25 de marzo de 2019
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FIN DE SEMANA

Las prisiones de Valdemoro (Madrid), Mansilla de las Mulas (León) y Morón de la Frontera (Sevilla) entre las más radicalizadas

Las cárceles españolas son uno de los principales focos de adoctrinamiento yihadista: hasta 257 presos están bajo especial seguimiento y control

Miembros del DAESH
Miembros del DAESH
Actualmente hay 134 presos en las cárceles españoles condenados por delitos relacionados con el yihadismo, pero la cifra se extiende aún más. Para prevenir esta radicalización existen grupos de seguimiento y control formados por funcionarios, que piden un aumento de personal y mejorar su formación. Este programa de tratamiento penitenciario es voluntario y ejecutado por psicólogos, que en muchas prisiones son mujeres y, por tanto, no respetadas por los islamistas.

Uno de los grandes problemas actuales en la sociedad es el fundamentalismo islamista en su vertiente más extrema, el terrorismo. Ya sea en Europa, en España o en los países de Oriente Medio donde tienen mayor influencia. Las agresiones de too tipo, por parte de miembros de las organizaciones terroristas vinculadas al islamismo, se han sucedido en los últimos años de manera constante.

En España, los ataques por parte de yihadistas son de sobra conocidos y las sucesivas amenazas por parte de ISIS (Estado Islámico), como la que enviaron en forma de vídeo hace apenas unos meses, ponen el foco en este país para que sus células terroristas o lobos solitarios lleven a cabo aquí su guerra santa. De hecho, España se encuentra actualmente en Nivel de Alerta Antiterrorista (NAA) 4, el segundo más alto en la escala elaborada por un comité de expertos en la lucha terrorista y por la que se guía el Ministerio del Interior, solo por detrás del nivel 5. 

Muchos de los terroristas que llevan a cabo sus atentados en España se radicalizan siendo residentes y llevando años viviendo en e nuestro país. Uno de los principales puntos detectados, donde tienen lugar los procesos radicalizadores son las cárceles.

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Dos de los terroristas del 11-M estuvieron investigados por su presunta participación en el "frente de cárceles"/ Foto: Europa Press

En relación con esta cuestión, el último episodio en salir a la luz ha sido el de la detención del yihadista Farid Mohamed Al Lal, un conocido integrista de 44 años de Ceuta que se radicalizó al entrar en esta cárcel en el año 2001. Desde esta fecha ha llevado a cabo labores de adoctrinamiento y captación tanto dentro como fuera de prisión. En el año 2017 se produjo su último arresto, por tentativa de homicidio, y se le encontró un dispositivo que albergaba cientos de vídeos sobre la yihad violenta, así como cánticos yihadistas.

Dinero por dejarse barba

Farid Mohamed se aprovechaba de los presos más vulnerables, los que no tenían recursos económicos, a los que ofrecía dinero si se dejaban barba, leían el Corán y cumplían sus órdenes. Apenas llevaba un mes en libertad, tiempo en el que continuó con sus labores de auto adoctrinamiento, captación y entrenamiento para el combate para él y para otros individuos, en su mayoría jóvenes, a los que buscaba integrar en el DAESH.

No es el único caso que se ha producido de reclutamiento en centros penitenciarios en los últimos meses. Los centros penitenciarios de Madrid III (Valdemoro), Mansilla de las Mulas (León) y Morón de la Frontera (Sevilla) han sido protagonista este mes por la detención de otros cinco reclusos, de origen marroquí, por radicalización yihadista en estas prisiones. Los reos entraron en la cárcel por delitos sin relación con el yihadismo y dentro del penal se adoctrinaron a través de un líder al que todos llamaban "Jefe".

Este líder se encargaba de coordinaba las actividades, repartir propaganda yihadista y amenazar a los miembros del grupo que tenían la osadía de alejarse de la disciplina religiosa o de las prácticas de la célula. También había llegado, incluso, a ofrecer dinero a otros presos que abandonaban la prisión a cambio de que perpetraran atentados.

