08 de agosto de 2020
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EDICIÓN VERANO

Desde niño le gustaba darse paseos en cementerios y fue allí donde halló a su primera víctima a la que violó pero no asesinó

Francisco García Escalero: "El Matamendigos", que violaba a sus víctimas después de muertas

Tuvo una infancia normal en lo que a familia respecta, sin embargo, no siempre el cariño de una familia es lo que se necesita para encaminar a un chico. Desde joven le gustaba darse paseos por el cementerio de La Almudena. Fue así como desarrolló su obsesión por la muerte y su gusto por la necrofilia. Confesó haber cometido 15 asesinatos de los que solo se pudieron demostrar 11 y sus abogados lograron demostrar la enajenación mental, por lo que fue recluido en un hospital psiquiátrico.

Francisco García Escalero, mejor conocido como “El Matamendigos” fue un asesino español que a lo largo de su carrera como criminal mató y quemó a 11 indigentes producto de las voces que escuchaba en su cabeza.

“Lo maté. Estuvimos bebiendo en un parque al lado del cementerio y tomando pastillas, me las pedía el cuerpo para poder hablar mejor. Luego le dije dónde íbamos a dormir y en el cementerio sentí las fuerzas, me daban impulsos, cogí una piedra y le di en la cabeza, le quemé con periódicos y me fui a dormir al coche”, explicó a las autoridades como había ejecutado uno de sus crímenes.

Francisco García Escalero, "El Matamendigos".

Quizá por la situación de sus víctimas, quizá por su suerte, García no fue atrapado hasta que, en un intento por suicidarse, se lanzó hacía un coche en marcha. Sobrevivió y acabó en un hospital, donde decidió liberarse del cargo de conciencia y confesar sus crímenes.

Vida e infancia

Madrileño de nacimiento, llegó al mundo el 24 de mayo de 1954. Residió durante gran parte de su infancia cerca del cementerio de Almudena. Al parecer esto marcó su desarrollo pedagógico, ya que a medida que crecía desarrolló una obsesión por la muerte y la necrofilia.

Su padre era albañil y su madre limpiadora en una empresa. Siempre trataron de dar una buena educación a su hijo, como todas las familias trabajadoras lo único que podían procurar al chico eran buenos modales y afecto, no obstante, en el mundo en el que vivimos esto no suele ser suficiente. Era frecuente que hiciese pellas, pero no por las razones que otro joven las haría. A Francisco le gustaba saltarse las clases para pasearse por el cementerio.

Francisco durante su infancia.

También sufría de paranoia persecutoria. Solía pensar que los vecinos lo señalaban y hablaban de él a sus espaldas. Todo esto acarrearía para el joven instintos suicidas y la costumbre de autolesionarse. En más de una ocasión intentó suicidarse lanzándose a coches en marcha. Para su padre no quedaba otra opción que intentar enderezarlo por medio de la violencia. Esto no surtió efecto.

“No era como los demás, hacía cosas que no estaban bien. No me gustaba estar con la gente, me gustaba ir a sitios solitarios y se me pasaba la idea de matarme… De pequeño también me ponía delante de los coches… A los 12 años me atropelló uno”, explicó el asesino sobre su infancia.

A los 14 años empezó a experimentar con el alcohol y escapó de casa. “Ya tenía ideas raras, paseaba por las noches con un cuchillo. Me gustaba entrar en casas abandonadas y no sé por qué. Miraba por las ventanas de los pisos para ver a las mujeres y a las parejas de novios. Me masturbaba”, confesó.

Como no podía ser de otra forma en una situación como la que le tocó vivir, empezó a delinquir para poder subsistir. Uno de sus robos lo llevó al reformatorio, del cual salió en 1973 solo para volver a cometer un delito, asaltar sexualmente a una mujer. Ocurrió en el cementerio de Almudena, al que tanto aprecio tenía. Se trataba de una pareja, mientras que el novio fue agredido la muchacha fue violada. García se dio a la fuga inmediatamente después. Fue detenido y sentenciado a 11 años de prisión.

Problemas mentales

En la cárcel sus delirios se acrecentaron. Gustaba de recoger cadáveres de animales que más tarde llevaba a su celda. Además, se hizo algunos tatuajes acordes a su fascinación con la muerte. Cuando salió tenía 30 años y nada más que un futuro incierto. Comenzó a mendigar para financiar su adicción al alcohol.

En 1985 murió su padre y fue un punto de inflexión en su vida, para mal. La conexión con su pasado era cada vez más escasa y tenía problemas de identidad. No se conocía a sí mismo. El hombre simplemente se rompió y empezó a cometer sus crímenes.

A Francisco le gustaba pasear por el cementerio de La Almudena.

El 11 de noviembre de 1987 mató a su primera víctima, una indigente a la que narcotizó, apuñaló, decapitó y posteriormente violó. Ese fue su patrón durante su carrera como criminal. Compartía el alcohol que compraba con las limosnas que conseguí y posteriormente asesinaba a sus víctimas con cualquier objeto punzante que pudiese encontrar en la escena. Después los quemaba. En el caso de las mujeres tenía relaciones sexuales con los cuerpos primero.

Después de un tiempo, empezó a asaltar tumbas para practicar orgías necrófilas en el cementerio de la Almudena. Muchas veces la Policía lo pilló realizando estos actos y fue enviado al Hospital Psiquiátrico Provincial de Madrid, sin embargo, al poco tiempo volvían a dejarlo en libertad.

Tal y como pasaba con Ed Gein en su época, García llegó a confesar sus crímenes a los médicos, pero las confesiones eran tomadas como los desvaríos de un paciente con serios problemas mentales. Finalmente, en 1993 tras un intento fallido de suicidio fue trasladado al Hospital Ramon y Cajal donde confesó todo lo relacionado a las voces que escuchaba en su cabeza. Los médicos dieron parte a la policía y finalmente fue arrestado.

Una superviviente y condena

No todas las víctimas de García fueron fatales, entre las mujeres a las que atacó había una superviviente. Ernesta de la Oca, quien reveló que es asesino tenía un cómplice llamado Ángel Serrano. Ernesta fue violada, apuñalada y dada por muerta. Ese fue el error fatal de los dos criminales.

Francisco confesó 15 asesinatos, pero solo pudieron probar 11. Las entrevistas con los psicólogos intentaron exculpar al asesino por sus problemas mentales y parecía que lo lograrían. En febrero de 1996 la Audiencia Provincial de Madrid lo declaró culpable de los 11 asesinatos, una agresión sexual y un rapto.  El tribunal, presidido por el magistrado José Manuel Maza, ordenó su reclusión bajo tratamiento sanitario en el psiquiátrico penitenciario de Fontcalent, en Alicante.

Hospital Psiquiátrico Penitenciario de Fontcalent en Alicante.

Cada seis meses informaban sobre su evolución. La única manera en la que Francisco podría salir de allí sería curándose de todas sus enfermedades, cosa que los médicos descartaron como una posibilidad. Finalmente moriría en 2014 cuando se atragantó con un hueso de ciruela en su celda.

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