22 de noviembre de 2019
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FIN DE SEMANA

Vuelve a la prisión onubense que desde 1995 es su hábitat, tanto que su pareja sentimental es una de las reclusas a la que confesó el crimen de Laura

Bernardo Montoya, 'el sheriff' de la cárcel de Huelva: de agredir a funcionarios a preso modelo con trabajo remunerado

Bernardo Montoya.
Bernardo Montoya.
A pesar de ser un reincidente delictivo durante sus permisos penitenciarios, Bernardo Montoya ha tenido diversos privilegios dentro de la prisión de Huelva. Ha llegado a tener un trabajo remunerado y se paseaba por zonas restringidas al personal recluso. En sus primeros años interno agredió a un funcionario tras conocer el fallecimiento de su madre. Tras este incidente, aprendió a camuflar su carácter violento para tener la condición de 'preso de confianza'.

Esta madrugada, la titular del juzgado número 1 de Valverde del Camino (Huelva) ha decretado la prisión provisional comunicada y sin fianza para Bernardo Montoya, tras declarara durante más de cinco horas. Así, el presunto asesino de Laura Luelmo vuelve a su hábitat natural: la cárcel de Huelva.

En su primera época interno en prisión, Bernardo protagonizó un incidente violento, pero ha sido el único reseñable. En la cárcel gaditana de Puerto de Santa María, donde cumplió parte de la condena de 17 años por matar a una anciana octogenaria para que no declarase contra él en un juicio, agredió a un funcionario de prisiones.

El hecho, según cuentan a elcierredigital.com fuentes penitenciarias, ocurrió cuando Bernardo se enteró del fallecimiento de su madre. Al no concederle un permiso especial para poder acudir al entierro, Bernardo entró en cólera y comenzó a darse cabezazos contra las paredes y a amenazar con ahorcarse. Fue un funcionario el que le tuvo que dar la noticia, quien más tarde recibiría el ataque del asesino de Laura Luelmo, que rompió una escoba y con la punta astillada apuntó al trabajador con la intención de clavársela. Por suerte, el funcionario pudo zafarse de y evitar que la agresión pasara a mayores.

A partir de este suceso, Bernardo aprendió a controlar su carácter violento dentro de los centros penitenciarios para conseguir permisos y un trato favorable. “Su personalidad camufla la violencia. Seguramente ha participado en algún otro altercado, pero no de la misma índole”, aseguran fuentes penitenciarias.

De esta manera, Bernardo fue adquiriendo un trato cada vez más beneficioso y que le permitía llevar una vida confortable dentro de prisión, en la que todos le tenían respeto. Según cuentan trabajadores penitenciarios, sabe perfectamente cómo comportarse para parecer que lleva por buen camino su proceso de reinserción. Tanto es así, que no se le consideraba un preso peligroso y su por su buen comportamiento llegaron a otorgarle un trabajo remunerado durante su estancia en la cárcel, un ‘destino’ que suele estar reservado a los reos más colaborativos, quienes disfrutan de una mayor libertad de movimientos.

Disfruta de privilegios a pesar de delinquir durante permisos

Bernardo era considerado como un preso modelo, a pesar de cometer delitos casi en todos los permisos que le han concedido. En el año 2008 intentó violar, según la versión de la víctima, a una joven en Cortegana, pero Montoya no fue condenado por agresión sexual, ni siquiera en grado de tentativa en aquel momento.

Bernardo Montoya trasladado por la Guardia Civil.

Más tarde, entre 2009 y 2010, le imponen una condena a 180 días por quebrantar alguna medida cautelar y en marzo de 2015 sale definitivamente de su cautiverio. No tardaría en reincidir y volver a estar entre rejas. En junio de ese mismo año comete otros dos robos y le cae otra pena, volviendo así a entrar en la prisión de Huelva, donde ha pasado prácticamente los últimos 25 años.

A pesar de cometer delitos en casi todos los permisos de libertad temporal que le conceden, Bernardo Montoya sigue manteniendo sus privilegios dentro de la cárcel. Además, Montoya no sigue el programa de agresiones sexuales dentro del penal de Huelva, implantado para aquellos presos que hayan cometido delitos de carácter sexual para reinsertar a los condenados, aunque su realización es voluntaria.

