13 de agosto de 2020
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EDICIÓN VERANO

Por ahora han declarado ya varios testigos cercanos al exnovio de la joven asesinada hace 17 años

Extrañeza por no haber declarado secreto de sumario en la reapertura del “caso Déborah Fernández “

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El "caso Déborah" se ha reabierto y avanza gracias al impulso de la familia de la joven asesinada.
Avanza de nuevo el caso de Déborah Fernández, secuestrada y asesinada en 2002, cuando regresaba a su casa de Vigo, hace más de 17 años. Esta semana pasada, la jueza encargada ha tomado declaración a varios testigos, todos muy cercanos al exnovio de la joven asesinada, un hombre que en su momento fue interrogado pero nunca imputado. La familia ha asegurado siempre tener fundadas sospechas sobre él.

Déborah Fernández desapareció a los 22 años cuando había ido a correr y de la que no se supo, ni se sabe en realidad, nada más hasta que su cadáver apareció diez días después a unos 40 kilómetros de distancia. Se trata de un caso importante, no resuelto, que se archivó de manera momentánea al no tener pruebas contundentes para acusar a nadie. Y ha sido la presión de la familia de Déborah Fernández junto con las peticiones sociales que han reunido a través de la plataforma Change.org las que han logrado que el caso se reabriera. Había serio riesgo de que prescribiera en 2022.

Sin embargo, expertos judiciales consultados por elcierredigital.com  señalan como extraño el hecho de que no se haya declarado ya el secreto del sumario. Choca este hecho porque la escasa información que ha trascendido a partir de las nuevas diligencias del juzgado habla de testimonios importantes y decisivos que podrían dar un giro al caso y descubrir al culpable de la muerte de la joven.

La titular del juzgado de instrucción número 2 de Tui (Pontevedra) que lleva el caso, tomó declaración este lunes a seis de los siete testigos que citó por  la reapertura de la instrucción. Son todas personas cercanas al exnovio de la joven encontrada muerta, personas del entorno afectivo del hombre, como sus padres y amigos. La juez investiga en esta línea, cerrando el círculo en torno al que la familia de Déborah ha declarado en varias ocasiones tener sospechas.

Rosa Fernández, hermana de Déborah, ha sido la impulsora incansable de la presión social que ha llevado a reabrir el caso.

La hermana de la joven asesinada, Rosa Fernández, declaró hace meses en televisión, tal y como figura también en el sumario, que “un guarda de un parking preguntó al exnovio de Déborah qué llevaba en el coche que olía a muerto. A lo que él respondió que una caja de langostinos que se había descongelado”.

La familia ha luchado siempre por reabrir el caso y descubrir la verdad. Por ello lograron recoger hasta ahora 232.800 firmas en la plataforma Change.org  para pedir  al juzgado de Tui que retomara las diligencias. A ello se unió las pistas que dejaron varias personas anónimamente en una página web que la familia abrió para recoger posibles datos y aportaciones que abrieran más pistas.

Rosa Fernández, la hermana de Déborah, asegura que gracias a esa campaña de agitación para mantener viva la investigación surgieron dos nuevos testigos que habrían visto a su hermana antes de desaparecer y que según publicó Faro de Vigo la sitúan en un video club.

El caso se cerró hace más de 17 años sin culpables, ahora, se investiga el entorno del exnovio de Déborah. 

El misterio también rodea al lugar de la aparición del cadáver de Déborah, a unos 40 kilómetros del entorno de la viguesa playa de Samil, donde se perdió su rastro. El cuerpo sin vida fue hallado en una cuneta de O Rosal, en una zona rural, cerca de la frontera portuguesa, desnudo, pero cubierto con unas ramas y con unos rastros de semen que se consideró que habían sido dejados para confundir a los investigadores.

La familia guarda esperanzas ante esta nueva reapertura del caso y confía en que se resuelva de una vez.

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