24 de octubre de 2021
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FIN DE SEMANA

Esta enfermedad tóxica dejó 5.000 muertos y 20.000 afectados de por vida en el mayor escándalo sanitario y alimentario de la historia de España

Síndrome de la colza, 40 años: Víctimas rechazadas, olvidadas, ninguneadas y abandonadas

Protesta de víctimas de la colza.
Protesta de víctimas de la colza.
La obsesión por ganar dinero jugando con la salud de las personas hizo que una serie de empresarios de la industria del aceite vendieran sin control aceite industrial haciéndolo pasar como apto para el consumo humano. Esta práctica provocó un gran número de afectados y fallecidos tanto en España como en ciertos países de Europa, a día de hoy los afectados todavía sufren las consecuencias. Con ellos todavía no se ha hecho memoria histórica.

Carmen Cortés, coordinadora de la Plataforma de las Víctimas del Síndrome de Aceite Tóxico, SAT, habla sin tapujos: "Estamos en el abandono y el olvido desde hace 40 años, pero es que ahora tampoco se remedia. El último desplante ha sido el voto en contra de VOX y el sí del resto de fuerzas políticas en Alcalá de Henares a crear un lugar público de dignificación de las víctimas, porque argumentan que ya hemos cobrado las indemnizaciones, lo que demuestra la ignorancia de mucha gente respecto a nuestra situación". A Carmen Cortés la enfermedad la sorprendió con 14 años. Estuvo ingresada 10 meses y perdió 20 kilos. “A los niños de la colza nos hacían el vacío en el colegio, nadie se acercaba a nosotros en los recreos, éramos como apestados", recuerda a elcierredigital.com.

El síndrome tóxico, como fue bautizado, se detectó en la primavera de 1981. El primer fallecido, un niño de Torrejón de Ardoz, se contabilizó oficialmente el 1 de mayo, aunque otras voces indican que el primero fue el 27 de abril. Hubo cinco mil muertos y más de 20 mil afectados, aunque las cifras reales son casi imposibles de averiguar por la falta de estudios médicos o estadísticas que recojan la enfermedad.  Hasta el 12 de junio no se conoció la causa, una mezcla de aceites industriales no aptos para el consumo.

Hasta que se descubrió el origen hubo muchos desatinos, como las declaraciones del entonces ministro de Trabajo, Sanidad y Seguridad Social, Jesús Sancho Rof, que llegó a decir en televisión que "el mal lo causa un bichito. Es tan pequeño, que si se cae de la mesa, se mata". En aquellos momentos el Gobierno no tenía ni idea de la causa de aquellas muertes y en lugar de reconocer su ignorancia, el ministro inventó una explicación nada científica, que años después continúa indignando a los afectados.

   Carmen Cortés, de la Plataforma de Afectados.

El 30 de marzo de 1987 comenzó el juicio a los 41 acusados del envenenamiento masivo con aceite de colza en la Audiencia Nacional. La sentencia tardó 11 meses en estar lista. El juez de la Audiencia Nacional Alfonso Barcala tardó cinco años en concluir el sumario, que ocupó 100.000 páginas.

El 20 de mayo de 1989 se dio a conocer la sentencia del juicio, en ella, tan solo tenían que cumplir penas de cárcel dos de los acusados, ya que los demás, o fueron absueltos o ya habían cumplido condena durante el periodo de prisión preventiva. Esta sentencia no dejó contentos a los que sufrieron esta pesadilla, pues una parte de los 18.000 inscritos en el censo oficial de afectados se movilizaron para protestar contra ella tachándola de “fraude” e incluso apedrearon el autobús en el que viajaban los acusados.

Tres años después de que se conociera la sentencia, el Tribunal Supremo amplió las condenas y elevó las penas de algunos de los aceiteros que se declararon insolventes para no hacer frente a las indemnizaciones. Debido a esto, los abogados de los afectados exigieron responsabilidades al Estado por las negligencias de sus funcionarios. Finalmente se condenó a dos funcionarios y a la Administración a restituir el total de las indemnizaciones como responsable civil subsidiario, una condena que se demoró 16 años.

La enfermedad de la colza es uno de los mayores escándalos alimenticios de la historia de nuestro país, el cual supuso un desafío para las autoridades sanitarias y del que se cumplen 40 años. El 27 de abril de 1981 se produjo el primer fallecimiento a causa de este síndrome que tuvo lugar en la Comunidad de Madrid y que, en un primer momento, no fue relacionado con el síndrome del aceite tóxico. La verdadera causa del fallecimiento no se descubriría hasta un mes y medio más tarde, cuando la intoxicación se había propagado por Madrid, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Ourense y Cantabria principalmente. Las autoridades sanitarias descubrieron que la causa del fallecimiento y de las intoxicaciones producidas era el consumo de aceite de colza adulterado. En realidad, todas las comunidades autónomas tienen algún afectado y en España se agrupan en redes sociales, como Twitter, bajo el perfil Seguimos viviendo, @sindromecolza.

