24 de octubre de 2020
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FIN DE SEMANA

Desde Limpiezas El Oeste aseguran que la lejía puede desgastar determinadas superficies y ser dañina para la piel

Los expertos aconsejan dejar de desinfectar el Covid-19 con agua y lejía y empezar a usar ozono como alternativa

La UME preparándose para rociar agua con lejía.
La UME preparándose para rociar agua con lejía.
Desde el 14 de marzo estamos viendo en imágenes de televisión cómo la Unidad Militar de Emergencia (ME) reparte agua con lejía en muchas calles, pero lo ideal sería rociar todos los espacios con producutos inofensivos naturales con el medio ambiente o usar tratamientos de ozono, más complicados de manipular pero de mayor eficacia contra el coronavirus, según los expertos.

La gerente de Limpiezas El Oeste S.L., Lourdes Picazo, transmitía a elcierredigital.com hace unos días su temor de que las limpiezas realizadas por la UME en algunos lugares de España estuviesen usando agua mezclada con cloro y apostaba por el ozono como sustancia desinfectante con una validez altamente contrastada, ya que el uso del cloro están prohibido por la normativa española.

Para ello ponía el ejemplo de países como Mónaco, por ejemplo, "donde usan el ozono para el tratamiento del agua desde 1860 y en la ciudad de Paris desde 1903 además de que reciclan las aguas residuales en agua potable. En la actualidad, la ciudad americana de Los Ángeles cuenta con el mayor sistema de generación de ozono del mundo", asegura Picazo.

El uso de cloro puede provocar efectos perjudiciales en la salud de los trabajadores que los manipulan, en los ciudadanos y en el medio ambiente son bien conocidos y constituyen la principal razón para la búsqueda de productos sustitutivos principalmente en su función desinfectante, y causa por la que está prohibido su uso, excepto para tratamientos de agua. Por eso está prohibido desinfectar con esta sustancia en muchas comunidades autónomas.

Manipular ozono requiere una preparación especial.

Este proceso de búsqueda ha estado marcado por el debate de la sostenibilidad, con el fin de hacer compatible el desarrollo y el equilibrio medioambiental. Algunas alternativas al cloro, como la ozonización y la desinfección con radiaciones ultravioleta están despertando el interés de los expertos.

El ozono se obtiene tanto de manera natural como por medios electrónicos. Y para la limpieza se deben usar otros productos que no sean químicos ni dañosos para el medio ambiente, para lo cual existen aparatos profesionales que consiguen  este equilibrio, eficaz contra la desinfección, a la vez que inocuo para la piel y no afecta a la sensibilidad humana. 

La combinación de estos elementos aplicada allá donde sea necesaria es lo único que posibilita una desinfección bactericida, fungicida y virulicida. aralelamente, desinfectando, desodorizando y esterilizando allá donde se necesite. El ozono no es apto para la persona humana desde el punto de vista que es un gas incoloro e inodoro. En realidad se trata de una variante del oxígeno que tiene tres átomos en vez de dos. Pero hay que tener cuidado porque cuando el ozono se acumula en las capas inferiores de la atmósfera, más aún si es a ras de suelo, se le considera como un contaminante que puede asfixiarnos. Es decir, su uso en lugares habitados no es posible.

                            Los expertos aconsejan comenzar a usar ozono mejor que la mezcla de agua con lejía.

El calor, el sol y la contaminación producida por la industria y el tráfico son los factores más importantes que contribuyen a aumentar la formación de ozono en el aire que se respira. Por eso en verano, especialmente en las ciudades contaminadas y en aquellos lugares que hace mucho calor y poco viento el ozono puede alcanzar cotas que son peligrosas para la salud humana.

La Organización Mundial de la Salud ha establecido que cuando la concentración de ozono en el aire que se respira es superior a los 240 µg/m3 y ésta se mantiene durante más de ocho horas, existe un claro riesgo para la salud: reduce considerablemente la función pulmonar, inflama las vías respiratorias y exacerba el asma, además de favorecer las infecciones respiratorias.

