29 de noviembre de 2021
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FIN DE SEMANA

Esta tecnología podría favorecer el desarrollo de terapias no farmacológicas para trastornos como la ansiedad, la depresión y el estrés postraumático

Avance en el tratamiento del dolor crónico: Un chip implantado en el cerebro podría ser la solución

Investigadores analizando el funcionamiento del chip
Investigadores analizando el funcionamiento del chip
Según un nuevo estudio científico, mediante un implante cerebral computarizado se ha logrado aliviar eficazmente el dolor crónico en roedores. Los investigadores, que han creado un plan de desarrollo de implantes cerebrales que traten síndromes de dolor, ya planean desarrollarlos para tratar otros trastornos cerebrales en humanos.

Un estudio realizado por investigadores de la Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York (NYU) muestra la eficacia de los implantes cerebrales en el alivio del dolor. A través de un experimento en el que una docena de roedores con dispositivos implantados era sometidas a dosis medida de dolor, los investigadores pudieron observar cómo estos animales reaccionaban al dolor repentino un 40 por ciento más despacio cuando el dispositivo estaba encendido, lo que sugeriría que ayudó a reducir la intensidad del dolor experimentado.

La investigación es la primera en utilizar un implante cerebral computarizado para detectar y aliviar los brotes de dolor en tiempo real. Asimismo, el dispositivo también es el primero de su tipo que se enfoca en el dolor crónico, que a menudo ocurre sin ser provocado por un desencadenante conocido

El doctor Jing Wang, uno de los autores del estudio, declaró que los hallazgos "muestran que este implante ofrece una estrategia eficaz para la terapia del dolor, incluso cuando los síntomas son tradicionalmente difíciles de identificar o controlar”.

Según Wang, se estima que el dolor crónico afecta a uno de cada cuatro adultos en Estados Unidos. No obstante, hasta el momento, los tratamientos seguros y confiables han demostrado ser difíciles de lograr, no arrojando los resultados deseables. Particularmente en el caso del dolor que sigue reapareciendo, las terapias actuales como los opioides pierden eficacia con el tiempo a medida que las personas se vuelven insensibles al tratamiento y además, activan los centros de recompensa del cerebro para crear sentimientos de placer que pueden conducir a la adicción. Los chips cerebrales computarizados, previamente investigados para prevenir ataques epilépticos y controlar dispositivos protésicos, “pueden evitar muchos de estos problemas”, dijo Wang.

¿Cómo funciona?

Esa tecnología, conocida como interfaz cerebro-máquina de circuito cerrado, detecta la actividad cerebral en la corteza cingulada anterior, una región del cerebro que es fundamental para el procesamiento del dolor. Un ordenador conectado al dispositivo identifica automáticamente los patrones eléctricos en el cerebro estrechamente relacionados con el dolor. Cuando se detectan signos de dolor, el ordenador activa la estimulación terapéutica de otra región del cerebro, la corteza prefrontal, para aliviarlo.

Debido a que el dispositivo solo se activa en presencia de dolor, reduce el riesgo de uso excesivo y cualquier posibilidad de desarrollo de tolerancia. Gracias a que el implante no ofrece más recompensa que el alivio del dolor, a diferencia de los opioides, minimiza el riesgo de adicción.

Como parte del estudio, los investigadores instalaron pequeños electrodos en el cerebro de docenas de ratas y luego los expusieron a cantidades de dolor cuidadosamente medidas. Vigilaron de cerca a los animales para ver a qué velocidad se alejaban de la fuente del dolor. Esto permitió a los investigadores rastrear la frecuencia con la que el dispositivo identificaba correctamente la actividad cerebral basada en el dolor en la corteza cingulada anterior y la eficacia con la que podía disminuir la sensación resultante.

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Persona con dolor crónico.

El investigador principal del estudio, Qiaosheng Zhang, explicó que los resultados "muestran que este dispositivo puede ayudar a los investigadores a comprender mejor cómo funciona el dolor en el cerebro. Puede permitirnos encontrar terapias no farmacológicas para otros trastornos neuropsiquiátricos, como la ansiedad, la depresión y el estrés postraumático”.

Además, añadió que las propiedades de detección del dolor del implante podrían mejorarse instalando electrodos en otras regiones del cerebro más allá de la corteza cingulada anterior. Y confesó que la tecnología aún no es la adecuada para las personas, pero que se están llevando a cabo planes para investigar formas menos invasivas con el potencial de adaptarse para uso en humanos.

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