Miembros de la Plataforma de Afectados por el Sindrome de la Colza en una jornadas.

Las empresas implicadas en este proceso mezclaban varios componentes para procesar el aceite, el cual era desnaturalizado y posteriormente refinado fraudulentamente para su venta al público. Vendían sin ningún tipo de control un aceite industrial para ser consumido como alimento. Las investigaciones apuntan a que la anilina fue el principal componente que causó las intoxicaciones, pero nunca quedó del todo claro.

Pese al descubrimiento de la causa de las intoxicaciones y a la retirada de casi 20 marcas de aceite, muchos productos contaminados seguían en circulación, lo que produjo que solo a mediados del mes de septiembre de 1981 este síndrome sumara más de 130 muertos y más de 1.000 ingresos hospitalarios.

Algunos afectados por la colza.

La lucha y el trabajo de las autoridades dio sus frutos, ya que, un año después, el número de personas ingresadas en la UCI en Madrid no llegaba a 40. Pero acabar con el aceite no iba a solucionar todos los problemas ya que la preocupación por las secuelas que podía dejar esta intoxicación se convertió en el asunto más importante a tratar. Secuelas como calambres, insomnio, problemas en las articulaciones o daños en órganos como el estómago, el hígado o el páncreas. Además, un 5% de los familiares afectados por este síndrome tenían síntomas de la enfermedad.

Así llegó a su fin una tragedia que demostró al mundo el peligro que supone una ambición desmedida por el dinero cuando se pone en riesgo la salud de las personas y la importancia de los controles exhaustivos a los productos alimenticios. Pero la tragedia, cuarenta años después, no ha terminado. "La enfermedad nunca se cura, las enfermedades que tenemos son degenerativas y nuestro futuro es incierto, envejecemos más rápido que el resto de las personas", explica Carmen Cortés.

El único monolito de España está en Vallecas y se hizo gracias a la alcaldesa de entonces, Manuela Carmena.

Lo cierto es que las víctimas de la colza parecen víctimas de segunda en España, lejos de cualquier reconocimiento especial u homenaje de Estado. "Se nos señalaba y apartaba, las víctimas que no ejecutaron la sentencia cobran las ayudas y las pensiones y quienes siguieron adelante solo las indemnizaciones "curativas", pero nadie nos explicó las diferencias y hay un agravio comparativo incluso entre víctimas", recuerda Cortés. El descaro de las autoridades de la época llegó hasta el extremo de descontar de las indemnizaciones los gastos médicos, en torno al 25 por ciento. "Por descontar nos cobraron hasta las prótesis. ¿Se imaginan que a cualquier víctima de ahora el Estado les descontase algo de una indemnización?", denuncia indignada Carmen Cortés.

La colza dejó miles de hombres y mujeres que nunca pudieron volver trabajar y que tuvieron que sobrevivir con una pensión similar al Ingreso Mínimo Vital (IMV). La coordinadora de la Plataforma añade que "nuestros muertos fueron los más baratos del Estado. Habría que preguntar por qué se destruyó lo que quedaba del aceite el año pasado en una nave de Alcorcón. De momento, hasta la fecha, la composición del aceite no se ha podido replicar en ningún laboratorio".

Afectados por la colza.

Uno de los problemas arrastrados durante los cuarenta años que han pasado desde la primera muerte es que la enfermedad y sus secuelas nunca se han estudiado desde el punto de vista científico. "No hay un estudio serio que diga si las secuelas se heredan o cómo la enfermedad afectó a los hijos nacidos de mujeres afectadas, por ejemplo", añade Carmen Cortés. Gracias a la lucha de los afectados se creó la Unidad Funcional del hospital Doce de Octubre que atiende a enfermos de toda España.

La Plataforma de las Víctimas del Síndrome de Aceite Tóxico, SAT, pide una reparación moral a las víctimas, "ni siquiera aparecemos en los libros de historia, sufrimos muchos desprecios, nos llegaron a decir que la culpa era nuestra por comprar aceite barato, nunca vamos a completar una vida laboral normal, la medicación que tomamos es agresiva y cualquier afectado daría todo el dinero del mundo por recuperar su salud y llevar una vida normal, la mayoría de fallecidos sufrieron hipertensión pulmonar, así que imagina el miedo que tenemos a contraer ahora el COVID", concluye Cortés.

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