05 de marzo de 2021
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FIN DE SEMANA

En España la depresión afecta a uno de cada cinco mujeres y uno de cada diez hombres y cada día se suicidan diez personas y otras 200 lo intentan

Riesgos de otra pandemia: Aumentan las secuelas que está dejando la Covid-19 en la salud mental de los más jóvenes

Imagen de persona triste
Imagen de persona triste / Licencia libre
Ahora que se conoce que los toques de queda, los confinamientos y las cuarentenas se alargarán en toda Europa más tiempo del esperado, los expertos en salud mental están preocupados por la posibilidad de que se produzca un desgaste grave en la salud mental de los jóvenes, que según indican numerosos profesionales del sector, son los más afectados por la pandemia y por sus medidas.

Los jóvenes son los que mayor sacrificio están realizando para proteger a los mayores, que son más débiles ante el coronavirus. Sufriendo las consecuencias de una vida social restringida a las que se añade el periodo de incertidumbre en el que se encuentran, muchos temen estar perdiendo demasiado tiempo de sus mejores años de vida. En todo el mundo, los jóvenes han visto como menguaban sus oportunidades económicas y laborales a la vez que han perdido experiencias importantes para la formación de su futura identidad.

En países como Italia y los Países Bajos, las consultas psiquiátricas juveniles están abarrotadas. En Francia, los psiquiatras instaron a las autoridades a reabrir las escuelas como medida contra la soledad. Y en Gran Bretaña, algunos terapeutas reconocen haberles aconsejado a sus pacientes que rompan el confinamiento para descomprimir un poco su situación.

En Estados Unidos, el 25% de los jóvenes entre 18 y 24 años dice haberse planteado seriamente el suicidio. En Latinoamérica y el Caribe, una encuesta realizada por UNICEF sobre 8.000 jóvenes, reveló que más del 25% había experimentado ansiedad y un 15% depresión.

En España, la depresión afecta a 1 de cada 5 mujeres y 1 de cada 10 hombres. “Se estima que en 2050 esta enfermedad será el principal problema de salud, lo que la convierte en una prioridad de salud pública”, advierte la doctora Ana González-Pinto, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica.

La OMS observó un aumento de la angustia en las personas de un 35% en China, un 60% en Irán y un 40% en Estados Unidos, tres de los países más afectados por la pandemia.

Las variaciones que esta pandemia acarreará en los índices de suicidio, depresión y ansiedad aún no pueden ser cuantificados. En España, por ejemplo, el INE no publicará los datos hasta dentro de dos años, pero se augura que sean muy negativos.

Causas del deterioro mental

La mayoría de los países afrontaban el otoño con la sensación de haber pasado ya lo peor basándose en el bajo número de nuevos contagios, y no se esperaban la llegada de una oleada mucho peor. Este jarro de agua fría terminó con la ilusión creada de que las restricciones más duras acabasen pronto y de estar más cerca de la antigua normalidad.

La cuarentena, al principio supuso para muchas personas un pequeño descanso del estrés laboral o escolar. Pero el paso del tiempo y el mantenimiento de la situación sin un final a corto plazo,  ha provocado en la ciudadanía una considerable ansiedad, que siente no tener control alguno de la situación.

A los más jóvenes les han cerrado colegios y universidades y aunque los exámenes y las clases se han mantenido, la parte más social, sus actividades de desconexión y sociabilización han desaparecido o se han visto mermadas considerablemente. Esto ha provocado en muchos de ellos sensaciones de agobio y culpabilidad y en otros,  una notable desmotivación para estudiar, haciéndose preguntas como: ¿Para qué estudiar y tener un título si igual no va a haber trabajo para nadie?

Según los estudios, una de las principales causas de trastornos mentales durante esta pandemia es la soledad, y los jóvenes han dejado de quedar con sus círculos más cercanos de forma drástica y las parejas no convivientes han estado separadas más tiempo de lo que nunca lo habían hecho. A esto se le unen los miles de casos de personas (también jóvenes) que han perdido el trabajo o a algún familiar a causa del Covid-19, en este segundo caso acrecentado el dolor al no haber sido posible la reunión y el apoyo directo de los familiares, ni la celebración de ningún ritual de despedida en honor a la persona fallecida. Este sentimiento de soledad hace a la gente sentirse vacía, sola e inútil, llevándolos en muchos casos a la desesperación.

La situación en España 

En enero de 2020, cuando se pensaba que el coronavirus solo afectaría a China, el Defensor del Pueblo pidió al Gobierno y a las comunidades autónomas que se aumentase la inversión en sanidad mental. Según su informe, la ratio de psicólogos por habitante no ha aumentado prácticamente en los últimos diez años. Aunque el panorama es diferente en cada comunidad autónoma, han calculado que en nuestra sanidad pública hay seis psicólogos por cada 100.000 habitantes: Tres veces menos que la media europea.

En el Teléfono de la Esperanza nunca habían estado tan saturados como en estos meses anteriores, habiendo aumentado las llamadas por crisis ansiosas y estados depresivos en un 45%.

Según el estudio «Beyond 2020: Global Youth - Voices & Futures» realizado por ViacomCBS para medir el impacto del coronavirus en la vida de los jóvenes entre 16 y 24 años, el 45% de los españoles de esta franja de edad están estresados y el 41% ha participado en una conversación sobre su salud mental o la salud mental de otra persona.

Antes de la pandemia, el suicidio ya podía considerarse un problema en España. Cada día en este país se suicidan 10 personas y se estima que otras 200 lo intentan. Desde hace años es la primera causa de muerte no natural en nuestra nación, sus víctimas casi doblan a las de los accidentes de tráfico, según los datos de 2018. Sin embargo, la salud mental apenas recibe el 5% de la inversión en sanidad.

Los especialistas coinciden en que es imprescindible un plan nacional de prevención del suicidio. Ahora mismo, según la Fundación Española para la Prevención del Suicidio, solo nueve comunidades autónomas tienen planes específicos en este asunto.

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