16 de noviembre de 2019
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FIN DE SEMANA

Esta es la historia penitenciaria del asesino confeso Bernardo Montoya, ingresado en el módulo de enfermería de Huelva

Crónica de sucesos: lo que hay detrás del asesinato de la profesora Laura Luelmo

Laura Luelmo, asesinada por Bernardo Montoya
Laura Luelmo, asesinada por Bernardo Montoya
Bernardo Montoya acabó confesando su crimen aunque midió sus palabras para evitar ser acusado de asesinato. Los investigadores, sin embargo, han encontrado evidencias suficientes en su casa para demostrarlo. Y vuelve a sorprender que fuera un preso de confianza en la prisión donde cumplió condena hasta octubre pasado.

Esta semana, la crónica de sucesos  ha estado centrada en la joven profesora zamorana Laura Luelmo, a la cual se buscaba desde el  pasado miércoles, 12. Laura desapareció en El Campillo (Huelva), donde residía desde el día 4 de diciembre y a donde se había mudado para cumplir su sueño, ser profesora, en esta ocasión, como interina sustituta de Plástica en un Colegio de Nerva, un pueblo cercano.

Al principio, todas las hipótesis estaban abiertas, aunque pronto se sospechó que la desaparición de Laura no era voluntaria. Primero se pensó en un accidente, ya que había salido a  hacer ejercicio, pero después se sospechó  de la intervención de una segunda persona.

La familia de Laura presentó denuncia por desaparición en  Zamora y rápidamente se desplegó un gran dispositivo de búsqueda coordinado por la Guardia Civil. Pero no se encontró ni un solo rastro de la joven de 26 años. El primero en llegar a El Campillo fue su novio, al que Laura le había dicho en más de una ocasión que no le gustaba cómo la miraba el vecino de enfrente.

El uso del teléfono móvil elemento clave

La Guardia Civil de Huelva inspeccionó el domicilio de la profesora y ordenó localizar su teléfono móvil, que había dejado de emitir señal a 9 km al norte de su casa, sobre las 20:00 horas del miércoles. La última vez que se utilizó dicho  móvil fue sobre las cuatro de la tarde, cuando Laura llamó a su novio para decirle que iba a salir. Habían pasado cuatro horas, nada normal en ella. La Guardia Civil ya sabía que se encontraba ante una desaparición forzosa, por eso requirieron el apoyo de la Unidad Central Operativa (UCO) del Órgano Central de Policía Judicial, que cuentan con más personal y más medios, además de experiencia en este tipo de casos. Los agentes decían no tener todavía ningún sospechoso.

Se buscaba el cuerpo de la joven con la esperanza de  encontrarla con vida. Cientos de voluntarios de sumaron a la búsqueda durante el pasado fin de semana, y el lunes se limitó al dispositivo personal especializado de la Guardia Civil y de Policía Local.

Cadáver semioculto entre la maleza

Hacia las 12.00 horas del lunes, los malos presagios se confirmaban cuando un ciudadano alertó a la Guardia Civil del hallazgo de un pantalón vaquero cerca de la carretera. Rápidamente se peinó la zona y, a unos 200 metros, se encontró un cuerpo de mujer en una zona denominada Barranco de las Mimbreras, de El Campillo (Huelva), a unos cuatro kilómetros del pueblo y cerca de la carretera N-435, a la altura de su kilómetro 167. El cuerpo estaba boca abajo, semidesnudo y semioculto en una zona de jaras altas y arbustos y presentaba signos de violencia. Era un lugar que ya se había inspeccionado días atrás por el dispositivo de búsqueda.

Lugar donde se encontró el cadáver de Laura Luelmo (Europa Press)

La jueza de Instrucción de Valverde del Camino que se había hecho cargo de las diligencias ordenó sobre las 19.00 horas el levantamiento del cadáver de Laura Luelmo. En la inspección participó el Equipo Central de Inspecciones Oculares (ECIO) del Servicio de Criminalística de la Guardia Civil, que se había desplazado en helicóptero desde Madrid.

Tras la pista de Bernardo Montoya

El lunes por la mañana, un medio digital apuntó  como sospecho a L.M.N., sin reparar que esta persona se encontraba en la prisión de Ocaña, tal y como adelantamos en “La Mañana” de TVE ese mismo día. Pero también se mencionó  que esta persona tenía un hermano gemelo B.M.N. con muchísimo parecido físico y con antecedentes violentos por homicidio e intento de violación y que éste sí se encontraba en libertad por haber cumplido condena en la prisión de Huelva, aunque no se conocía su paradero.

La Guardia Civil sí lo sabía y esa era la pista que seguía. El martes ya se conocía el nombre: Bernardo Montoya Navarro, de 50 años de edad, que era detenido como presunto responsable del asesinato de Laura Luelmo. Era él el vecino del que tenía miedo la joven  y que vivía justo enfrente desde que, en octubre, salió de la cárcel, con un largo historial de antecedentes criminales. Su vivienda estaba en el número 1 de la calle Córdoba y justo enfrente se ubica el número 13, el que correspondía a la modesta casa reformada que Luelmo le había alquilado a una compañera del instituto Vázquez Díaz de Nerva, al que se había incorporado para cubrir una baja por enfermedad que, en principio, se iba a prolongar un par de meses.