El Estado Islámico ha amenazado a España en varias ocasiones

Pero la principal operación anti yihadista tuvo lugar en octubre de 2018, a través de la cual se desmanteló una red de radicalización en la que participaban 25 reclusos musulmanes, la mayoría encarcelados por actividades terroristas, en 17 distintos centros penitenciarios españoles.  Al tener prohibido el uso de teléfonos móviles y de Internet, se comunicaban a través de correo postal.

Este denominado “frente de cárceles” yihadista fue investigado y se detectó la presunta participación de dos de los condenados por los atentados del 11 de Marzo de 2004 en Madrid, Jamal Zougam y Hassan El Haski.

Hasta 257 presos bajo vigilancia y con poco personal

Una de las principales reivindicaciones por la que vienen protestando los funcionarios de prisiones desde hace tiempo es la falta de personal que sufren las cárceles dependientes del Ministerio del Interior. Un caso que también afecta a la vigilancia de potenciales yihadistas.

Según los datos facilitados por la SGIP (Secretaría General de Instituciones Penitenciarias) a elcierredigital.com, actualmente en los centros penitenciarios dependientes del Ministerio del Interior (no entran las prisiones catalanas) existen 257 reclusos bajo vigilancia por su vinculación o posible relación con el integrismo islamista.

Pero esta cifra hay que desgranarla, ya que la Administración clasifica a este tipo de presos en tres grupos: en el grupo A se encuentran los condenados por delitos relacionados con el terrorismo yihadismo (134); en el B sitúan a los procesados por otros delitos, pero que están en la lista de posibles radicalizadores (42); y, en el C, están los internos que por sus circunstancias y vulnerabilidad están considerados como potenciales radicalizados.

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Farid Mohamed Al Lal, el yihadista detenido en Ceuta por adoctrinamiento

Para prevenir la propagación de las ideas fundamentalistas en las prisiones, Instituciones Penitenciarias actúa en función del protocolo de desradicalización fechado el año 2014, que “tiene dos patas”. Por una parte, realizan un control y seguimiento de los presos recogidos en la clasificación mencionada; y, por otra, llevan a cabo un programa de tratamiento para la desradicalización. "El inconveniente es que el programa es voluntario, por lo que su efectividad es dudosa, cuanto menos", indican fuentes de prisiones.

Los grupos de control y seguimiento están formados por funcionarios que se dedican a la vigilancia de presos musulmanes potencialmente radicales. Desde el sindicato de prisiones Acaip, aseguran que “aunque se ha avanzado en la prevención, todavía queda mucho por mejorar, sobre todo en la cualificación de los funcionarios, a los que hay que felicitar por su labor”.

De esta manera, las fuentes sindicales consultadas, afirman que no sólo vigilan a los presos yihadistas, sino que “también vigilamos a los internos condenados por delitos como tráfico de drogas y blanqueo de capitales que puedan tener vínculos con estas organizaciones. Se controlan las comunicaciones, se revisan las celdas…”.

La asociación ‘Tu abandono me puede matar’ también señala que el problema principal para la lucha contra el yihadismo en las cárceles "es la falta de personal". “En algunos centros solo hay un funcionario para controlar a más de 100 internos. Si no hay profesionales suficientes es muy complicado controlarles”.

Vestimenta, líderes y cultos religiosos

Los principales indicadores para localizar a posibles presos radicalizados pasan por tener en cuenta aspectos como la estética y la vestimenta. Así, desde esta asociación indican que “aunque no tiene por qué ser así, el atuendo nos dice mucho, porque los más radicales visten de manera diferente: se suelen dejar barba larga, llevan chilaba y algunos llevan pantalón ancho muy corto”.

Otras señales a tener en cuenta pasan por la comida. Los presos musulmanes tienen su propia dieta adaptada al régimen alimenticio que siguen según sus normas religiosas y culturales. Para ello, los cocineros cambian los cazos con los que sirven las raciones y también se cambian los guantes, por si con esos instrumentos de cocina se ha servido antes a personas cristianas. De esta forma “si a pesar de estas medidas hay alguno que es especialmente riguroso con el protocolo puede significar que esté entre los radicales”, comentan las mismas fuentes.

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Musulmanes rezando.

