23 de marzo de 2019
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FIN DE SEMANA

Amigos cercanos a la pareja aseguran que, a pesar de su mísera vida, cuidaban bien y querían mucho a sus hijos

El crimen de los niños de Godella: paranoia paterna, drogas y religión para “salvar a los menores” de los malignos

María continúa bajo evaluación psiquiátrica en el hospital de Liria. Los especialistas deben determinar si está en condiciones de declarar, ya que su testimonio podría considerarse no válido para el proceso judicial. Para su pareja, Gabriel, tras prestar declaración en el el juzgado de instrucción número 4 de Paterna, el magistrado ha dictado prisión provisional para él.

María Gombau, y su pareja, Gabriel Carvajal, vívían  ya en una especie de paranoia continua. La joven de Godella, presunta asesina de sus hijos Amiel y Rachel, de 3 años y 5 meses respectivamente, y su novio, presunto cómplice y encubridor en el crimen, habían experimentado en los últimos meses una especie de degeneración en sus paraonias místicas y religiosas que, mezcladas con las drogas que consumían – setas alucinógenas, marihuana... -  les llevaba a hablar continuamente de extraterrestres, sectas de pederastas que controlaban el mundo, salvación, reencarnaciones... Unos comentarios que su entorno escuchaba con estupor y por los que la pareja extremaba el cuidado y vigilancia sobre sus hijos. Supuestamente, pretendía protegerles de esos males que veían continuamente acechándoles...

 

María continúan bajo evaluación psiquiátrica en el hospital de Liria. Los especialistas deben determinar si está en condicones de declarar, ya que  su testimonio podría considerarse no válido para el proceso judicial.  Para su pareja, Gabriel, tras prestar declaración en el el juzgado de instrucción número 4 de Paterna, el magistrado ha dictado prisión provisional para él.

Asesinados para que se "reencarnaran en la madre" 

Según las primeras declaraciones del padre de los niños, María habría matado a golpes a sus hijos para “que se reencarnaran  en ella”, ya que la presunta asesina creía que así los salvaría. Al parecer, el hombre descubrió en la mañana del jueves que los pequeños no estaban en casa y le preguntó  a María, quien salió corriendo despavorida y medio desnuda, lo que alertó a los vecinos. La Policía la encontraría después escondida en un bidón azul en medio del campo.

La joven de 27 años solo respondía frases sin sentido a los agentes. Seis horas después, María confesó dónde estaban los cadáveres de sus hijos, a unos 75 y 150 metros de la casa que okupaba la familia. Los investigadores quedaron impactados por la cruenta imagen de los pequeños cuyos cráneos mostraban las huellas de haber recibido fuertes golpes. Las autopsias lo han confirmado, Amiel y Rachel murieron por traumatismos craneales graves.

María, con un historial de traumas psicológicos, estaba en tratamiento psiquiátrico en la Sanidad Pública en Godella desde 2017.  Sin embargo, esto no constituyó nunca un motivo para la retirada de la custodia de sus hijos. La joven tuvo su último trabajo como peón de limpieza hace más de un año, mientras que a Gabriel le echaron de su útlimo trabajo como pinche de cocina hace unos meses. La pareja recogía agua de una fuente cercana y arreglaban como podían la casa abandonada que okupaban de manera irregular. Su sustento provenía ya de  algunas ayudas que vecinos y asociaciones benéficas de su entorno les entregaban. Pero algunos amigos de la pareja han señalado que "apenas tenían para comer".

Los expedientes abiertos en Asuntos Sociales del Ayuntamiento

Ahora, surge la duda de por qué la Administración no había actuado antes. El Ayuntamiento de  tenía registrados dos expedientes sobre esta familia en su departamento de Asuntos Sociales. El primero data de 2016,  fue motivado por un "conflicto vecinal" pero  fue archivado. El segundo expediente fue abierto este lunes pasado tras la llamada de la abuela de los menores asesinados por la mala situación en la que vivía toda la familia. La Policía acudió a la casa de María Gombau y de Gabriel, su pareja también detenida por el presunto asesinato de los pequeños, y confirmó que "estaban bien" y que todo estaba en orden, algo que coincide con las informaciones de los amigos de la presunta asesina, que indican que los niños estaban bien cuidados y bien alimentados, tenían el cariño de sus progenitores, sobre todo el de su madre. Por ello, Servicios Sociales cerró el expediente. 

Donde no figuraba abierto ningún expediente sobre la familia es en el Ayuntamiento de Rocafort, donde el niño de 3 años iba al colegio. Ello a pesar de que  la escuela del pequeño  llamó a su madre, María, durante los últimos días porque ya no llevaban al niño a clase.

La última y definitiva llamada de la abuela de los pequeños fue este  miércoles pasado, al  teléfono del menor porque estaba preocupada por sus nietos. La asesina confesa de los niños Rachel y Amiel, su propia madre, María, de 27 años, había escrito a  su madre para despedirse tras el crimen y comunicarle que "voy a reunirme con el Creador". Los trabajadores sociales preguntaron en el colegio y al dar a los pequeños por desaparecidos, comenzó su búsqueda.  

La abuela de los niños llevaba tiempo preocupada por su hija y sus nietos. Al parecer, no le caía bien Gabriel, el padre de los pequeños, y pensaba que la vida 'alternativa' que llevaba esa familia en la casa que okuparon en Godella no era beneficiosa en absoluto para los niños, por lo que se planteó incluso pedir la custodia de los menores.

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