22 de enero de 2022
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FIN DE SEMANA

EL PSICÓLOGO JORGE LÓPEZ-VALLEJO ANALIZA LAS CLAVES PARA EVITAR ESTA LACRA DE LA SALUD MENTAL, QUE CADA VEZ SE COBRA MÁS VIDAS

El suicidio, un grave problema tabú en España: "Si lo hablamos, evitamos el riesgo de hacerlo"

El suicidio en España, desde la llegada de la pandemia, se encuentra cada vez más presente y se ha hecho más visible en determinados colectivos: agentes de los Cuerpos de Seguridad del Estado, deportistas y sobre todo jóvenes. El psicólogo Jorge López-Vallejo explica para elcierredigital.com la importancia de reconocer lo que le ocurre a nuestro cuerpo y mente y los mitos que giran alrededor del tema del suicidio, todavía un problema de salud mental tabú en nuestra sociedad.

El suicidio y los intentos de suicidio representan un problema muy grave de salud. Para el propio sujeto, puede significar la única vía de salida que vislumbra para acabar con su sufrimiento; para los familiares, sobre todo para los padres, esposos o esposas, el suicidio consumado es el inicio de una tortura de por vida, de la que difícilmente se recuperan.

Tenemos un ejemplo en Hemingway, que hizo uso de una estrategia de vida que no resultó útil para él, o en personas deprimidas educadas y muy inteligentes, que han ido a las mejores universidades y han tocado con la mano el mayor de los éxitos. Aún con brillantes resultados académicos, formación internacional, proyectos ambiciosos y dinero –tienen o han tenido todo en la vida-, se sienten abrumadas, deprimidas, asustadas…, han desarrollado  una continua sensación de angustia existencial.

Esta percepción de su existencia les genera conflictos con sus cónyuges, compañeros y amigos, fracasan profesionalmente, temen enfermar y sufren ataques de angustia o pánico con evidentes problemas psicosomáticos.

Hemingway, era un hombre muy inteligente y creativo, lo tenía todo, pero estaba muy deprimido, de hecho, le tentaba el suicidio. Había escrito sobre este tema desde sus primeros años pero no lo llevó a cabo hasta la vejez, ya muy enfermo. Había decidido seguir vivo, pensó que podría tener una vida interesante y se embarcó en continuas aventuras, luchó en guerras y participó en numerosos safaris. Donde sucedía algo que consideraba interesante y conllevara algún riesgo, allí se encontraba Hemingway.

Un reto para psicólogos y especialistas

“El suicidio es un acto deliberado con desenlace fatal que es intentado y llevado a cabo por una persona con plena conciencia de las consecuencias definitivas de ese acto” (Organización Mundial de la Salud).

Aparentemente el suicidio es la solución más permanente para dejar de sufrir ante un intenso dolor que no se alivia. Puede ser el resultado de una planificación o de un acto impulsivo, ambas conductas tienen un común denominador, la idea de que con este acto el protagonista se librará del dolor y que sus seres queridos descansarán de sus problemas.

El reto de los psicólogos es ayudar a los familiares a detectar y prevenir la conducta suicida en toda la población y no sólo en personas que han sido diagnosticadas de algún trastorno mental o que han pasado por la consulta del médico. El objetivo es que los familiares puedan advertir las señales de alerta verbales y no verbales de la posible conducta suicida.

La primera manera de avanzar en el conocimiento del suicidio es dejar de considerarlo como un tabú o una conducta moralmente inaceptable, prohibida y castigada, y considerarlo como cualquier otro problema de salud que no debe de ser escondido, del que se pueda hablar sin sentir vergüenza, para detectar e idear estrategias de prevención o, en definitiva, obtener armas para controlarlo y erradicarlo.

El miedo es uno de los principales factores que alimentan que el suicidio sea un tabú, y el miedo lleva como principal estrategia la evitación, que significa literalmente ponerse una venda en los ojos dejándonos ciegos frente a los posibles signos de sufrimiento de un familiar. En algunas familias, entornos sociales, trabajo, sólo hay cabida para las emociones positivas y se castiga con la indiferencia cualquier expresión de tristeza por parte de sus miembros que ejercido de manera sistemática y rígida produce mucho malestar.

Falsos mitos sobre el suicidio

Es necesario conocer los mitos o creencias erróneas sobre la persona que tiene ideas de suicidio:

Mito 1. Preguntar si se está pensando en suicidarse incita a hacerlo.

Normalmente el miedo nos impide hacer esta pregunta, pero está demostrado que hablar sobre estos pensamientos disminuye el riesgo de cometer suicidio porque preguntar a un familiar sobre sus emociones y pensamientos le hará sentir que nos importa, y con su respuesta estará verbalizando su malestar y podrá aliviar su tensión.

La actitud del familiar debe ser escuchar, no juzgar, ni discutir o minimizar sus ideas, lo que le indicará que nos preocupa y que queremos ayudarle.

Mito 2. Si la persona expresa su deseo de acabar con su vida nunca lo hará.

