22 de octubre de 2020
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FIN DE SEMANA

Este lunes muchos españoles volverán a la actividad y lo mejor será dar pequeños pasos al principio porque tardaremos varios meses en estar como antes

Vuelta al trabajo: El alto coste psicológico de ponerse en marcha y evitar los estados de agorafobia

Volver a la calle será todo un reto para mucha gente.
Volver a la calle será todo un reto para mucha gente.
Eva Milla, máster en Psicopedagogía Clínica, perito Judicial en Intervención social y mediadora social en educación afectiva, explica en este artículo la patología que pueden sufrir algunas personas con el levantamiento de las medidas de confinamiento, la agorafobia o miedo a los espacios al aire libre. Para ello habrá que comenzar saliendo a la calle por espacios cortos e ir acostumbrándonos de nuevo a volver a la realidad cotidiana anterior al 14 de marzo.

El fin del confinamiento será paulatino y se hará de forma escalonada con cuidado para no despertar al virus de nuevo cuando hayamos conseguido que los contagios bajen de forma significativa, los hospitales se despejen y no haya muertos por coronavirus. 

Esperemos que  la reinserción social se haga de forma escalonada y por orden de profesiones prioritarias para el normal funcionamiento de la sociedad. Una apertura de la población activa de golpe, puede llevar aparejada un problema social importante de estrés y ansiedad ante los nuevos retos que surgirán cuando toque salir de nuevo a la vida. El trabajo que se ha perdido, el negocio que se ha cerrado , los créditos que se deben, la suspensión del curso de los hijos, son todas circunstancias que ahora tenemos aparcadas y que por obligación las cabezas han puesto también en cuarentena ante la imposibilidad de arreglar nada desde casa y en la situación de confinamiento actual. 

La cuarentena, lleva implícito un parón metal como recurso emocional para salvarnos de volvernos locos. La mayoría de las personas han asumido que ahora toca estar en casa, resistir sin salir, descansar y ser lo más feliz que se pueda tratando de llegar a final de mes con las neveras llenas y las necesidades vitales cubiertas incluidas las de gestionar los miedos y las inseguridades frente al futuro. Así de sencillo, no pensar, procurar ser lo mas feliz posible y esperar que nos digan que podemos movernos. 

La agorafobia es el miedo a los espacios abiertos.

¿Qué pasará entonces? ¿Qué va a pasar cuando nos digan que este periodo de hibernación ha terminado? ¿Cuando debemos salir ahí fuera y empezar a reconstruir nuestra economía y el sinfin de situaciones personales que se han quedado congelados desde el 14 de Marzo? El ser humano acepta roles y se adapta, y ahora se trata de vivir superando el confinamiento, por lo que es habitual escuchar frases como “bueno, esto es lo que toca, cuando todo esto acabe ya veremos lo que hacemos”. 

El pensamiento esta parado entre las paredes de nuestros hogares y ponerlo en marcha va a tener un coste psicológico alto, con un desgaste emocional desconocido, como desconocido es lo que nos toca vivir. Es importante saber lo que nos puede ocurrir para ir gestionándolo y poniéndoles solución. La acomodación a la congelación vital, es un hecho. La gente se siente unida en la distancia, solidaria, preocupada por el minuto a minuto, por las noticias de la tele, por los vídeos que nos mandan por lo que va a comer o por las conversaciones que tendrá hoy por teléfono. Reina el aquí y ahora, luego ya veremos.

El peligro de la agorafobia 

Es bueno que la reincorporación sea paulatina, que nos dejen ir saliendo a la calle a dar una vuelta, al parque con los niños,  salir al campo,  a ver a nuestros familiares queridos y a trabajar despacio, porque si el pistoletazo de salida se da de golpe podemos encontrarnos por no saber ni por donde empezar a solucionar lo que está varado, lo que se ha perdido, las deudas contraídas, o las cuestiones legales que se ha quedado estancadas.  

La agorafobia que se puede producir en muchas personas es un peligro real. No es solo el miedo a enfrentarse a espacios abiertos porque se amplia el campo visual o físico más allá de la zona de confort que hayamos podido generar en nuestros hogares con nuestros seres queridos, es también el temor a que ocurra algo malo ahí fuera, a no saber por donde resolver. Tantos días sin salir genera a su vez una especie de globo cognitivo que desorienta y requiere de la adaptación de los estímulos que deben volver adaptarse a los colores, sabores, y sonidos del mundo. Se hará, cuando menos, extraño volver a la vida. 

Las personas que sufren este mal evitan los estímulos del ambiente de la calle, se siente protegidos dentro de sus casas y evitan tener contacto con el exterior porque el exterior supone una amenaza para ellos. Muchas personas se van a sentir muy mal cuando deban reincorporarse a una vida y mucha gente se verá en la necesidad de generar un gran nivel de adaptación al medio que pondrá a prueba las capacidades más resilentes.  

La única manera de prevenir este trastorno es mantener la mente pensando en el mañana, elaborar una lista de cosas prioritarias para poner en marcha según nos abran la puerta, realizar distintos planes de acción, y tratar de tener clara conciencia de las acciones a realizar desde el día uno, sin perder tiempo.

Agorafobia

Hay que buscar de la mejor manera una saludable reinserción

Si vamos a ir a renegociar con un banco, si vamos a emprender acciones publicitarias, si se va a cerrar el negocio definitivamente, si volvemos al gimnasio, baile o clases de inglés, tener una previsión de acciones posibles priorizando lo más importante es la clave para una saludable reinserción tras confinamiento que ayude también a alcanzar objetivos prefijados. 

Lo único que nadie nos puede quitar es el tiempo para pensar, crear, imaginar, ordenar, programar acciones para cuando esto acabe. Solo así conseguiremos huir de la agorafobia y ganarle la batalla al periodo de inacción, impuesto.

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