28 de noviembre de 2020
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FIN DE SEMANA

Javier Urra nos desvela que un 33% de los pacientes padecen de síntomas de trastorno por estrés, un 15% sufre depresión y otro 15% padece ansiedad

La secuelas postraumáticas de los enfermos de coronavirus que han pasado por las UCI

Acompañar a pacientes de COVID puede evitar traumas.
Acompañar a pacientes de COVID puede evitar traumas.
Javier Urra es profesor, doctor en Psicología y doctor en Ciencias de la Salud y académico de número de la Academía de Psicología de España, analiza un problema casi desconocido, el de los pacientes ingresados mucho tiempo en la UCI que sufren secuelas psíquicas que han de ser tratadas. Un 33% padecen de síntomas de trastorno por estrés postraumático. Un 15% sufre depresión y otro 15% padece ansiedad.

Piensen que han pasado por una situación crítica con un pronóstico muy incierto, han estado sedados, muy medicados, con ventilación asistida. Han sufrido desorientación espacio-temporal (sin saber exactamente si era de día o de noche, y sin ver la cara a los sanitarios). Padecen severa confusión, en algunos casos alucinaciones e ideas delirantes.

Añádase a lo antedicho, que la mayoría de los pacientes están inmóviles, ocasionalmente sujetos para evitar que se desconecten accidentalmente los tubos, e interactúan con muy pocas personas debido a que las familias no pueden visitarlos, y los sanitarios por protección, pasan poco tiempo en las habitaciones.

Entendamos, que las respuestas psíquicas, emocionales, son (digamos), normales, en situaciones anormales. Los pacientes en general evolucionan positivamente. Además quien ejerce la psicología le ayudará a discriminar lo vivido realmente, de lo imaginado, y a deshacerse de imágenes recurrentes e insidiosas así como de los terrores.

Reseñemos que hay pacientes resilientes con gran capacidad de sobreponerse, tan es así, que alcanzan un desarrollo y mejora post-traumático, apreciando lo esencial, priorizando y reordenando su escala de valores.

Javier Urra.

Hablemos ahora del síndrome post-UCI de los familiares, que no han podido acompañar a sus seres queridos en el hospital, solo han estado pendientes del teléfono. A la salida del centro sanitario, se convierten en cuidadores principales de los enfermos, y precisan también de apoyo para mantener su salud mental. Y es que quienes ejercen la psicología han de estar en las UCI, han de ser especializados, pues como dicen en HUCI (Humanizar los cuidados intensivos) “los cuerpos duelen, pero las almas sufren”; y a la salida del hospital con los pacientes y sus familiares cuidadores.

Al inicio nos encontraremos con quienes han sufrido delirium, y se muestran agitados. Padecen síndrome confusional, secuelas emocionales y trastornos cognitivos como alteraciones de la capacidad intelectual, déficit de atención y dificultades en sus capacidades de comunicación.

Sí, con apoyo psicológico de expertos, los familiares han de ayudar en la rehabilitación cognitiva, en la reeducación de la capacidad mental, de quien entre otros padece de trastornos del sueño, y una angustiosa sensación de desprotección, de fragilidad.

El ejemplo de Asturias

En el Principado de Asturias tomaron nota y fue una de las pocas comunidades donde se tomaron cartas en el asunto. El gobierno asturiano, a través de las consejerías de Salud y de Derechos Sociales y Bienestar, facilitaon el acompañamiento para aquellos pacientes que se encontraban ingresados en hospitales y residencias en situación de extrema gravedad. El objetivo era permitir "una despedida más humanizada, al tiempo que se evitan duelos traumáticos y se disminuyen los posibles problemas emocionales".

El protocolo estableció un horario diario de visitas y determina que será una única persona la que podrá acompañar al familiar ingresado, sin abandonar la habitación del enfermo.

 

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