el arma cuando la intentó matar aprovechando que saludaba a la multitud, invita a recordar los asesinatos de cinco presidentes españoles. 

Juan Prim i Prats (1870), Antonio Cánovas del Castillo (1897), José Canalejas Méndez (1912), Eduardo Dato Iradier (1921) y Luis Carrero Blanco (1973) perdieron la vida en atentados cuando ejercían el cargo de primeros ministros. 

Prim

El catalán Prim se curtió entre la I Guerra Carlista y la Guerra de África antes de coprotagonizar la Revolución de 1868 que acabó con el inestable reinado de Isabel II, que cayó víctima de sus excesos y los tiempos que sufrió.

Prim había patrocinado la instauración en España de los Saboya con Amadeo I como primer monarca de la casa italiana, pero el jefe del Estado llegó al país cuando su principal apoyo había perdido la vida tras sufrir un atentado el 27 de diciembre de 1870 en la madrileña calle del Turco (hoy Marqués de Cubas). 

El militar se negó a reforzar su seguridad tras ser informado de que había varias conspiraciones para matarlo. Tras salir del Congreso, y quedar en acudir tomar los postres en una logia masónica de la que era miembro, se montó en el carruaje que le iba a acercar a su casa con dos asistentes y todos ellos fueron sorprendidos por una banda de pistoleros que les hirieron. 

Las heridas a priori eran superficiales. Prim, de hecho, entró en el Ministerio de la Guerra por su propio pie y los médicos concluyeron que quizá solo perdiera la mano derecha. Tras una larga noche en la que le extrajeron siete balas, el general descansó... hasta que tres días después murió tras sufrir una infección que le pudo provocar el abrigo con retazos de piel de oso con el que se protegía del frio. Otras versiones aseguraron que fue estrangulado en su cama a lazo. 

Prim

Atentado contra Prim. 

Lo cierto es que el crimen nunca se resolvió a pesar de que se lo atribuyeron a dos rivales, el duque de Montpensier y al regente general Francisco Serrano con el republicano José Paúl y Angulo como ejecutor junto a otros nueve hombres.

Cánovas, Canalejas y Dato

Al malagueño Antonio Cánovas del Castillo la historiografía lo tiene por hombre de Estado al haber diseñado el turnismo con el que a finales del XIX se atenúo la inestabilidad política para alegría de Alfonso XII. 

El conservador Cánovas, que fue presidente del Consejo de Ministros durante seis ocasiones, se turnó con su 'rival' Práxedes Mateo Sagasta hasta que fue asesinato en un balneario de la localidad gipuzkoana de Mondragón por el anarquista italiano Michele Angiolillo. 

El asesino admitió que cometió el asesinato por venganza de las muertes de los anarquistas detenidos en Barcelona a raíz del atentado contra la procesión del Corpus en junio de 1896 tras un sórdido proceso judicial

Otro disfrutón de la pantomina electoral fue José Canalejas, que fue asesinado en la Puerta del Sol el 12 de noviembre de 1912 tras intentar regenerar la Restauración desde dentro. El líder liberal miraba unos libros en el escaparate de la Librería San Martín y recibió tres disparos del anarquista Manuel Pardiñas, que solo acertó con la tercera bala tras alojársela en el cráneo. 

Pardiñas posiblemente estaba preparando un atentado contra Alfonso XIII y se encontró por casualidad a Canalejas. Algunos no creyeron esta versión. Es el caso de Francisco Franco que, a través de su seudónimo de Jakim Boor, achacó la acción a la masonería. 

El asesinato se produjo dentro de un contexto violento que fue in crescendo, con Barcelona como capital de las legítimas protestas de la clase trabajadora a través de sindicatos como la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). 

El primer ministro, que cayó el 8 de marzo de 1921, fue Eduardo Dato, que había nombrado como gobernador civil a una persona elegida de facto por la patronal barcelonesa: el autoritario general Severiano Martínez Anido

Aquel día, cuando se dirigía en coche oficial a su domicilio, tres anarquistas (Pedro Mateu, Luis Nicolau y Ramón Casanellas) se acercaron a su vehículo con una moto con sidecar y la emprendieron a tiros. Manuel Allendesalazar lo relevaría en el cargo por poco tiempo a cuenta del Desastre de Annual. 

¡Carrero voló!

"¡Carrero voló!" se bailaba por los bares vascos en plena Transición en recuerdo al involucionista presidente del Gobierno que fue elegido por Francisco Franco para tutelar su sucesión. Marino de profesión, Luis Carrero Blanco ejerció un papel destacado en la Guerra Civil y se convirtió en mano derecha del dictador antes de caer a manos de la 'Operación Ogro' que tejió ETA, previsiblemente con ayuda más o menos explícita de los servicios de inteligencia de los Estados Unidos. 

Los norteamericanos querían tutelar la Transición hacia un sistema democrático en el que sus cada vez más extensos intereses económicos en España no estarían al albur de los caprichos de un dictador. Y quizá por ello, podrían haber ejercido pinza con la extinta banda terrorista, que colocó explosivos al paso del presidente por la calle Claudio Coello que acababa de salir de misa.  

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