La mayoría de las personas que se han intentado suicidar lo han comunicado a alguien, bien con palabras, o amenazas, o gestos, o cambios en su conducta. Aunque en ocasiones pueden ser consideradas como una manipulación para obtener algo determinado, estas verbalizaciones hay que tomarlas en serio.

Mito 3. La persona que se quiere suicidar no lo dice.

La evidencia es que 9 de cada 10 personas que se suicidan declaran sus intenciones, dando avisos evidentes de sus intenciones. Si alguien de nuestra familia amenaza con autolesionarse, debemos tomarnos en serio sus palabras y preguntar por ello e intervenir directamente.

Mito 4. La mayoría de los suicidas no avisan.

El suicidio puede realizarse impulsivamente o planificarse cuidadosamente pero siempre existen signos directos o indirectos, verbales o no verbales, pistas de riesgo. Y podemos hacer algo para prevenirlo. Por ello es importante detectar las señales de alerta de riesgo inminente y conocer los factores que aumentan o disminuyen su aparición.

Mito 5. Sólo las personas con problemas graves se suicidan.

Para cada persona su problema es el más importante, aunque a nosotros nos parezca mínimo. El suicidio es multicausal, ciertos acontecimientos pueden ser estresantes para una persona y no lo serán para otra, por ejemplo, el nacimiento de un hijo puede desencadenar sentimientos de alegría o de profunda incapacidad de afrontamiento.

Valorar desde nuestra visión lo que para otros puede ser grave o menos grave, puede llevar a que infravaloremos su dolor. Aprendamos a identificar las señales de alerta sobre la presencia de pensamientos de suicidio.

Alertas propias de un posible suicida


Hay estudiadas y claras señales de alerta verbales y no verbales que nos pueden indicar que alguien está pensando en suicidarse:

• Comentarios y verbalizaciones negativas sobre el daño que están haciendo a sus familiares: “Estarías mejor sin mi”, “Soy una carga para los demás”, “No tengo derecho a hacerte daño”, etc.

La persona con ideas de suicidio tiene la creencia y el convencimiento de que producen sufrimiento directo a sus familias y por lo tanto, estarían mejor sin él. Por eso, es muy importante hacerles ver que sobre todo su muerte es lo que les va a destrozar la vida.

• Comentarios o verbalizaciones relacionados con el acto suicida o la muerte: “Me gustaría desaparecer”, “Quiero descansar”, “No deseo seguir viviendo”, “Me pregunto como sería la vida si estuviese muerto”, “Quiero quitarme la vida pero no sé cómo”, “Después de pensar mucho ya sé como quitarme del medio”, “No merece la pena seguir viviendo”.

• Comentarios y verbalizaciones negativas sobre sí mismo o su vida: “No valgo para nada, “Soy un inútil”, “Mi vida no tiene sentido”, “Estoy cansado de luchar”, “Toda mi vida ha sido inútil”. Estas expresiones muestran una visión de túnel, ven sólo los aspectos negativos, están centrados en sus errores y fracasos, obviando las cosas que han hecho bien y generalizando a todas las situaciones de su vida.

• Comentarios o verbalizaciones negativos sobre su futuro: “No hay solución”, “Quiero terminar con todo”, “Las cosas no van a mejorar nunca”. La persona piensa, siente, que el presente lleno de angustia es el mismo futuro.

Cambios repentinos de conducta como irritabilidad, ingesta de alcohol en cantidades superiores a las habituales y con una frecuencia inusual; o periodos de calma repentinos cuando previamente ha presentado mucha agitación.

• Aparición de laceraciones recientes en alguna parte del cuerpo.

• Regalar objetos muy personales, preciados y queridos.

• Cerrar asuntos pendientes.

Despedidas verbales o escritas: “Quiero que sepas que en todo este tiempo me has ayudado mucho”, “Te quiero muchísimo y siempre te querré”.

• Preparación de documentos para cuando uno no esté (testamento, seguro de vida etc.)

Si sospecha que su familiar se encuentra en una situación de riesgo suicida no le deje sólo y póngalo en contacto con los servicios de salud mental, el médico y el psicólogo son los especialistas indicados para ayudarle. También existen asociaciones expertas en ayuda para estas situaciones, como el Teléfono de la Esperanza.

La pandemia aumenta la tasa de suicidios

Las cifras de suicidios no ha hecho más que crecer a raíz de la pandemia del coronavirus. Según los expertos, los casos de ansiedad, sobre todo en jóvenes, se han multiplicado derivando en el suicidio, siendo ya la primera causa de muerte en este grupo.

Tal y como presentó en septiembre de 2021 el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, las tentativas de suicidio y autolesión en población infantil y joven han aumentado un 250% a causa de la pandemia. Además, apuntó que se necesitan más medios para hacer frente a esta "epidemia silenciosa", a la que España tan solo dedica un 5% de presupuesto sanitario para atajarla.

Otro de los grupos que en los últimos meses ha mostrado ser de los más afectados por el suicidio es el de los agentes de los servicios de seguridad del país, colectivo en el que, como presentó elcierredigital.com el pasado mes de septiembre, hasta once agentes se quitaron la vida en tan solo dos meses.

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