02 de marzo de 2024
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FIN DE SEMANA

El abogado Alberto G. Cebrián explica que "teatralizan relaciones irreales provoca confusión en los hijos en cuanto a las vinculaciones familiares

La 'Falsa Navidad': El 'paripé' vacacional en la mitad de familias españolas que puede acabar en divorcio

El Cierre Digital en
/ Navidad en familia.
Las reuniones familiares pueden ser un caldo de cultivo de malas relaciones y discordia en las que en ocasiones toca fingir comodidad. El abogado de familia Alberto García Cebrián explica que en la mitad de las familias españolas, durante la Navidad se teatralizan relaciones irreales que contribuyen a la confusión de los hijos en cuanto a las vinculaciones familiares y que pueden acabar en divorcios matrimoniales.

Cada vez existen más familias en las que las personas que no se llevan bien evitan situaciones indeseables en las comidas y cenas familiares. Pueden existir verdaderas situaciones de tensión entre familiares que no tienen relación durante todo el año precisamente por que cuanto más se relacionan, peor se llevan, lo que en una comida de Navidad puede ser una bomba de relojería.

Lo mejor sería poder mantener relaciones saludables con toda nuestra familia y con la familia política de nuestra pareja. A pesar de ello, en los casos en los que existen fricciones insalvables lo mejor es consolidar costumbres sinceras con educación y cordialidad que permita que la discordia entre una parte de la familia no sea un foco de conflicto que se contagie entre los demás miembros que tomen partido en favor de una u otra de las partes.

Cuando un matrimonio se divorcia no suele ser algo repentino o sorpresivo. La mayoría de los divorcios “se ven venir” y existen años de decadencia en la que “de mala gana” se comparten eventos familiares como son, muy especialmente, la Navidad.

Cabe destacar las siguientes consecuencias negativas de una falsa Navidad:

·       Tensión:

Nadie gana nada de pasar un mal rato juntos. Las familias deberían de ser capaces de autogestionarse saludablemente, pero cuando no es así, pedir ayuda para tratar de minimizar los problemas e ir potenciando medidas de entendimiento o cuantas menos actitudes de no agresión recíproca.

·       Mal ejemplo para los hijos:

Los hijos no entienden como los adultos se comportan de manera muy diferente en la intimidad del hogar que en cenas y eventos familiares. Nuestros hijos difícilmente entenderán que en privado critiquemos a personas que en público tratemos “como si nos lleváramos bien”.

Sería coherente que no existan criticas internas y que en público se limitara a tener una relación cordial y mostrar educación.

Igualmente sería lógico que existieran diferentes puntos de vista tanto en público como en privado, pero que se gestionaran con sentido común.

También podría ser coherente que una persona con la que mantenemos una muy mala relación, sencillamente se trate de evitar coincidir para evitar situaciones desagradables para todos.

·       Aumento de las posibilidades de que las disputan acaben en divorcio.

En la mayoría de las celebraciones de Navidad en las que personas que se llevan mal, pasan a compartir un supuesto momento de paz y amor navideño, el problema tiene origen en familias políticas.

En España tendemos a no aclarar los malentendidos familiares. Estos malentendidos suelen ir de menos a más retroalimentándose cada vez más con cada relación.

divorcio_postvacional

Divorcio.

Cuando nuestra pareja y nuestra familia de origen se llevan mal, estamos ante un grave problema en el que muchos casos se tienen que elegir entre una relación u otra, pues ambas justas acaban resultando incompatible.

Si nos dedicamos a dinamitar la relación de pareja o la de familia al final lo más normal es que a medio y largo plazo acabe existiendo un malestar disfuncional.

·       Contribución a los conflictos futuros tanto en obligaciones de cuidado de familiares como para derechos en relación a intereses, muy especialmente el cobro de las herencias:

Personas que se llevan mal compartiendo una comida o cena en Navidad puede distanciar más aún a las personas, de manera que se minimizan los puntos de entendimiento, pero se potencia las ganas de enfrentamiento en relación a los intereses que puedan compartir.

Es curioso cómo familias que no se llevan bien acaban desentendiéndose del cuidado de sus padres y personas dependientes, pero en cambio se centran en exigir con asombrosa rigurosidad el cobro de sus derechos hereditarios.

No dedicarse a cuidar a nuestros padres, pero después pretender exigir “lo que nos toca” por ser sus herederos a pesar de no haberse dedicado a compartir un tiempo de calidad con ellos. Las Navidades insanas son un caldo de cultivo en el que se fraguan la mayor parte de discordias familiares futuras.

·       Gasto económico:

Las familias se gastan un dinero muy valioso en pasar un mal rato juntos. La mayoría de las familias cuentan con una mala situación económica en la que hay que hacer un gran esfuerzo para llegar a final de mes.

Que una familia que tiene que ajustarse el cinturón a lo largo del año para hacer malabares para que sus ingresos atiendan a sus gastos, se destine un valioso dinero para una celebración familiar en la que, en vez de disfrutar de un momento de unión y felicidad, se consoliden actitudes disfuncionales en las que personas a las que no les apetece verse hacen la escenificación de la idealización de familia perfecta.

·       Consejo para evitar una falsa Navidad:

Tratar de rebajar la tensión de las relaciones participando de la manera más saludable posible en sólo aquellas que sea viable. Si cada vez que se produce un contacto se rebaja la tensión y, cada tema que puede ser un conflicto se evita profundizar en la discordia, ya es un gran paso.

No podemos evitar ser familiares, es algo que no se elige, pero lo que si depende en gran medida de nosotros es de cómo nos comportemos, pues nuestro comportamiento provocará una reacción en los demás.

Unas Navidades menos exageradas en las familias disfuncionales, siendo más realistas, reduciendo las celebraciones hasta donde sean sanas logrando sortear temas incómodos que provocarían conflicto, para ser lo más prudentes y amables que se pueda.

Con nuestro ejemplo, si podemos moldear unas Navidades, que al menos para nosotros, no sean una teatralización por compromiso, sino una reunión de familiares que tienen la educación, saber estar y madurez suficiente como para poder sentarse en la misma mesa en aras de fomentar la cordialidad familiar.

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