14 de agosto de 2020
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EDICIÓN VERANO

Intentan obtener la comparación genética de la reclamante con los restos de un familiar directo, decisivo para este pleito de tres millones de euros

Rocambolesca búsqueda por una herencia de un cadáver perdido en un cementerio de Cantabria

Se busca el cadáver de un hombre que no está donde debería.
Se busca el cadáver de un hombre que no está donde debería.
Un importante empresario cántabro dedicado a la construcción, perteneciente a una familia acomodada, falleció hace años a los 85 años de edad y ahora su cuerpo no se localiza en el camposanto donde se registró en el día su inhumación. Localizar los restos del empresario son necesarios para cotejar su ADN con los de una mujer sevillana de cincuenta años que asegura ser su hijo. En juego, nada menos que una herencia de tres millones de euros.

Que los cadáveres no desaparecen de la caja una vez se inhuman parece una verdad a la que poco más hay que añadir. Sin embargo, si en juego hay una herencia de tres millones de euros la cosa no es tan sencilla. Es el caso de los restos de J.R. un importante constructor cántabro que murió soltero y cimentó su fortuna personal dedicándose a una profesión liberal, sumando este patrimonio al ya heredado de su familia. Este hombre falleció hace varios años a la edad de 85 años, soltero y, aparentemente, sin hijos.

En este punto de la historia es cuando entra en escena A. C., una mujer sevillana de 50 años, que reclama ser hija del fallecido empresario santanderino. Ahora intentar obtener la comparación genética de la demandante con los restos de un familiar directo es decisivo para la resolución de este pleito. Por ello, el abogado de la mujer, Fernando Osuna, solicitó la exhumación de los restos del empresario que descansan, al parecer, en un pueblo del litoral cántabro.

El abogado Fernando Osuna.

Así consta en los archivos del cementerio de una localidad santanderina. El hombre aparece citado en el registro de fallecidos del camposanto, así como su fecha de inhumación. Sin embargo, no consta la ubicación de su sepultura.

Cuando se procedió a la exhumación autorizada judicialmente no se encontró la tumba en cuestión. Así consta el acta negativa de exhumación estando presentes un médico forense, el albañil y el funcionario de auxilio.

“Tras varias búsquedas por todo el cementerio no es posible su localización, se busca en los papeles que posee [el cementerio] de los difuntos enterrados que le consten, resultando no encontrar, salvo error, el de D. J.R.”, se puede leer en el acta.

Una difícil búsqueda

Según el abogado Fernando Osuna, “se desprende un craso error por parte de alguien, lo que puede perjudicar la localización de los restos óseos”.

Aunque el Juzgado ordenó la exhumación del cadáver, el cementerio no ha procedido a identificar a los sepultados en el panteón de la familia del empresario, ya que no cosnta que el cadáver que se busca se encuentra allí. Esta comprobación se hace absolutamente necesaria y ya ha sido pedida en tres ocasiones.

La familia más cercana al empresario, que recordemos murió soltero, tampoco se hace cargo de la situación, olvidando o ignorando las Normas de Ordenamiento de Cementerios Parroquiales aprobadas por el Decreto del 15 de mayo de 2014. Éstas señalan en su artículo 25 que “el derecho de uso de las parcelas, panteones o nichos podrá trasmitirse por herencia a los hijos, y si no hay herederos, a los 40 años del último enterramiento, quedarán a disposición de las autoridades”.

Para el abogado Osuna, "dando por supuesto que los restos cadavéricos no se esfuman, éstos deben estar en algún lugar, bien dentro del panteón familiar cuyo contenido no se ha identificado a pesar de la petición efectuada por esta parte, bien en un osario o bien en otro cementerio debido a un traslado".

Fernando Osuna ha vuelvo a solicitar frente a la “desidia de ciertos organismos” la identificación de los restos cadavéricos que se albergan en el citado panteón familiar para saber dónde descansa J.R. Unos huesos que pueden valer tres millones de euros.

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