Paseos por áreas restringidas

Los funcionarios de la cárcel de Huelva aseguran que Bernardo se paseaba todos los días por zonas de acceso restringido a la población reclusa, e incluso tenía contacto con las funcionarias del centro. Su actual pareja, con la que se comunicó tras haber violado y asesinado a la joven profesora zamorana Laura Luelmo, también estaba interna en el centro penitenciario de Huelva, en el módulo para mujeres. Cumple condenada por un delito con fuerza en las cosas.

Al parecer, fue a verla para confesar que había cometido un asesinato, aunque no le relató excesivos detalles sobre el crimen. Según las mismas fuentes penitenciarias, ella está muy afectada por todo lo sucedido y ha colaborado con las autoridades policiales en la investigación.

Los funcionarios exigen mejoras

El sindicato mayoritario de funcionarios de prisiones, ACAIP, ha mostrado su malestar por esta tragedia y así lo han querido manifestar en un comunicado. “La administración penitenciaria no tiene ni medios materiales ni humanos para asegurar las funciones encomendadas por la ley penitenciaria que van encaminadas a la prevención del delito en su origen”, afirman en referencia al crimen cometido por Bernardo Montoya.

Uno de los puntos que los colectivos sindicales de las cárceles consideran clave para evitar que este tipo de delincuentes peligrosos vuelvan a reincidir es que los funcionarios no son considerados como autoridad. “Las causas o los errores que provocaron que Bernardo Montoya cometiera un delito de esta magnitud, empezaron mucho antes de que saliera en libertad el 22 de octubre de este año. Quizás si los trabajadores penitenciarios tuviéramos la condición de autoridad, y, por tanto, una mayor protección penal”.

De esta manera, señalan en la nota que “Cuando este agredió a un funcionario de prisiones en el Puerto de Santa Maria, hubiera posibilitado que hubiera sido condenado por estos hechos y no se hubiera cruzado en la vida de Laura en la localidad onubense del Campillo”.

La familia de Laura Luelmo pide prisión permanente revisable

La familia de Laura Luelmo, la chica zamorana asesinada por Bernardo Montoya, ha pedido prisión permanente revisable para el asesino de su hija, al considerar que por los delitos cometidos por el autor confeso del crimen es necesario que se aplique la máxima pena privativa de libertad que existe en el Código Penal español. Así lo ha confirmado la letrada que representará a la familia, Patricia Catalina, delegada en Andalucía de la Asociación Clara Campamor.

Además, en un comunicado, los padres de Laura han querido romper su silencio para pedir a la sociedad que no se use esta tragedia para promover la violencia y el odio y que no se hagan eco de rumores y bulos. “Desde la familia Luelmo os pedimos el máximo respeto a la memoria, dignidad y honor de Laura. Por eso no vamos a aportar ninguna información que no sea estrictamente oficial y os pedimos que evitéis propagar rumores o bulos no contrastados con fuentes oficiales de la Guardia Civil y/o Policía Nacional” inicia el comunicado y continúa pidiendo colaboración en redes sociales “ante las numerosas cuentas y mensajes que atentan contra la dignidad de Laura y que incitan al odio y a la violencia aprovechando su asesinato”.

Ante esta situación, han pedido no contestar a estos mensajes y han llamado a denunciar “a las redes pertinentes siguiendo los protocolos establecidos y por favor enviad la información a la Policía Nacional y Guardia Civil”. El Ayuntamiento de El Campillo, ha emitido un comunicado en el que pide respeto para la familia de Laura Luelmo y pide que no se vea la localidad con una "imagen distorsionada", ya que s trata de un pueblo tranquilo que ha sido protagonista de un lamentable suceso motivado únicamente por una persona que nunca debió salir de la cárcel.

Se levanta el secreto de sumario

La titular del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 1 de Valverde del Camino, que investiga el asesinato de una joven en la localidad onubense de El Campillo, levantó, a través de un auto, el secreto de las actuaciones que había decretado el pasado día 17 de diciembre.

En dicho auto, la juez señala que toma dicha decisión tras la práctica de todas aquellas diligencias “que se han ido suscitando tras el hallazgo del cuerpo sin vida de la desaparecida, habiendo sido además detenida la persona sobre la que existen contundentes indicios de criminalidad en relación a la perpetración de los hechos”.

Así, indica que “la inminente declaración judicial del detenido por los hechos, junto a que se han practicado aquellas diligencias cuya práctica se quería preservar a fin de no perjudicar la investigación, conducen a acodar el cese del secreto de las actuaciones al haber desaparecido el fin que lo motivó”.

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