04 de abril de 2020
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FIN DE SEMANA

Las menores, de seis y siete años, no estaban escolarizadas y era su madre quien ejercía su educación en la propia vivienda donde vivían

La situación de las niñas víctimas del parricidio de Girona alertaba de las carencias familiares que las rodeaban

Personal de la funeraria traslada uno de los cadáveres del domicilio de Salitja (Girona).
Personal de la funeraria traslada uno de los cadáveres del domicilio de Salitja (Girona).
Eva Milla, perito judicial especializada en psicología infantil y en intervención social analiza el caso del supuesto parricidio de Girona donde "contemplamos de nuevo un escenario previo que no habla de normalización o de una vida rutinaria y coherente,  por mucho que los vecinos de este pequeño pueblo guiados por su alcaldesa pretendan decir que no había señales de alarma o por mucho que el ayuntamiento reitere cada vez que es preguntado que no había denuncias previas".

De nuevo un parricidio. Éste cometido en Girona dónde han sido asesinadas dos niñas supuestamente a manos de su madre. Una madre que pretende quitarse la vida, poco después, arrojándose por el puente de la autovía y que lo consigue más tarde en el hospital a consecuencia de las gravísimas heridas producidas por el intento de suicidio, pese a haberse intentado actuar con rapidez para evitar su muerte.

Empezamos a ver como este tipo de sucesos se repiten con extraña frecuencia. Tenemos pocos datos para poder dar explicación a este terrible suceso, pero si analizamos los que tenemos contemplamos de nuevo un escenario previo que no habla de normalización o de una vida rutinaria y coherente,  por mucho que los vecinos de este pequeño pueblo guiados por su alcaldesa pretendan decir que no había señales de alarma o por mucho que el ayuntamiento reitere cada vez que es preguntado que no había denuncias previas.

Escasos son los datos que conocemos, por el decreto del secreto de sumario y por el cierre de filas del pueblo entorno a la petición de su alcaldesa para que no haya prensa, pero muchas son las conclusiones que se pueden extractar de ellos, sin necesidad de crear morbo innecesario.

Los datos describen una madre que prepara el cumpleaños de su hija mayor para este pasado sábado y que sin saber por qué presuntamente mata a sus dos hijas dejando tras de sí un escenario de extrema violencia y luego como habiendo perdido la cabeza se dirige al puente de la AP7 y se arroja al vacío con la intención de quitarse la vida. Desde luego no parece que estos hechos describan una persona en calma, sin problemas. Más bien habla de alguien que puede haber padecido un episodio de disociación, una paranoia o la ideación de algún mandato externo, divino o terrenal. Tal vez pudiera ser que esta presunta parricida no estuviera bien de la salud mental y nadie se hubiera dado cuenta.

Casa donde se cometió el parricidio de Girona. 

Lo que es innegable es que ya había conductas extrañas, o si no cómo calificamos qué en España, aun siendo ilegal que los niños menores de 16 años no estén escolarizados, una mujer decida que no lleva a sus niñas al colegio alegando que es mejor educarlos en casa con ella, como se han publicado en algunos medios de comunicación. De ser esto cierto, este extremo nos habla de incongruencias sociales. ¿No se abrió de inmediato un protocolo de absentismo que diagnosticara la situación de esa madre con sus hijas? ¿Donde está ese expediente? ¿Se confirmó la situación de normalidad de la madre?

En España cuando alguien no acude a un colegio y es menor de 16 años, el colegio debe informar a la comisión de absentismo y estos deben informar a asuntos sociales, que a su vez debe abrir un protocolo de seguimiento sobre si hay desatención familiar, desamparo o algún otro problema que pudiera estar incidiendo en la decisión familiar de no escolarizar a los hijos.

La enseñanza es obligatoria en España, y a la acción de los padres que deciden que sus hijos estudian en casa se le llama homescholing y no están legalmente autorizados. La ley Orgánica de Educación en su articulo 4 deja bien clara la obligatoriedad de la enseñanza para los niños entre los seis años y los dieciséis denominándola enseñanza básica porque son los conocimientos mínimos que una persona debe tener para desarrollarse con éxito.  Precisamente la enseñanza se hace obligatoria en estas edades para evitar que un padre, que a lo mejor no tiene la mejor intención para con su hijo por muchos motivos, desde un secuestro emocional del hijo hacia el padre que cede ante el capricho del menor, una enfermedad mental de los progenitores, una situación de explotación de trabajo de un menor ante la falta de entrada de dinero en el hogar, falta de cultura para entender la educación como un derecho del hijo, etc,  pueda decidir si este se educa o no, y cuando esto se altera, es la institución social pertinente la que tiene que dar la voz de alarma, si no se ha hecho es porque se ha cometido irregularidades en el proceso.

En algunos casos la familia es visitada por asuntos sociales o los centros de atención a la familia oficiales y se comprueba que todo está normal y que no existe desatención lo que sitúa los casos en un prisma algo alegal, sin resolver, porque no está especialmente perseguido, aunque en algunos casos puede haber multas y hasta sanciones o condenas penales dependiendo de lo que se observe como motivo.

El secreto de sumario impide tener datos sobre lo acaecido en este caso pero lo que si parece es que algo falla. Una madre que no se relaciona con nadie de la localidad donde reside y unas hijas que no van al colegio como en otros casos de parricidio.  Que nadie aventurase semejante desgracia es posible, pero que no vivían acorde a la ley es un hecho, y que cuando un menor no vive conforme a la ley debe ser investigado es una obligación legal de las instituciones que deben actuar precisamente en prevención de este tipo de cosas.

Concentración en recuerdo a las niñas. 

Es entendible que el pueblo quiera cerrar filas, y es entendible que no quieran ser conocidos por este hecho. Son ya muchos los pueblos que ven arruinado su nombre y sus maravillas culturales por el tétrico trasfondo que dejan los trágicos acontecimientos ocurridos en ellos, pero los pocos indicios no hablan de normalidad.

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