25 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA

El joven catalán logró permanecer durante siete días en esta secta religiosa como un peregrino más para filmar un documental de investigación

La verdad de El Palmar de Troya, Carles Tamayo infiltrado:"Me decían que el mundo era una mierda y que solo valían ellos"

Carles Tamayo, ante la Basílica del Palmar de Troya
Carles Tamayo, ante la Basílica del Palmar de Troya
Un joven cineasta catalán y experto en reportajes de investigación, Carles Tamayo, logró adentrarse en la congregación de la Iglesia Palmeriana, ubicada en el pueblo sevillano El Palmar de Troya, y conocer de primera mano cómo es el día a día de la secta de los Carmelitas de la Santa Faz para plasmar, en una serie de reportajes en su canal de Youtube, su vivencia y las rutinas a las que fue sometido durante aquellos días.

La pasión de Carles Tamayo, un joven cineasta catalán de 23 años, por la realización de documentales y reportajes de investigación, le arrastró no hace mucho tiempo a realizar una serie de vídeos sobre lo que se esconde tras la conocida congregación de la Iglesia Palmeriana, situada en la localidad sevillana de El Palmar de Troya. Para ello, se hizo pasar por un peregrino en 2019 hasta lograr adentrarse, convivir con sus integrantes y comprobar por él mismo que, realmente, esta agrupación “se ha ganado a pulso que se la identifique como una secta pseudorreligiosa”, comentaba a Elcierredigital.com

Su valentía y coraje, y su pasión por la cámara, le llevaron en 2019 a conocer de primera mano cómo es el día a día dentro de la sectaria congregación de los Carmelitas de la Santa Faz y plasmar su vivencia en una serie de reportajes a los que se puede acceder a través de su  canal .

"La única verdad es la iglesia palmariana"

"Me decían que el mundo era una mierda y que la única verdad se encuentra en la iglesia palmariana". Para Carles, lo más llamativo es el modo en que condicionan a sus seguidores para que cumplan las reglas establecidas en cuanto a la manera de relacionarse con los demás o el modo en que han de vestirse, con unas prendas determinadas, "todo muy rutinario, orientado a cumplir las estrictas normas establecidas".  "La doctrina era inculcada a través del catecismo y credo palmarianos que tenía que leer durante toda la mañana, hasta la hora de comer. Por la tarde, acudía a la basílica, en cuya entrada me quitaban el móvil y una vez dentro, nos tirábamos hasta las 12 de la noche rezando, de rodillas".

Carles cuenta a elcierredigital.com que a todas horas iba acompañado por un miembro de la congregación, siempre el mismo, "ya que yo era, en esos momentos, el único peregrino que había solicitado acudir a la congregación, y éste me incitaba todo el tiempo a ser religioso para poder formar parte del grupo. Era una especie de fanatismo que destroza, incluso familias, ya que muchos de los integrados están creídos, porque así les han lavado el cerebro, de que sus seres queridos se van a salvar mientras ellos permanezcan en la congregación. Se sienten, por tanto, en la obligación de quedarse, convencidos de que así van a evitar el fracaso de sus familiares".

Tamayo entrando en la basílica palmariana.

Del ambiente percibido por Tamayo durante su estancia destaca la separación que tiene que guardarse entre hombres y mujeres que, a simple vista, no pueden relacionarse, "sobre todo en la basílica". Otro de los aspectos que llamó la atención al joven fue la nacionalidad de los feligreses palmarios, "encontré muchas personas latinas, irlandesas y alemanas, de hecho, en el pueblo les distinguen perfectamente, además de por su manera de vestir, por el aspecto nórdico de muchos de ellos. Tampoco recuerdo haberme encontrado con ningún español, al menos durante mi estancia, excepto al que denominan 'secretario de estado', que es el segundo en el orden jerárquico tras el Papa de dicha agrupación", asegura.

Una secta de más de medio siglo

Recién cumplidos los 50 años de esta secta nacida en la localidad sevillana de El Palmar de Troya, la que fue pequeña pedanía de Utrera y hoy municipio, en la conocida como “Finca de La Alcaparrosa”, cuatro niñas de 12 y 13 años aseguraban en marzo de 1968 haber visto a la Virgen María. Semanas después, varios vecinos afirmaron que habían tenido otras apariciones y en el verano de ese mismo año se construyó un altar que sería la primera piedra de la llamada Iglesia Cristiana Palmariana y su inverosímil historia.

Clemente Domínguez, fundador de la iglesia palmeriana

En un primer momento no se establecieron como iglesia separada, sino como una nueva orden religiosa fundada por Clemente Domínguez, nacido en Écija, Sevilla, en 1946. Encontrándose en paro después de trabajar como agente de seguros y en la Agencia Sevillana de Electricidad como revisor de contadores, vio en las apariciones de El Palmar una fuente de negocio para, incluso, autoproclamarse Papa. En 1988, tras unos cambios en sus estatutos, en los que se tuvo que suprimir la palabra ‘Papa’, el Tribunal Supremo dictó una sentencia por la que se permitió la inscripción de la Iglesia Cristiana Palmeriana en el Registro de Asociaciones Religiosas, como Orden de los Carmelitas de la Santa Faz.

Los vecinos comenzaron a asegurar que se daban apariciones en el mismo lugar, lo que atrajo la llegada de miles de peregrinos a la finca pese a que la Iglesia, por aquél entonces, difundió una pastoral negando la veracidad de los milagros que decían ver los lugareños.

La llegada además, de videntes, convierte al espacio en un escenario de lucha de poder donde todos quieren dar a conocer sus éxtasis místicos. Escándalos, sombras de abusos sexuales, anécdotas inverosímiles y todo tipo de acusaciones han marcado el medio siglo de la estrambótica historia de ‘La Iglesa Palmariana’.

Basílica del Palmar

La basílica, sede de la secta, comenzó a construirse 1975, bajo el nombre de Nuestra Señora del Palmar Coronada,  y fue terminada en 2014, con un coste de cien millones de euros, obtenidos de donaciones de miembros del movimiento, así como de legados testamentarios y de la venta de apartamentos de la organización. Llama la atención el revestimiento de su interior con retablos, tallas y cuadros de un valor incalculable.

El papado de Clemente duró hasta 2005 cuando le sobrevino la muerte. Pero la historia de El Palmar de Troya continuó llena de silencios y escándalo. Durante la década de los 90, el propio Clemente fue acusado de abusos sexuales a algunos de los sacerdotes y monjas de su Orden. En 1997, Domínguez admitió tales abusos y pidió perdón por ellos. Falleció a los 58 años.

En la actualidad, el dirigente es el suizo Joseph Odemaart, conocido como Papa Pedro III y,  a su lado, el padre Braulio, encargado de captar fieles por todo el mundo, y el que, como recuerda Carles, le atendió y facilitó el camino para su acceso a la congregación.

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