18 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA

Virginia y Manuela fueron vistas por última vez en abril de 1992 subiendo a un Seat 127 blanco, el mismo coche que ahora puede reabrir este caso

Caso de las niñas de Aguilar de Campoo: El nuevo testimonio que puede resolver su desaparición tres décadas después

Virginia y Manuela, las dos niñas desaparecidas en Aguilar de Campoo.
Virginia y Manuela, las dos niñas desaparecidas en Aguilar de Campoo.
Una nueva pista aportada por una testigo gracias a la emisión del programa de Telecinco 'Viva la vida' podría reabrir el caso de las niñas de Aguilar de Campoo cuando se cumplen 29 años de su desaparición. En abril de 1992, el rastro de Virginia y Manuela, de 14 y 13 años, se desvaneció cuando hacían autoestop para regresar a su casa desde Reinosa. Entonces, varias personas aseguraron que las dos chicas se subieron a un coche blanco, un Seat 127. El mismo que ahora puede resolver este caso.

Era abril de 1992. España vivía una época de euforia colectiva. Faltaban unos meses para que se iniciaran los fastos de los Juegos Olímpicos en Barcelona y de la Expo en Sevilla. Con Madrid como capital cultural, el país sacaba pecho ante el mundo. Quería dar una imagen lejos del oscurantismo con el que los tópicos adornaban la idea de España en el extranjero. Habían pasado quince años de democracia y la evolución experimentada quería mostrarse al mundo.

En ese contexto, una desaparición inquietante echaría sombras sobre tanta celebración. Virginia, de 14 años, y Manuela, de 13, dos amigas inseparables de Aguilar de Campoo, en Palencia, desaparecieron bien entrada la noche del 23 al 24 de abril, como relató elcierredigital.com.

Ambas jóvenes habían ido a divertirse a una discoteca de Reinosa, en Cantabria, a unos 30 kilómetros de Aguilar de Campoo. No se sabe cómo llegaron hasta allí, porque a sus familias les dijeron que irían a una fiesta de cumpleaños en su pueblo. Sin embargo, varios testigos las identificaron en la discoteca Cocos y en una zona de bares de la citada localidad cántabra. Sí se sabe que las dos niñas decidieron volver a sus casas haciendo autoestop, una práctica más que habitual en la época, y algunas personas aseguraron entonces que las dos chicas se subieron a un coche blanco, un Seat 127, frente a la fábrica de galletas Cuétara de Reinosa.

Ahora, cuando casi se cumplen tres décadas de la desaparición, ese vehículo podría reabrir el caso. El periódico El Mundo publicaba este sábado la existencia de un nuevo testimonio. “En febrero pasado, el programa ‘Viva la Vida’ de Telecinco le dedicó un espacio al suceso y tras la emisión alguien llamó a la Guardia Civil de Aguilar de Campoó”.

Aguilar de Campoo. 

Se trata de una mujer que, en las mismas fechas, en una zona cercana a donde se perdió el rastro de Virginia y Manuela, habría vivido, junto con una amiga, un suceso muy parecido al que podrían haber experimentado las dos niñas de Aguilar de Campoo.

Según su relato, el conductor de un Seat 127 habría intentado llevársela por la fuerza hace ya más de 30 años. Entonces, tanto la mujer como su amiga, en aquel momento menores de edad, lograron huir. “Cogí el volante y lo tiré para la cuneta”.

Las líneas de investigación 

La investigación se realizó con los rudimentarios métodos de la época. No había móviles, ni cámaras, y en las comisarías y cuarteles de toda España se repetía aquel mantra de que había que esperar 24 o 48 horas para comenzar a buscar a alguien, un protocolo que, afortunadamente, ha cambiado con el paso de los años al considerarse las primeras horas como fundamentales para la búsqueda. 

Aún así, las fotos de Virginia y Manuela empapelaron la zona y las provincias limítrofes, y el programa de televisión '¿Quién sabe dónde?', recién estrenado, dedicó muchas de sus emisiones a analizar este caso. Comenzaron a llegar las llamadas, algunas aportando pistas, otras, de auténticos desalmados, intentando burlarse de una situación desgarradora. 

Se investigaron todos y cada uno de los posibles rastros. Clubes de alterne en las provincias de Palencia y Burgos, donde algunas personas situaban a las niñas. También fueron supuestamente avistadas en Cádiz, Madrid o Asturias. Se hicieron gestiones en Málaga, donde el padre de Manuela tenía cierto arraigo, y en Francia, donde vivía cuando desapareció su hija, pero no se encontró nada. 

Tras estallar el caso de las niñas de Alcàsser, se alejó el foco de la desaparición de las jóvenes de Aguilar de Campoo. 

Restos cadavéricos 

En octubre de 1994, unos caminantes encontraron un saco con dos cráneos y algunos huesos bajo el puente de Pontinos, en el pantano de Requejada, cerca de Aguilar de Campoo. No obstante, y aunque un periódico de la zona se atrevió a afirmar que pertenecían a Manuela y Virginia, los resultados de los análisis descartaron esta posibilidad. 

En octubre de 2017, de nuevo el hallazgo de unos restos óseos, en esta ocasión  una mandíbula en la orilla del pantano del Ebro, en La Población de Yuso, traía a la actualidad el caso. Las pruebas de ADN, otra vez, fueron negativas. 

Movimientos alternativos de Madrid 

La pista más fiable surgió en marzo de 1997, cuando una joven okupa declaró que había visto a las chicas de Palencia viviendo entre los grupos alternativos de Madrid. Con estos datos se elaboraron unos retratos robots, que mostraban a Manuela con el pelo corto y un mechón azul y a Virginia con un aspecto similar a cuando desapareció. La Guardia Civil abrió entonces la operación Cupido, para intentar dar con las jóvenes. 

El retrato robot de las jóvenes. 

Un mes más tarde, una mujer declaró haber visto a las jóvenes en un autobús y declaró que iban con estética okupa y acompañadas de un joven de estética punk, lo que coincidía con la pista aportada por la otra joven. A pesar de las investigaciones, no se obtuvieron resultados.

Ahora, cuando se cumplen 29 años de la desaparición, el testimonio aportado por esta nueva testigo tras la emisión del programa 'Viva la Vida' podría, por fin, resolver el caso de las niñas de Aguilar de Campoo. Un misterio aún sin resolver.

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