21 de abril de 2024
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FIN DE SEMANA

Las condiciones de esta cárcel situada en el círculo polar ártico son extremas debido al frío y a la incomunicación del enclave

El infierno de 'El lobo polar', la prisión siberiana donde Rusia retiene al opositor Navalni

Fotografía de la cárcel conocida como
Fotografía de la cárcel conocida como "El lobo polar" en Siberia, donde se encuentra el opositor ruso Alexéi Navalni
Conocido como uno de los líderes de la oposición a Vladimir Putin en Rusia, Alexéi Navalni ha vuelto a reaparecer tras un mes sin noticias de su paradero. La polémica ahora recae sobre las duras condiciones de la nueva prisión de Navalni, situada en Siberia y prácticamente incomunicada con el exterior. Las extremas temperaturas que se alcanzan en la región le han valido a la cárcel IK-3 el sobrenombre de “El lobo polar”. A pesar de todo, el opositor ruso se muestra optimista con la situación.

A pesar de que las noticias sobre Rusia están mayoritariamente relacionadas con su invasión del territorio ucraniano, las polémicas internas de uno de los países más herméticos del mundo se siguen acumulando. Hace escasas semanas, la alarma social saltó cuando el opositor al Gobierno de Putin, Alexéi Navalni, había desaparecido de la prisión en la que se encontraba cumpliendo condena. Ahora, Navalni ha reaparecido en una de las cárceles más conocida de Rusia por sus condiciones extremas, casi incompatibles con la vida humana en algunos aspectos. Esta cárcel se sitúa en una región inhóspita llamada Kharp y recibe el sobrenombre de “El lobo polar”.

Durante el invierno en Kharp, una pequeña localidad ubicada al noreste de la cordillera de los Urales, el sol apenas se asoma por encima del horizonte, lo que ya muestra que las temperaturas en esta región son extremas. Kharp se encuentra al norte del círculo polar ártico, en Siberia, y es en este lugar donde se encuentra la prisión donde el líder opositor ruso ha sido enviado después de haber estado desaparecido durante casi un mes.

La prisión, conocida como "El lobo polar" y oficialmente llamada Colonia penal IK-3, fue construida en los años 60 como parte del sistema penal gulag utilizado por el régimen soviético para enviar a opositores políticos y presos comunes a trabajos forzados. Según informes presentados por diversos medios de comunicación locales, se considera una de las prisiones más duras de Rusia en la actualidad, y la mayoría de sus reclusos están cumpliendo condenas por delitos graves. Además de su lejanía física del centro del país, Kharp se encuentra a 3.200 km de Moscú, la prisión enfrenta condiciones meteorológicas extremas, con temperaturas que pueden llegar a los 30 grados bajo cero durante el invierno.

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La cárcel IK-3, conocida como "El lobo polar"

Las reacciones internacionales no se han hecho esperar, comenzando por los propios colaboradores del opositor ruso, que se ha convertido en un símbolo anti Putin. En concreto, Leonid Volkov, uno de los asistentes de Navalni, ha declarado en redes sociales que las condiciones en la prisión son duras y que los presos cuentan con un régimen especial debido al permafrost -terreno completamente congelado y conformado por rocas y tierra-. También ha destacado la dificultad de los reclusos de IK-3 para comunicarse con el exterior, ya que llegar hasta allí es muy difícil y no existen sistemas de entrega de cartas.

El opositor Navalni, encarcelado desde que regresó al país desde Alemania en 2021, antes de recalar en esta prisión estaba en una situada a 235 km de Moscú. Un año antes se determinó que había sido víctima de un intento de envenenamiento con un agente nervioso, aunque el Kremlin ha negado cualquier responsabilidad en el fallido asesinato. 

El pasado mes de agosto, Navalni fue condenado a 19 años de cárcel por diversos delitos, incluyendo financiación de actividades extremistas. Esta condena se suma a la de tres años de cárcel por el incumplimiento de una sentencia por fraude y del régimen de libertad condicional que le impusieron en 2014.

Sus partidarios acusan al Gobierno de Vladimir Putin de reprimir al líder opositor más conocido del país, especialmente en el contexto de las elecciones presidenciales que se celebrarán el próximo mes de marzo en el país. Paradójicamente, Navalni se muestra positivo ante este traslado, de hecho, bromeó a través de las redes sociales con ser el “Papá Noel” de la cárcel el pasado 26 de diciembre a través de X (antiguo Twitter).

Quién es Navalni 

Alexéi Navalni se ha convertido en un símbolo contra el Gobierno de Vladimir Putin en Rusia. Navalni es abogado y político y algunos medios de comunicación internacionales lo han llegado a situar como el líder de la oposición rusa. 

En las elecciones a la alcaldía de Moscú en 2013, obtuvo el 27,24% de los votos. Dos años antes, en 2011, fundó una organización no gubernamental llamada Fundación Anticorrupción, que tiene como objetivo perseguir la corrupción que involucra a funcionarios, autoridades y empresas rusas controladas por el Estado ruso. Utiliza su blog para organizar peticiones masivas de los ciudadanos en respuesta a lo que él percibe como los principales problemas del país, especialmente relacionados con la corrupción política. 

En más de una ocasión, las denuncias de Navalni han evidenciado que estos problemas parecen ser ampliamente ignorados por los funcionarios, autoridades y empresas estatales, a pesar de que, según expone Navalni en sus reivindicaciones, violan las leyes de la Federación de Rusia. Según los registros del Índice de Percepción de la Corrupción, Rusia obtuvo en 2022 una puntuación de 72 sobre 100, ocupando uno de los puestos más bajos de su entorno geográfico.

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Fotografía de Alexéi Navalni durante una movilización

Uno de los puntos fuertes del mensaje de Navalni, y una de las insignias que lo han acompañado desde sus inicios en la política, es el apoyo a la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo en Rusia, y es el único político ruso que puede decirlo, pues la homosexualidad sigue siendo duramente reprimida en el país, sobre todo desde los estratos políticos. 

En 2020 Navalni tuvo que ser hospitalizado en Siberia tras sufrir un envenenamiento, del que la Federación Rusa se desvinculó por completo y de la que en todo momento negó tener nada que ver. Poco después fue trasladado en un avión medicalizado a Alemania, donde se recuperaría de los efectos del envenenamiento fallido. No fue la única vez que Navalni denunció haber sido envenenado, pues en 2019 también sufrió los efectos de un posible envenenamiento con síntomas como una extrema hinchazón de los párpados y abscesos en múltiples zonas de su cuerpo.

Al volver a su Rusia natal, en enero de 2021, fue detenido por las autoridades rusas por un supuesto incumplimiento de condena, procedimiento que tenía abierto antes de ser envenenado y en el que paradójicamente se le acusaba de corrupción. Diversos medios de comunicación internacionales expusieron que Navalni estaba al tanto de que podía ser detenido una vez pisara suelo ruso, sin embargo, decidió seguir con su plan de volver a casa.

Finalmente, tras permanecer entre rejas más de un año a la espera de juicio, fue sentenciado a nueve años de prisión por fraude y desacato a tribunales rusos en marzo de 2022. Tras el juicio celebrado el pasado mes de agosto, el opositor ruso se enfrenta a una nueva condena de 19 años de prisión.

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