Bernardo Montoya abandonó apresuradamente su refugio de El Campillo tras la desaparición de Laura, pero la UCO ya le tenía en su punto de mira y le habían seguido de cerca hasta Cortegana. El martes, Bernardo trató de huir a la carrera al sentirse seguido y fue detenido. Aún no estaba muy claro que fuese el responsable del macabro crimen, pero había que evitar  la fuga y la destrucción de pruebas.

Desmontando la versión del asesino

Tras horas de interrogatorio, Montoya se derrumbó y reconoció haber matado a Laura. Pero midió su relato para  minimizar los efectos de una condena por asesinato. Por eso, el ECIO tenía que reunir todas las pruebas posibles y llevó a cabo una profunda inspección en el domicilio de  Bernardo. Poco a poco, los especialistas de Criminalística iban desmontando la versión del detenido, quien había dicho que discutió y peleó con Laura, que la golpeó contra la parte de atrás del coche y que la metió en el maletero. Una versión que recordaba a la de “El Chicle”, el asesino de Diana Quer.

 

Bernardo Montoya

Los registros, con los que se buscaba algún indicio que pueda servir para esclarecer las circunstancias en las que murió Laura, se producían casi al mismo tiempo que en el Instituto de Medicina Legal de Huelva se le practicaba la autopsia. Como ya se sabe, el cuerpo presentaba signos de violencia, marcas en el cuello y heridas de autodefensa. El examen forense fue clave para averiguar si la joven de 26 años fue víctima, además, de una agresión sexual, como parece indicar el hecho de que su cuerpo apareciese semidesnudo y parte de su ropa a un par de centenares de metros. De la autopsia trascendieron datos que nos dejaron atónitos:  el cuerpo de Laura presentaba innumerables signos de defensa, había sido agredida sexualmente, tenía marcas en el cuello y había fallecido a causa de un traumatismo craneoencefálico producido por un fuerte golpe con algún objeto contundente, tipo barra de hierro, dos o tres días después de su desaparición el pasado miércoles, 12 de diciembre. ¿Qué quiere decir esto?

Hasta tres días en la casa de Bernardo

La joven profesora habría permanecido hasta tres días con vida en casa de Bernardo, justo enfrente de su casa y habría muerto el viernes día 15. Así lo confirmaban las evidencias y muestras que los especialistas de Criminalística de la Guardia Civil estaban recogiendo en la “casa de los horrores”. También el posicionamiento de los teléfonos confirmaba que el móvil de Bernardo y el de Laura habían estado juntos en la casa de Montoya durante la tarde del miércoles 12 de diciembre, hasta las 20.00 horas, en que se pierde la señal del teléfono de la joven profesora.

Bernardo Montoya se estaba desmoronando con su versión y empezaba a querer colaborar con los investigadores. Gracias a eso, cerca de la carretera N-435 y un kilómetro más allá de donde se encontró el cuerpo de Laura, se encontró una manta con la que Bernardo había envuelto el cadáver para ocultarlo en el maletero de su coche, un Alfa Romeo negro, y deshacerse de él. También se pudo encontrar, cerca del cementerio de El Campillo, una bolsa con las llaves de casa de Laura, las del coche, su cartera y objetos de higiene personal.

Cementerio de El Campillo (Huelva) donde Bernardo Montoya escondió objetos de su víctima, Laura Luelmo

Las inspecciones llevadas a cabo también habían dado sus frutos. En la casa de Bernardo se han encontrado innumerables evidencias como una cortina ensangrentada, restos orgánicos en un sofá y en otros lugares de, aunque había tratado de limpiarlos con lejía, huellas dactilares de Laura y otros vestigios que serán investigados en el Laboratorio del Servicio de Criminalística de la Guardia Civil, en Madrid.

Rechazado por la familia

Manuel Montoya, padre del detenido Bernardo Montoya Navarro, ha trasladado su pésame a la familia de la joven, a la que ha pedido perdón. “Si mi hijo lo ha hecho, que lo pague”, ha asegurado. El padre ha apuntado que la última vez que vio a su hijo fue el miércoles, día en el que desaparece la joven, “entre las 16.30 horas o 17.00 horas”, y ha tenido conocimiento de todo después por los medios de comunicación. “Si lo ha hecho, que lo pague, porque eso no se puede hacer”, ha reiterado este hombre. También una de las hermanas de Bernardo, Dolores Montoya, ha pedido perdón a la familia de Laura Luelmo y ha insistido en que reniega de su hermano y que el resto de miembros de la familia Montoya “no tiene culpa” de lo que pudiera haber hecho. Su hermano Luciano, otro delincuente convicto, también rechaza a su hermano, según declaró al periódico EL MUNDO minutos antes de entrar en la prisión de Ocaña II (Toledo), donde cumple condena de 27 años por asesinato y de donde salió por primera vez en 18 años el pasado lunes para disfrutar de un permiso penitenciario de tres días.

También Bernardo ha pedido perdón en varias ocasiones y momentos antes de ser introducido en el vehículo le llevó a la prisión de Huelva.  Resulta insólito, pero Montoya era preso de confianza en esta cárcel, pese a delinquir casi en cada permiso, llevar décadas entre rejas y no hacer el programa de agresores sexuales, se le premió con un trabajo remunerado como soldador, por lo que tenía acceso a herramientas y materiales peligrosos dentro de un centro penitenciario.

Javier Durán – Investigador Forense y Criminólogo

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