Pero si hay algo con lo que los funcionarios que trabajan en los grupos de control tienen que tener especial precaución es con los internos que ejercen funciones de liderazgo sobre otros reclusos. Existen líderes que se encargan de la captación de otros presos en condiciones más vulnerables y potencialmente más fáciles de manipular. “Estos ‘cabecillas’ se aprovechan de internos con menos recursos. Les ayudan económicamente, les pagan los cafés y ciertas cosas que no se pueden permitir. Pero no solo eso, llegan incluso a influir en sus familiares", afirman desde la Asociación ‘Tu abandono me puede matar’.

En este punto, es de gran relevancia vigilar las actividades religiosas que intenten realizar en espacios comunes de los centros penitenciarios. La práctica religiosa es individual, por lo que los reos tienen prohibido organizar cultos religiosos de cualquier tipo en las zonas comunitarias. Lo que sí está permitido y es habitual es que acudan sacerdotes a realizar ceremonias religiosas en aulas habilitadas a las que sí pueden ir todos los internos.

No respetan a las psicólogas

La poca efectividad del tratamiento de desradicalización -que es voluntario- tiene que ver en gran parte con los equipos de psicólogos. "Los responsables de ejecutar el tratamiento son psicólogos, pero la mayoría son mujeres, lo que muchas veces supone una barrera cultural para los presos musulmanes. Si estás radicalizado o en vías de radicalización y recibes órdenes, algún tipo de influencia o guía por parte de una mujer no vas a aceptar lo que te diga", aseguran desde ‘Tu abandono me puede matar’ y añaden que “al igual que los funcionarios, a las psicólogas también les falta formación para tratar estos casos. Solo les dan un manual con unas pautas, pero no reciben una formación especializada”.

Además, el hecho de que muchos de ellos no hablen ni entiendan bien español, es una barrera para aplicar el tratamiento, que no solo se basa en hablar sino también en la implementación de lecturas que mandan los psicólogos.

Una medida que supondría una mejora en la lucha antiterrorista en las cárceles, según el sindicato mayoritario Acaip, es “el intercambio de experiencias con países de nuestro entorno con este mismo problema, para poder conocer así cómo trabajan en la lucha antiterrorista".

Cabe destacar que, a pesar de que las cárceles españolas son uno de los focos principales de radicalización y formación de nuevos terroristas, la prevención y lucha llevada a cabo en nuestro país ha sido reconocida internacionalmente. Así, la Unión Europea ha elegido a España para liderar el Proyecto Twinning ‘Mejor gestión de los terroristas y delincuentes peligrosos en las cárceles y prevención de la radicalización’.

El programa ha comenzado a desarrollarse a principios de este año 2019 en Turquía y desde la SGIP han enviado a un consejero residente que permanecerá en Ankara los dos años de duración del proyecto. Con esto se pretende mejorar la gestión de los internos terroristas o peligrosos de Turquía y prevenir la radicalización, para luego importar estos métodos a España.

El detenido en Zaragoza, en prisión desde el 31 de enero

El hombre detenido por la Guardia Civil en Zaragoza por terrorismo yihadista , permanece en prisión provisional desde el día 31 de enero. La investigación ha permitido constatar su adhesión a la causa desde 2011, su fidelidad a Daesh en 2014 y su actividad yihadista constante en Internet.

Fotografía tomada por el detenido en 2014 en el Palacio de la Aljafería (Zaragoza) con una bandera del Daesh

Fue responsable de la fotografía tomada en 2014 en el Palacio de la Aljafería (Zaragoza) con una bandera del Daesh y el titular del Juzgado Central de Instrucción nº 2 de la Audiencia Nacional decretó, el pasado 31 de enero, el ingreso en prisión provisional comunicada y sin fianza, del detenido por Guardia Civil,

M. B., de 25 años de edad, natural de Marruecos, es presunto autor de varios delitos de terrorismo y la investigación preliminar ha permitido determinar hasta el momento que esta persona sufrió presuntamente un proceso de autorradicalización a partir del año 2011, a través del consumo de material yihadista que realizaba a través de Internet. Desde esa fecha su actividad había ido intensificándose en cuanto a la calidad de sus acciones.

En el año 2014, con la aparición en el escenario internacional de Daesh, el detenido juró fidelidad públicamente a esta organización terrorista. 

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