Ozono y agua ionizada todavía no están al alcance de cualquiera y de hecho solo las empresas de limpiezas traumáticas lo tenían en España. Desde el Ejército han explicado que la UME desinfecta con una mezcla de agua con lejía. Hoy en día la lejía, sola o aplicada en soluciones con agua, según los usos a que se destine, sigue siendo de las sustancias más utilizadas para la desinfección, aunque la lejía aunque mezclada con agua es toxica para los humanos y desgasta muchos materiales si se limpia con ella. Por ello hecho existen infinidad de laboratorios que ofrecen productos de una clase o de otra, pero conteniendo la lejía como componente común y atenuando esos efectos de la lejía. Hay que destacar que, según estudios,  el ozono es de 600 a 3.000 veces más efectivo como desinfectante que los productos químicos más utilizados.

El ozono no limpia, sino que desinfecta el aire que respiramos y también el agua. De existir residuos estos deben ser limpiados mediante métodos tradicionales, pero estos estarán ya desinfectados.

Por ejemplo, si algún colectivo ha estado  y está todavía especialmente expuesto al riesgo de contagio del COVID 19 son los dentistas, pues aunque solo están tratando los casos urgentes, es lo cierto que lo hacen boca con boca con los pacientes, posibles transmisores de la infección y en máxima situación de riesgo. Ante ello el Consejo General de Dentistas, la organización profesional aconseja diversas pautas para protegerse contra el COVID-19, distinguiendo que la desinfección comprenda el material y mobiliario de las clínicas con la desinfección de las personas.

Productos para desinfectar

Para la desinfección de material y mobiliario, los expertos recomiendan realizar una dilución 1:50 de una lejía con concentración 40-50 gr/litro preparada recientemente. Estos virus se inactivan tras 5 minutos de contacto con desinfectantes normales como la lejía doméstica, al igual que con el ozono o con el agua ionizada.

Pero para las personas, aplicar así la lejía resulta completamente agresivo y está descartado. Por tanto, recomiendan también sustituir la lejía por el agua oxigenada (H202: peróxido de hidrógeno) y/o el alcohol. Y así hemos de diferenciar:

Para desinfección de piel, manos, muñecas, brazos, cara, cuello y pelo, siempre el lavado con jabón con mucha espuma y durante 20 segundos como mínimo. Cada virus porta una especie de lanzas, gracias a las cuales penetran en las células y con el jabón se destruyen esas lanzas (no el virus) impidiendo que el virus entre en nuestras células que es de lo que se trata.

Para desinfección del resto de la ropa y zapatos que portamos, es decir donde no sea piel, se puede limpiar con una solución mezclada, mitad de agua y mitad de agua oxigenada o mitad de alcohol.

La lejía sí es eficaz contra el coronavirus, pero para aplicar a todo lo que no sea el cuerpo humano o animales, ni siquiera diluido en agua ya que para ello tenemos el alcohol y preferiblemente el agua oxigenada. Mucho mejor el acohol o el agua oxigenada antes que la lejía. Para todo lo demás que no sea el cuerpo humano, sirve la lejía. Pero con una precaución. Si aplicamos lejía tener cuidado de no hacerlo en muebles, cuero, telas, plásticos, metacrilato, asientos de coche y salpicaderos, coches de bebe, etc. etc. etc. ya que por una vez que lo limpiemos con lejía, no pasa nada, pero haciéndolo habitualmente perjudicaremos la esencia de las cosas, perderán el color, la morfología y sus propiedades.

En conclusión la lejía es ideal para metales, cristal, suelos, sanitarios, espejos, encimeras, mármol, aluminio, loza, cerámica pintada, marcos de ventanas metálicos, ladrillo, y todo lo que no pueda ser abrasivo por la lejía. Y dado que escasea agua oxigenada y alcohol, hoy por hoy limpiar todo esto último con lejía. En general, y referido a los metales, se puede utilizar la lejía para todo aquello que no se oxide.

La desinfección con lejía debe realizarse con más periodicidad que con el agua ionizada (ésta ultima dura semanas), pero no debemos preocuparnos por la lejía como vertido tóxico porque después de usarla la depositamos en los fregaderos o inodoros, y en contacto con las aguas residuales, pierde sus propiedades químicas y por tanto no contamina nuestros ríos ni mares.

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