23 de octubre de 2021
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FIN DE SEMANA

DOLORES VÁZQUEZ, EXPAREJA DE ALICIA HORNOS, MADRE DE LA JOVEN, FUE LA PRIMERA ACUSADA Y PERMANECIÓ 17 MESES EN PRISIÓN PARA LUEGO SER EXCULPADA

Caso Rocío Wanninkhof: La intrahistoria de un crimen que cumple 22 años y que escandalizó a España

Rocío.
Rocío.
El crimen de la joven Rocío Wanninkhof conmocionó a España a finales de los 90. Este asesinato, que ocurrió el 9 de octubre de 1999, tuvo durante años una falsa culpable en la persona de Dolores Vázquez, expareja de Alicia Hornos, madre de la fallecida. Fue la protagonista de un error judicial escandaloso. Otro crimen, el de Sonia Carabantes, puso el foco en Tony Alexander King ‘El estrangulador de Holloway’, que fue finalmente condenado por ambos asesinatos.

Era el 9 de octubre de 1999. Rocío, de 19 años, regresaba de visitar a su novio cuando, a menos 500 metros de su casa, en la urbanización 'La Cortijera' de La Cala de Mijas, en Málaga, su rastro se desvaneció. 

Su madre, Alicia Hornos, relató en una de sus intervenciones para la prensa que esa noche, como su hija no regresaba, "salimos a buscarla y vimos una mancha de sangre y al lado las zapatillas de Rocío”. Llamó a la Policía, que halló regueros de sangre que indicaban que la joven salió corriendo herida. Otras señales, apuntaban a que alguien había arrastrado su cuerpo.

Comenzaba entonces una búsqueda contrarreloj. La desaparición de la joven pronto se convirtió en uno de los sucesos más mediáticos de España, también en el mayor y más rocambolesco error policial y judicial de la historia de nuestro país. 

Una investigación errática 

Tres semanas más tarde, el 2 noviembre de 1999, se localizó el cuerpo de Rocío Wanninkhof oculto en un camino a escasos metros de la autovía de Marbella, a tan solo 20 kilómetros de donde se la había buscado. El estado de descomposición era tan avanzado que no se halló ni una sola prueba. No obstante, la conclusión del informe forense reveló que la joven sufrió “una agresión brutal en un periodo breve de tiempo que no le permitió ni moverse”. 

Rocío Wanninkhof. 

Bajo esta premisa, la de que el asesino se ensañó con Rocío, la Policía centró su investigación en el entorno familiar de la víctima, obviando un aviso de la Interpol sobre la presencia en Málaga de un asesino múltiple de mujeres, el llamado "estrangulador de Holloway".

Se investigó a su novio, Antonio José Dorado, y también indagaron en los negocios del padre de la víctima, Guillermo. Se profundizó, incluso, en los supuestos celos entre familiares y dentro del caso fue investigado hasta el párroco de la zona, Ramón Tejero, hijo de Antonio Tejero, el teniente coronel que perpetró el golpe de Estado del 23F.

Finalmente, alguien afirmó haber visto a una mujer acuchillar la foto de Rocío, y las pesquisas de los investigadores, presionados por el ruido mediático, apuntaron a Dolores Vázquez Mosquera, expareja de Alicia Hornos, madre de la víctima.  Dolores Vázquez fue detenida en septiembre del 2000 entre gritos de asesina.

Dolores Vázquez. 

Según el testimonio de Alicia, Rocío Wanninkhof siempre se opuso a su relación con Dolores Vázquez. “Si no fuese por Rocío, yo habría vuelto con esta persona. Lo ha hecho por vengarse, porque no quería volver con ella”, explicó Alicia en una entrevista. A partir de entonces se empezó a alimentar el personaje de Dolores Vázquez como el de una mujer fría, rencorosa, autoritaria y calculadora.

El 25 de septiembre de 2001 Dolores Vázquez era condenada a 15 años de prisión por el asesinato de Rocío Wanninkhof. Las últimas palabras que dijo esta mujer antes de ser llevada a prisión fueron: “Sigan buscando, porque yo no he matado a Rocío”.

El asesinato de Sonia Carabantes 

El 14 de agosto de 2003, en Coín, a 25 kilómetros de Málaga, se produce la desaparición de Sonia Carabantes, de 17 años. Su madre halló en un árbol cercano su zapato, el bolso y el móvil en el suelo, junto a un par de coches con restos de sangre, un presagio no muy halagüeño, similar al caso de Rocío. Una semana después, su cuerpo fue hallado en un camino próximo a la localidad malacitana de Monda.

La pesadilla se volvía a reabrir y las teorías se multiplicaban, hasta que entró en escena la prueba que dilucidaría el caso: El ADN del asesino estaba en el lugar. La joven, antes de morir, se defendió de su atacante y le arañó, dejando en sus uñas restos de piel suficiente para obtener el perfil genético del criminal. Los restos biológicos encontrados en la autopsia se cotejaron con la base de datos de perfiles ‘fichados’ y coincidían con los restos de una colilla de un cigarrillo inglés que estaba en la explanada en la que apareció Rocío Wanninkhof. 

Por aquel entonces, Dolores Vázquez llevaba 17 meses en prisión. 

Tony King, culpable

Nada más ver la noticia de Sonia Carabantes, Cecilia King, exmujer de Tony King, ató cabos y se puso en contacto con la Policía.

Los investigadores comenzaron a estrechar el cerco sobre este británico que vivía en el municipio malagueño de Alhaurín de la Torre. El último clavo de la tumba de King lo pusieron las autoridades de Reino Unido que les dijeron a las españolas que su verdadero nombre era Tony Alexander King, más conocido como “el estrangulador de Holloway”, un depredador sexual que asaltaba a mujeres y que las dejaba inconscientes tras estrangularlas.

Tony King. 

De hecho, en 1986, cuando apenas contaba con 19 años de edad, fue condenado a 10 años de cárcel por una serie de agresiones sexuales en Londres. Aunque solo estuvo cinco años entre rejas y en 1991 se mudó a Málaga con su mujer Cecilia.

Sólo hacía falta obtener una muestra de ADN suya y cotejarla para cerrar el caso. La versión más conocida es que un agente de paisano logró hacerse con una colilla en el bar donde King trabajaba como camarero. Hay otra que apunta que se obtuvo de unos calzoncillos que tenía colgados en su tendedero.

El resultado del análisis dejó las cosas claras, el ADN del británico coincidía en los casos de Rocío y Sonia, por lo que el 18 de septiembre de 2003 la Policía Nacional lo detuvo como presunto autor de los dos asesinatos. El arresto provocó un enfrentamiento con la Guardia Civil, que llevaba el caso, y que puso en evidencia la fragilidad de los controles sobre quiénes son los extranjeros residentes en la Costa del Sol, derivando en un cúmulo de reproches entre dirigentes del PP y del PSOE.

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