20 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA

Alicia Sánchez Cañadas fue estafada por el "hombre de los dos mil tumores" a lo largo de dos años durante los que estuvo preocupándose por su salud

Habla una de las víctimas de Paco Sanz: "Aporté 12.000 euros porque me dijo que no podía costearse los tratamientos”

Paco Sanz y Alicia Sánchez
Paco Sanz y Alicia Sánchez
El “hombre de los “2.000 tumores”, como se conoce a Francisco José Sanz González de Martos, ha reconocido que estafó más de 250.000 euros a miles de personas fingiendo tener más de 2.000 tumores. Una de estas víctimas es Alicia Sánchez Cañadas, barcelonesa y experta en protocolo y relaciones institucionales, cuyo afán por ayudar a este hombre le condujo a entregarle hasta 12.000 euros para su sustento asistencial.

La barcelonesa Alicia Sánchez Cañadas es una de las víctimas de Francisco José Sanz González de Martos a quien se le diagnóstico en 2009, el 'Síndrome de Cowden', una enfermedad de origen genético de las catalogadas como 'raras' y que se caracteriza por la aparición de una serie de tumores benignos, sin riesgo vital inminente. Hasta este punto, podría ser la historia de cualquier paciente de esta enfermedad, sin embargo, este caso es distinto, pues "vendiendo su problema de salud y asegurando que le quedaban escasos meses de vida", consiguió recaudar en siete años 264.780 euros, gracias a aportaciones económicas que conseguía a través de redes sociales y televisiones.

Elcierredigital.com recoge el testimonio de Alicia que, además de narrar su experiencia en torno a este suceso,  nos ha dado su opinión sobre  el acuerdo al que ha llegado Paco Sanz con la fiscalía, que se traduce en una condena de cárcel de dos años frente a los seis que se pedían, y una multa de 2.600 euros durante nueve meses, a ocho euros diarios. 

-¿Qué opinión te merece el acuerdo alcanzado entre Paco Sanz y la fiscalía sobre su delito?

 -Me parece un despropósito total, pese a considerar que no soy la persona más apropiada para opinar sobre este acuerdo porque no llegué a interponer ninguna denuncia contra él debido a una complicada situación personal que atravesaba en el momento que se destapó el fraude. No obstante, como hay muchos más afectados que sí han denunciado, he de expresar que me parece horrible que un hombre que se ha estado burlando de muchas personas de buena fe, se vaya, prácticamente, 'de rositas', porque no va a entrar en la cárcel, cosa que, en otros casos parecidos como el de la niña Nadia, los culpables sí han sido encarcelados.

-Si no denunciaste el caso en su momento, ¿qué te ha empujado a contar tu historia?

 -Insisto en que no pude denunciarlo, en ese momento, por la complicada situación personal que yo estaba atravesando, aun así, creo que no hubiéramos asistido a una situación muy diferente a la que se vio ayer. Cuando saltó el fraude de Sanz, me llamaron de varios programas de televisión, de Antena3, de Telecinco,... y no acepté ir a ninguno, excepto a uno de TVE que se emitía por las mañanas, presentado por entonces por María Casado. En ese momento, era el que más confianza me inspiraba con respecto a otros.

-¿Cómo llegaste a entablar relación con “el hombre de los 2.000 tumores”?

- Me aficioné a las redes sociales a partir de 2011 y un día, navegando por la red, me encontré con una persona que tenía un apellido similar al de una de mis primas y que pedía dinero para afrontar la enfermedad que padecía, el síndrome de Cowden. Como me había llamado la atención su apellido, “González de Martos”, le empecé a seguir.

Un grupo con gente famosa

-¿Cuál era la principal vía de contacto que teníais, os llegasteis a conocer físicamente?

-Por aquél entonces yo vivía en Cantabria y empecé a comunicarme con Paco Sanz a través de las redes, interesándome por su problema de salud. Al principio, contactaba con él por esta vía a título individual hasta que se fue organizando un grupo en el que intervenían también personajes populares como, por ejemplo, Charo Reina, incluso familiares del enfermo, incluida su madre.

Artista Charo Reina

También le facilité mi teléfono y me llamaba con frecuencia para hablar de su enfermedad y de lo mal que se encontraba. Otras veces me pasaba con parte de su familia, con su hijo pequeño y con su madre. Sin embargo, nunca llegué a conocerle en persona por la distancia kilométrica que nos separaba.

-¿Qué mecanismos utilizaba para alcanzar su objetivo y lograr convencerte de que, “realmente, necesitaba ayuda”?

-Una vez que fuimos afianzando la relación de amistad, me remitió sus informes médicos literales en inglés y traducidos al español puesto que, como me indicó en cierta ocasión, fue en un principio a tratarse a Estados Unidos. A partir de ahí, me pareció que su historia era realmente verosímil al contarme que tenía que volver a EEUU para ser intervenido, que no podía costearse ni los tratamientos de quimioterapia que le prescribían en el Hospital La Fe de Valencia, por valor de 600 euros, ni adquirir medicamentos para su mal, ni tan siquiera para comprar juguetes a su hijo.

-¿De qué formas contribuías a su bienestar? ¿Te presionó en alguna ocasión para que le ingresaras cantidades económicas?

-Comencé a enviarle aportaciones económicas al poco tiempo de contactar con él. En un principio, le transferí cantidades no superiores a 50 euros mensuales pero fueron siendo, cada vez más frecuentes. También le costeé algunos de sus tratamientos tras comentarme que no se los podría administrar por su coste, de 600 euros, y le compré medicamentos para sus dolores de estómago que le enviaba a su casa que, según su versión, no los tenía cubiertos por la Seguridad Social, aunque tampoco eran excesivamente caros. En total le llegué a ingresar unos 12.000 euros hasta que se extinguió nuestro contacto en 2014.

-¿Tenías relación con otras personas que también ayudaban a Sanz, compartías el apoyo que le estabas prestando con algunos otros?

-Conocí el caso de un chico que tenía una pensión muy baja y le aportaba cada mes 50 euros que, para la situación en la que se encontraba, debía ser mucho dinero. También participé en algunas campañas realizadas en redes sociales por otros colaboradores para recaudar fondos para Sanz.

¿En algún momento, dudaste de la verosimilitud de la historia?

-Me costó asimilar la falsedad de la enfermedad de Sanz, le veía siempre con un aspecto enfermizo, parecía, realmente, un enfermo de cáncer, las lesiones cutáneas que tenía en el rostro, en realidad, me daba pena porque pensé que se iba a morir. No obstante, hubo un momento durante una de nuestras conversaciones telefónicas en la que me estaba hablando sobre los cortes de luz que le habían hecho cuando, de pronto, se dirige a su hijo para que apague el televisor. A continuación, le animé a que me pasara sus facturas de luz para abonárselas, pero él prefería que le mandara el dinero. Ahí fue cuando me di cuenta de que algo no cuadraba.

-¿Cual fue tu reacción cuando te enteraste de que todo es una farsa? 

-Sucedió en 2014, en un plató de TVE en Cantabria, acompañada del criminólogo Javier Durán, cuando difundieron unas imágenes en directo de Sanz poco serias. Me quedé estupefacta; si me hacen un análisis de sangre, no extraen ni una gota. Lo que quiero puntualizar, no obstante, es que, en ese momento, ya no tenía relación con esta persona, ya que, a principios de 2014, me fui distanciando de él por una serie de complicaciones en mi vida personal, y a raíz de explicarle que no podría seguir aportándole dinero. A partir de ahí, nunca más volví a saber nada.

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