17 de julio de 2019
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FIN DE SEMANA

Cinco personas, tres hombres y dos mujeres, fueron asesinados en el verano de 1975 y durante años se abrieron varias líneas de investigación

'Aquí mataron a cinco': el múltiple asesinato de Los Galindos, un crimen perfecto a la española todavía no resuelto

Cortijo de Los Galindos.
Cortijo de Los Galindos.
De todos los casos que protagonizan la crónica negra, sin duda, los más inquietantes son aquellos que nunca se resuelven o solo lo hacen parcialmente. Todos nuestros misterios forman parte del imaginario colectivo. Cada uno de nosotros ha elaborado una teoría para resolverlos y esas elucubraciones dicen más de nosotros de lo que quisiéramos. Una de estas historias es el crimen de Los Galindos. Un asesinato perfecto con cinco víctimas que aún, cuatro décadas después, no se ha resuelto.

En el verano de 1975, que sería el último de la dictadura de Francisco Franco, la salud del Jefe del Estado ocupaba todas las conversaciones. Incluso la prensa, tímidamente sacaba el tema. Una entrevista con Pilar Franco, la ‘hermanísima’, avivó aún más el tema. Claro que lo que más sorprendió fue que el semanario Gentlman incluyera una entrevista con Isidoro (Felipe González) líder clandestino del entonces ilegal PSOE. Evidentemente, algo estaba cambiando en nuestro país.

Sin embargo, pronto un suceso se convertiría en el tema del verano y dejó boquiabierta a España. El 22 de julio, mientras Camilo Sesto llegaba al número 1 de ventas con su tema Melina (una carta de amor a la mítica actriz griega Melina Mercouri), el Cortijo de Los Galindos se iba a convertir en el escenario de un crimen terrible. Se trata de una heredad, aún existe bajo el nombre de Nuestra Señora de la Mercedad, de unas 400 hectáreas dedica al cultivo del trigo, la aceituna y el girasol. La finca pertenece al término municipal de Paredes en la provincia de Sevilla y está a 50 kilómetros de la localidad que, hasta entonces, solo era conocida por albergar un cuadro de El Greco en su iglesia.

Hacia las 3 de la tarde de ese mismo día del séptimo mes del año se declara un incendio en el cobertizo del cortijo. El calor es insoportable, se pasan holgadamente los cuarenta grados  y los peones de la finca corren a Paredes para avisar a la Guardia Civil. Cuando los agentes de la benemérita llegan, los braceros ya están intentando extinguir el fuego del que se desprende un olor a gasóleo. En el camino que llevaba a la casa del capataz se descubrieron un reguero de sangre que llevaba hasta una habitación donde encontraron el cadáver de Juana Martín Macías, de 53 años y esposa del capataz. Su cabeza estaba machacada y presentaba heridas realizadas con un pajarito, instrumento utilizado habitualmente en el campo.

Mientras, cuando el fuego se extingue descubren dos cuerpos carbonizados. Son el tractorista José González Giménez, de 27 años y su mujer Asunción Peralta Montera, de 34 años, que estaba embarazada de seis meses. Un poco apartado encuentras el cuerpo de del peón Ramón Padilla González, de 40 años. Le habían disparado por la espalda.

Las cinco víctimas. 

Aquí no acabaría la orgía de sangre. Tres días después descubrieron el cuerpo de una quinta víctima. Se trataba del capataz, Manuel Zapata de 53 años y ex legionario. El cuerpo lo descubrió su perro y estaba semioculto bajo unas hojas.

Esta tardanza en descubrir el cuerpo no debe sorprender tanto. Desde el principio las investigaciones estuvieron repletas de errores. De hecho, antes que la policía y el juez llegó un equipo de Televisión Española, que por primera vez hacía la competencia a la prensa de sucesos. Se alteró la escena del crimen y se borraron sin querer rastros en el momento de grabar. Por primera vez un suceso, ocupa horas en un informativo. También el mítico periódico El caso dedicó portadas y páginas al crimen aumentando sus ventas.

Además, el Juez correspondiente, el de Marchena, no acudió porque la aplaza estaba sin ocupar. En su defecto le tocaba a de Carmona, pero tardó 24 horas en presentarse porque estaba de vacaciones en Écija. Eran otros tiempos y los protocolos antes un crimen respondían casi a la improvisación.

Las teorías sobre lo que ocurrió

Todas las vías de investigación parecían acabar en nada. En un principio se especuló con la implicación del dueño de la finca, el Marqués de Grañina, Gonzalo Fernández de Córdoba y Toprete, que se había hecho con el cortijo en 1969. Lo que llevo a despertar suspicacias fue el comportamiento del aristócrata. Pasó dos noches en el mismo después de sucederse los crímenes cuando habitualmente no lo pasaba. Además, se quiso ver en toda una trama conocida como ‘Teoría del Trigo negro’, según la cual, el Marqués y Antonio Gutiérrez, el administrador, especulaban con una parte del trigo sin hacerlo constar en el Servicio Nacional de Distribución Agraria como marcaba la legalidad en ese momento.

Harto de los rumores, fue el propio Marqués quien contó a la Guardia Civil la siguiente versión conocida como ‘Teoría de los legionarios’ y que fue muy popular durante años. Según esta versión, el aristócrata permitió pernoctar en su finca a 9 legionarios que volvían a Ceuta después de participar en el desfile del día del Alzamiento Nacional, 18 de julio, en Madrid. La Guardia Civil localizaron a 8 de los legionarios en Ceuta y al noveno en Barcelona y demostraron que el día que se cometieron los crímenes ya no estaban en la finca.

Escena del crimen manchada de sangre. 

Sin embargo, las investigaciones dieron al traste con toda teoría y triunfó oficialmente la del crimen pasional. El tractorista habría asesinado a los capataces porque hace años había sido prometido de la hija de estos. Según esta teoría los mató y después hizo lo mismo con su mujer. El peón Ramón Padilla habría sido una víctima colateral. Finalmente, José se habría suicidado lanzándose a las llamas. Una forma curiosa y dolorosa de acabar con su vida. Esta teoría se mantuvo como oficial durante ocho años.

Poniendo algo de luz

En 1981 algo comenzó a cambiar en la historia del crimen de Los Galindos. Por un lado, se hizo pública la existencia de una carta que había recibido en su momento el alcalde de Paredes, José González. En ella un sicario anónimo se declaraba culpable de los asesinatos. Había recibido el encargo de asesinar solo a Zapata y percibió 10.000 pesetas por ello. El resto de crímenes fueron colaterales. Nadie supo explicar por qué esa carta había permanecido seis años oculta.

Un nuevo juez, el cuarto, Heriberto Asensio Cantisán decidió reabrir oficialmente, tras repasar los 1400 folios del Sumario 20/ 1975, decide encargar una nueva investigación al policía José Antonio Vidal que a su vez encargar al forense Luis Frontela una nueva autopsia. Frontela consiguió que exhumaran los cinco cuerpos en enero de 1983. Un informe suyo aseguraba que al menos dos personas debieron participar en el crimen.

A pesar de las especulaciones, las investigaciones no llegaron a buen puerto y en mayo de 1989 se cerró oficialmente la investigación. El crimen prescribió en julio de 1995. Veinte años más tarde, el techo de la sala en el Juzgado de Marchena donde se albergaban entre otros el sumario de 1400 folios del caso se hundió. En el traslado de estos documentos a un Juzgado de Sevilla desapareció el sumario, sin que nadie haya sabido qué fue él. Un enigma dentro de un misterio.

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