17 de octubre de 2019
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FIN DE SEMANA

EL 28 de julio de 1989 Dionisio Rogríguez, empleado de una empresa de seguridad, huyó con parte de la recaudación que había realizado

El Dioni, toma el dinero y corre. Se cumplen treinta años del robo y de la fuga más famosos y recordados de España

Dionisio Rodríguez 'Dioni'
Dionisio Rodríguez 'Dioni'
España ha registrado un total de 176.063 denuncias por desapariciones de personas desde el año 2010. Se desconocen cuántos de estos desaparecidos son voluntarios. En nuestra historia reciente muchos personajes decidieron irse a por tabaco y no volver. Perseguidos por la justicia, implicados en caso de robo o por necesidad de huir de deudas, elcierredigital.com inicia hoy un repaso a los casos más populares. Arrancamos con el Dioni cuando se cumplen tres décadas del robo más famoso de España.

Dionisio Rodríguez Martín, un cuarentón de 1,83 metros de estatura, bizco y calvo, que dio uno de los "golpes" más limpios de los últimos años sin pegar un tiro se ha convertido en todo un héroe popular. Es el condenado por robo más querido del país. Cumplió uno de los sueños anhelados del español medio: robar al rico, a un banco, objeto de todos los odios del español cabreado.

El tiempo ha jugado a su favor. La crisis de 2008 mostró la peor cara de a las entidades financieras frente a una población a la que le cambio de ciclo económico pilló con el pie cambiado. Si en 1989 Dioni cometió un robo que levantó admiración, treinta años después su acción, aunque pueda parecer populista, tiene visos casi de justicia social mal entendida.

Aquel 28 de julio de 1989, el día del robo, Dionisio Rodríguez tenía algo claro: mostrarse como el de siempre y no aparentar un nerviosismo que pudiera delatarle. Llegó a su empresa a la hora de siempre y condujo el furgón como todos los días. Antes de comenzar la jornada dejó su automóvil aparcado cerca del hipermercado Jumbo. La recolecta del dinero transcurrió con normalidad, hasta que se llegó al séptimo cliente. En la parada siguiente los compañeros bajarían en la pastelería Mallorca: "En ese momento en el que me quedé solo, me dije: 'Ahora a nunca’. No conocía bien el cambio de marchas del furgón y temía meter la primera en lugar de la marcha atrás y dar un golpe a un coche. Felizmente, Dios me ayudó a meter la marcha justa. Pensaba que todo el mundo me estaba viendo. Había trece a catorce coches en la calle y me entró un poco de miedo, pero proseguí mi plan firmemente”, contaba Dioni a Interviú unos meses después.

Dioni se sometió a varias operaciones de cirugía estética.

Detrás de la decisión de Dionisio Rodríguez había un deseo de venganza. Dioni entró a trabajar como vigilante jurado en 1980. Anteriormente había ejercido de representante de papelería y charcutería y ocultaba su calvicie mediante un bisoñé. El exagente de seguridad era amante de la buena vida y le gustaba cambiar con frecuencia de compañía femenina. Usaba gafas oscuras para ocultar su estrabismo en el ojo izquierdo y unos meses antes del robo había dado una entrada para comprarse un chalet en Segovia. Dioni no era un hombre que estuviera acosado por las deudas, pero su ritmo de vida le obligaba a ir dando algunos "sablazos" a sus novias. Él quería vivir mejor, y en más de una ocasión les había comentado a sus amigos que ya estaba harto de guardarle y transportarle el dinero a los ricos. Al final, aunque sólo fuera por cincuenta y cinco días, Dioni logró lo que él quería: vigilar y transportar su propio dinero.

Dioni siempre ha mantenido que, antes de llevarse el dinero, dejó en el furgón once millones de pesetas de una saca correspondiente a la nómina de los trabajadores de la empresa Prichara Española “Pensaba que si me llevaba ese dinero iba a perjudicar a los trabajadores ya sus familias”. Logró llegar a Lisboa, donde el 19 de agosto viajaba a Río de Janeiro con el nombre falso de Carlos Patricio Martins Valenzuela, chileno casado, y nacido en Valparaíso. El pasaporte, según Dioni, fue comprado en Madrid “por un precio muy bajo”.

Brasil: de las mulatas a las torturas en prisión

Recaló en Brasil, pero sólo pudo disfrutar cincuenta y cinco días de su “paraíso soñado”. Fue detenido el 19 de septiembre en un apartamento de la playa de Barra de Tijuca, al sur de Río de Janeiro, Brasil. Dioni era amante de la buena vida y quería parecerse al del anuncio de la ONCE en televisión: playas brasileñas y compañías mulatas. Esta ilusión no pudo hacerla realidad porque el cirujano que le operó la nariz le recomendó que no tomara el sol durante un tiempo. Sí que disfrutó de la compañía de prostitutas y del uso de la cocaína para mantener relaciones sexuales.

Dionisio decidió instalarse en Barra de Tijuca por ser ésta la zona elegida por los ricos multimillonarios que llegan a Brasil, pero olvidó que la zona también es el refugio de muchos narcotraficantes de América del Sur, lo que convertía el lugar en punto de mira de la policía brasileña. La policía del país le detuvo y fue su vanidad lo que le traicionó. Había almacenado revistas donde se narraban sus hazañas y la policía del país carioca pensó que llevaba el dinero con él. En sus entrevistas posteriores narraría el infierno de torturas vivido en las prisiones brasileñas.

En el momento de la detención Dioni estaba acompañado de una exuberante brasileña y de sus amigos Luis Ontalva Vega y María José Domínguez Cuenca, quienes se trasladaron rápidamente a Madrid en un vuelo de la compañía brasileña Varig. En el aeropuerto de Barajas, en Madrid, Luis Ontalva, exvigilante jurado, y su compañera, María José, fueron detenidos por la Policía y, tras unas horas de interrogatorio, acabaron cantando algunas cosas que más tarde condujeron hasta el constructor Angel Dueñas Martín.

Dioni colocándose el peluquín.

En la casa de Angel Dueñas se encontraron ciento cincuenta millones de pesetas escondidos en un "zulo" y quince millones más en la tienda de muebles de cocina que este empresario tenía en Madrid. En la guantera del Mercedes de Dueñas se localizaron dos millones más que, unidos a los otros, suman un total de 167 millones de pesetas. Dioni se apoderó de un total de trescientos veinte millones, a los que hay que restarles los 167 encontrados en poder de Angel Dueñas y las seiscientas mil pesetas halladas en el domicilio del matrimonio que estaba con él en Brasil, por lo que al hombre del peluquín sólo le quedaron 152 millones.

Tras ser extraditado a España en 1990 cumplió condena hasta mayo de 1995 cuando consigue la libertad condicional tras cumplir tres cuartas partes de su condena. Desde entonces ha participado en realities, publicado libros y hasta colaborado en alguna entrega de Torrente y siempre que ha aparecido en algún programa televisivo ha revalidado esa admiración popular que en su día glosó Joaquín Sabina en la canción Con un par.

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