27 de mayo de 2022
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FIN DE SEMANA

La continuidad de esta medida sanitaria puede provocar problemas de ansiedad, acné, deficiencias y patologías respiratorias

La problemática del uso continuado de la mascarilla: Un debate vigente tras dos años de pandemia

Ciudadanos con mascarilla en el exterior
Ciudadanos con mascarilla en el exterior / La mascariilla, elemento preventivo esencial en la pandemia.
Desde que se implantó la obligatoriedad del uso de la mascarilla algunas voces se mostraron contrarias a la medida. Dos años después, afirman que el mantenimiento de la medida en el tiempo provoca problemas de ansiedad, acné, deficiencias y patologías respiratorias. La alta incidencia de la variante ómicron, endureció las medidas del uso de la mascarilla y con ellas, la dualidad de opiniones sobre su efectividad.

A pesar del paso del tiempo, la covid-19 nos mantiene en un estado de incertidumbre. Ómicron, la última variante del virus, tiene la capacidad de propagarse con más facilidad que el virus original, pudiendo infectarse incluso aquellas personas que ya estaban vacunadas. Esta circunstancia provocó que los Gobiernos fortalecieran las medidas preventivas, que en algunos casos ya eran más laxas, entre ellas, la obligatoriedad del uso de la mascarilla.

Actualmente, la mascarilla sigue siendo obligatoria al aire libre, cuando no exista una distancia de seguridad de metro y medio, y en interiores. El incumplimiento de esta medida, tanto por un mal uso como por su ausencia, puede dar lugar a sanciones.

La eficacia de la mascarilla siempre ha estado en el punto de mira de algunos colectivos, mientras que diferentes instituciones, expertos y especialistas sanitarios, aconsejan mayoritariamente “esperar aún más” para retirar completamente su uso en exteriores y en interiores, otras fuentes afirman que su uso no es eficaz en todas las circunstancias. 

Lo personal es político

La incidencia de la covid todavía es preocupante en muchos países de mundo. Por eso, se está tendiendo a tomar medidas más locales, es decir, enfocadas en el nivel de riesgo que exista en las diferentes regiones. 

En España, el pasado 10 de febrero las mascarillas dejaron de ser obligatorias en el exterior y  se está planteando eliminar progresivamente su uso en espacios interiores. En otros países, como Estados Unidos o Reino Unido, su uso obligatorio es absolutamente marginal sino inexistente, con el objetivo de avanzar y recuperar la “normalidad” que tanto se busca.

Aunque ha sido un instrumento fundamental para la protección y la prevención de la infección, algunos voces abogan que ya es el tiempo de prescindir de ella por los efectos negativos que puede tener en algunos sectores de la población: ansiedad, acné, deficiencias y patologías respiratorias, hinchazón e irritación ocular, labios agrietados, entre otros.

Ahora bien, aunque su uso ha estado regulado mediante normativa no hay que olvidar que el peso importante del cumplimiento ha recaído en la responsabilidad individualDesde el inicio de la pandemia, el negacionismo de la mascarilla se posicionó en el mundo y, claro está, también en España. Esta actitud, ha sido mayoritariamente seguida por grupos antivacunas o grupos relacionados con pseudociencias de dudosa fiabilidad, que alegan que el uso de la mascarilla les “censura, no posee ninguna utilidad, y te coacciona”, refiriéndose en la mayoría de las ocasiones a ella como “bozal”.

Estos argumentos no están basados en pruebas científicas ni en datos sustentados por la ciencia sino que más bien, son munición de un pensamiento político, de una filosofía de vida o incluso, una herramienta de manipulación. Estos movimientos han tenido tanta repercusión que han llegado a ciertas esferas políticas y culturales que las han adoptado como emblema, poniendo en riesgo la salud pública.

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