28 de noviembre de 2021
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FIN DE SEMANA

LA MUJER, AHORA EN LIBERTAD PROVISIONAL, RELATA A EL CIERRE DIGITAL SU DURA EXPERIENCIA EN LA CÁRCEL TRAS SER ACUSADA DE matar A ROSA EN BENIDORM

Olga, acusada del asesinato discapacitada: "Es difícil estar trece meses encerrada y volver al mundo real"

Exclusiva Olga está en libertad provisional a la espera de juicio.
Olga está en libertad provisional a la espera de juicio.
Olga Barrachina, acusada junto a su marido por presuntamente asesinar a Rosa, una mujer discapacitada hallada sin vida en su vivienda de Benidorm en junio de 2020, relata a elcierredigital.com su dura experiencia en prisión, tras permanecer trece meses recluida. Olga, que salía hace unos días en libertad provisional a la espera de juicio, sostiene su inocencia: "En ningún momento yo estuve en su casa. No puede ser demostrado porque no estuve, no tienen huellas, ni ADN, ni cámaras" explica.

"Tengo mis momentos. Hay días en los que estás bien y, de pronto, te pones a llorar. Es difícil estar trece meses encerrada y volver al mundo real. Lo que pasa ahí dentro no se ve en la tele". Olga Barrachina, acusada por presuntamente asesinar a una mujer discapacitada en Benidorm, salía de prisión hace apenas unos días, en libertad provisional previo pago de una fianza de 2.000 euros. Ahora, cuenta, siente miedo cuando camina por la calle. "He cambiado de aspecto, pero no sabes si puede haber alguien que te reconozca, o que haya conocido el caso". 

El asunto por el que será juzgada es el de Rosa Maqueira, cuyo cuerpo sin vida fue hallado el 16 de junio de 2020 en su domicilio de Benidorm después de que una conocida alertara a la Policía porque llevaba dos días sin verla. Todo apuntaba a que había sufrido un accidente doméstico con la silla de ruedas de motor eléctrico con la que se desplazaba, porque Rosa sufría focomelia, una enfermedad consistente en una malformación de origen teratogénico que le provocó ausencia de piernas y brazos. 

Sin embargo, a mediados de agosto, la investigación dio un vuelco. La Policía Nacional detenía en la localidad oscense de Jaca a un matrimonio como presuntos coautores del asesinato de Rosa. Ambos admitieron que tenían una relación con la víctima desde el año 2019, cuando él había estado trabajando para ella como chófer. Los dos acusados, Olga Barrachina y Fernando José Alcalde, para quienes la Fiscalía solicita la pena de prisión permanente revisable, se encuentran a día de hoy a la espera de juicio. Él permanece recluido. Ella, como ha contado a elcierredigital.com, salió en libertad bajo fianza tras permanecer trece meses en prisión. 

Momento de la detención del matrimonio. 

De esa etapa, recuerda especialmente el frío, la soledad de las primeras semanas, la sensación de que el tiempo trascurre de otro modo, el desdén de algunas funcionarias, el no tener medios. También una percepción, la de que las mujeres son las grandes olvidadas, "hay mucho machismo dentro de la cárcel. Nosotras siempre éramos las últimas para todo". 

"Es un mundo paralelo. En la cárcel lo único que sientes es desesperación e impotencia. No puedes hacer nada, porque no tienes medios. Para que te hagas una idea, hay un teléfono que tienes que compartir con sesenta chicas y derecho a dos llamadas de ocho minutos, por las que tienes que pagar cinco euros". 

A pesar de ello, Olga explica a elcierredigital.com que permaneció cerca de 20 días incomunicada, sin poder contactar con nadie. "La primera semana que pasé en prisión estuve confinada. Te ponen sola en una celda después de que te evalúe un médico. No entiendes nada, no sabes porqué estas allí. No tienes dinero, no tienes nada. En mi caso, yo no me acordaba del número de teléfono de mi familia, y nadie me lo facilitó. Así que estuve 20 días sin saber nada de ellos, ni ellos de mí". 

Ese aislamiento fue consecuencia de la crisis sanitaria derivada del coronavirus al registrarse dos positivos en la prisión, durante un tiempo tampoco recibieron visitas de educadores y asistentes sociales. "Nos dejaron dos meses encerradas ahí. Todo el mundo aislado. Fue horrible y, en mi caso, difícil porque yo tenía que subir el economato a las positivas". 

Y es que al poco de ingresar en prisión, Olga consiguió trabajo en el economato. "Te dan de alta en la Seguridad Social y recibes a cambio un salario. Gracias a eso pude tener unos ingresos porque mi familia económicamente no me podía mandar dinero cada semana. Me ayudó mucho tener una tarea que desempeñar, se pasan más rápidos los días, se hace un poco más ameno". 

A los cinco meses, Olga fue nombrada presidenta de su módulo y durante un tiempo le encomendaron la supervisión del grupo de reclusas más conflictivo. "Yo me llevaba bien con todo el mundo, incluso con estas internas. Al final, tienes que aprender a desenvolverte y a callarte ciertas cosas. Por ejemplo, con el tema de la droga, que allí hay de todo, pero es mejor tener la boca cerrada".  

Las duras condiciones en prisión

"Podría contarte muchas cosas. Las instalaciones, las celdas... es un desastre". Los inviernos, relata Olga a elcierredigital.com, son muy duros. "Pasas muchísimo frío, tienes tres mantas y te suben botellas de agua, de las normales de litro y medio, un poco calientes para meterlas en la cama porque te mueres de frío".  

Una situación muy difícil que, según cuenta, muchas veces empeora por el trato que las reclusas reciben por parte de algunas de las funcionarias. "Te tratan con desdén, con superioridad, como si tú fueras lo peor. Y vale que yo sea una presa, pero merezco respeto igualmente. Decían 'mi cárcel, mis normas', y las normas las aplicaban como querían". Al director solo lo vio una vez en el módulo. 

Una percepción que cambia radicalmente cuando de quien habla es de educadores y asistentes sociales. "Son tu ventana al mundo". De Olga, para estos profesionales solo caben palabras de agradecimiento. También para sus compañeras de módulo. "Yo estoy fuera porque dos de mis compañeras, Simona y Josefa, me prestaron el dinero. Ahí dentro nunca lo hubiera pensando pero conoces a gente que realmente te importa y tú les importas a ellas. Lloramos juntas y nos abrazamos juntas. Es la única manera que tienes de sobrellevarlo, apoyándote en ellas porque si no sería imposible".

Ahora, en libertad provisional, se acuerda a diario de sus compañeras. "Continuamente te vienen la mente. Miras la hora y te dices a ti misma que en este momento las chicas están haciendo esto o esto otro, porque ahí es todo rutina". 

Mantiene su inocencia

El pasado 15 de octubre, elcierredigital.com recogía el alegato de inocencia de Olga, que asegura que no estuvo en el domicilio de la víctima el día que se produjeron los hechos. "En ningún momento yo estuve en su casa. No puede ser demostrado porque no estuve, no tienen huellas, ni ADN. Tampoco aparezco en ninguna de las grabaciones de las cámaras, ni me vieron cerca de su casa. La versión de la Policía es a su conveniencia, para meterme en prisión sin pruebas, se vulneró totalmente mi presunción de inocencia. Por desgracia, yo soy culpable hasta que mi abogada demuestre mi inocencia. Es triste pero es así". 

Su abogada, Lourdes Picazo, coincide en que "contra Olga no hay pruebas como para imputar un delito. Ni siquiera una serie de indicios que puedan probar que ella estuvo implicada en los hechos".

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