23 de marzo de 2019
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FIN DE SEMANA

Ni el pocero ni el dueño de la finca tenían los permisos de la Junta de Andalucía ni del Ayuntamiento de la localidad malagueña

El Seprona de la Guardia Civil investiga las irregularidades del pozo de Totalán y la zanja que se cavó poco antes de desaparecer el pequeño Julen

Los accesos a la zona donde se encuentra el pozo al que cayó Julen.
Los accesos a la zona donde se encuentra el pozo al que cayó Julen.
El Seprona (Servicio de Protección de la Naturaleza) de Madrid, división de la Guardia Civil, está llevando a cabo una investigación en torno a las irregularidades del pozo en el que se precipitó el pequeño Julen y las posteriores obras que se hicieron junto al agujero para abrir una zanja.

La magistrada del juzgado de Instrucción número 9 de Málaga, María Isabel Gómez Bermúdez, ha abierto diligencias para esclarecer las circunstancias que rodean a la caída del pequeño Julen al pozo de Totalán (Málaga). La investigación se ha abierto tras recibir un detallado informe del Seprona (Servicio de Protección a la Naturaleza) de la Guardia Civil.

El documento acredita que el pozo era ilegal y que las obras realizadas días antes al suceso también, principal causa de que se moviera accidentalmente la piedra colocada por el pocero para tapar el agujero. Las obras no tenían los permisos pertinentes para llevarse a cabo.

David, el propietario de la finca y marido de una familiar de los padres de Julen, fue interrogado por agentes del Seprona, quienes hicieron lo mismo con Antonio Sánchez, el pocero. De esta manera, comprobaron que, tanto el pozo como las obras posteriores, no tenían los permisos necesarios ni de la Junta de Andalucía ni del Ayuntamiento de la localidad malagueña. Necesitaban la autorización de la Dirección General de Minas y la de Dominio Público Hidráulico y Calidad de las Aguas en la Demarcación de las Cuencas Mediterráneas Andaluzas, pero ninguno presentó las solicitudes ni tampoco un proyecto técnico de un ingeniero para realizar las obras. Tampoco contaban con el permiso del Consistorio de Totalán.

Los testimonios de ambos confirmaron que el pozo se abrió el pasado 18 de diciembre y que en los días previos a la caída de Julen se llevaron a cabo diversos trabajos en la zona en cuestión.

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En estas obras se rebajó la montaña ganando terreno a la finca, se hizo una explanada y también se cavó una zanja en forma de L de 35 metros de largo por cinco de ancho, donde, según el testimonio de David, se quería hacer un muro de contención. Para hacer la zanja se usó una pala mecánica, herramienta que destapó accidentalmente el agujero del pozo, según sospechan los investigadores.

Posteriormente, el pocero que realizó el trabajo en la finca tapó el pozo con una piedra y arrojó por encima tierra de color azul. Los investigadores creen que la persona que iba a abrir la zanja no sabía de la existencia de un pozo colindante.

Durante el interrogatorio del Seprona, el pocero y el propietario de la finca aseguraron no tener culpa de lo sucedido, manifestando el primero que pensaba que tenía autorización para realizar las obras porque eso le había dicho el propietario y afirmando éste que el pocero le había dicho lo mismo a él.   

Los agentes dan crédito a la versión del pocero en la que asegura que cubrió el pozo con una piedra, pero piensan que la forma de taponar el orificio no fue la adecuada, pues debería haberlo sellado por completo.

La actuación de los mineros

Santiago Suárez, exjefe de la Brigada de Salvamento Minero de Hunosa desplazado a Totalán (Málaga), con motivo de las labores que se están realizando para restacar al pequeño Julen, ha explicado que el equipo de ocho efectivos que se encargarán de realizar los últimos metros del túnel horizontal tienen que trabajar de rodillas o tumbados en turnos de entre cuarenta minutos a una hora hasta localizar al pequeño.

Una vez acabado el pozo vertical paralelo al que cayó el niño el pasado domingo, los mineros bajarán en una jaula o ascensor, desde donde "trabajarán a distancia del suelo con el fin de dejarlo como caldera para que se lleve el escombro que van produciendo". Cuando la galería alcance uno o dos metros, desplazarán la jaula hacia arriba. Pero no hay plazos fiables para determinar cuándo puede finalizar la operación de rescate.

En ese momento empezarán a abrir el acceso horizontal y lo harán picando con martillo neumático de aire comprimido y con "una pala echando el material hacia atrás", ha explicado Suárez. A medida que los mineros avancen, sostendrán el techo y los laterales mediante el sistema de posteo típico de la minería de carbón.

"Se va colocando una pieza en el techo de la galería y luego apuntalando con madera", ha explicado. En el caso de que encuentren roca muy dura, tendrán que ir a "microvoladuras" llevadas a cabo con explosivos no rompedores.

El exjefe de los mineros de Hunosa no ha precisado el tiempo que tardarán en realizar este acceso dadas las dificultades del terreno debido a la complicación del trabajo y a la dureza del terreno. Los mineros irán equipados con mascarillas y detectores de oxígeno y se comunicarán con el resto de técnicos encargados del operativo vía telefónica.

Suárez ha dicho que si no aciertan con la altura a la que se supone que está el niño, tendrán que picar hacia arriba y a partir de ahí agrandar el pozo. "Los espacios confinados para esta gente no van a suponer ningún tipo de problema", ha concluido Suárez.

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