19 de septiembre de 2020
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FIN DE SEMANA

El psiquiatra forense José Cabrera hace un análisis profesional de nuestros líderes, de Pedro Sánchez a Pablo Iglesias y de Abascal a Pablo Casado

Analizamos la salud mental de los políticos españoles: "Son personalidades inmaduras y llenas de incertidumbre y miedo"

Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Pablo Casado y Santiago Abascal.
Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Pablo Casado y Santiago Abascal.
La duda sobre cómo son los políticos españoles asalta cada vez más a la opinión pública. Sobre todo en el contexto que vivimos, con una grave crisis sanitaria y económica, donde hay que tomar medidas de calado, urgentes y decisivas. El psiquiátra forense José Cabrera publicó hace años un libro pionero 'La salud mental y los políticos. Reflexiones de la psiquiatría", donde aportaba novedades en el estudio del comportamiento de los políticos. Ahora,en este artículo analiza a los líderes actuales.

Hace ya trece años el conocido psiquiatra forense José Cabrera publicó un libro pionero titulado 'La salud mental y los políticos. Reflexiones de la psiquiatría' (Ediciones Káleidom) en el que aportaba a la literatura psiquiátrica nacional un estudio y unas reflexiones que sí son habituales en otros países del mundo, pero que en el nuestro eran muy novedosas: La salud mental de nuestros gobernantes.

“Lo hice para explicar quiénes son los que nos gobiernan”, afirma el psiquiatra forense a elcierredigital.com. Pero lo escrito hace trece años tiene traslación a la más pura actualidad, aunque, evidentemente, algunas de esas realidades han mutado.

Ya decía en su libro que precisabamos más profesionales que líderes. Ahora esta profecía para cumplirse con la crisis del coronavirus ¿Cuál es la diferencia entre ambos?

Un profesional es un sujeto que tiene los elementos adecuados para dirigir una situación de crisis. Un líder, es una concepción antigua, un sujeto que ganaba una batalla. Ese era y es su único mérito. Yo siempre digo que prefiero en una crisis a un director de una empresa como, por ejemplo, El Corte Inglés, que a un político,  porque el director ya ha demostrado algo en su vida.

En su libro repasaba lo ocurrido en Estados Unidos con el senador Goldwater, cuyos problemas de salud mental se hicieron públicos y que ganó una demanda. ¿Tenemos derecho a saber la información mental de nuestros políticos actuales?

La cuestión es tener claro lo que de verdad los ciudadanos tenemos derecho a saber. Y una vez satisfecha esta cuestión, que haya alguna forma de saber públicamente que no tienen hándicaps mentales, que sí pueden tener escondidos. Por ejemplo, un trastorno psicótico. Tenemos que saberlo para poder defendernos de eso. Debemos tener derecho, por tanto, a exigir que la salud psíquica de nuestros gobernantes sea conocida. Es verdad que esa información pertenece a lo íntimo, pero yo quiero saber si tengo un gobernante con trastorno bipolar como es el caso de Cristina Kitchner en Argentina. Si hasta para ser barrendero se hace un test psicotécnico para un gobernante debería ser así también.

Parece que si un político habla de que está luchando contra una enfermedad física, como un cáncer, suma puntos, pero si lo hace contra una de tipo psicológico o mental no. ¿Sigue siendo un tabú?

Ya lo es en cualquier persona, pero en un político especialmente más. Pero no sólo hablamos de enfermedades, por favor, también de otras cosas que forjan una determinada personalidad. Como, por ejemplo, graves complejos de inferioridad. Eso puede generar rencores y, entonces, esa persona ya no trabaja por el bien común sino para satisfacer esos complejos de inferioridad. Esas cosas son las que determinan los comportamientos extremos. Eso ocurre, por ejemplo, con algunos políticos de extrema izquierda que atacan al dueño de Inditex, el empresario Amancio Ortega. Eso nace de los complejos y de carencias económicas en su infancia o adolescencia, que hace que estigmaticen a todo aquel que tiene dinero.  

Supongo que pasará también con aquellos que no tengan bien resulta su vida afectiva...

Sí, eso también se proyecta en el Gobierno. Hay algunos que no se aceptan por su condición sexual y no son capaces de superar eso. Al final, todo esta situación acaba generando inestabilidad psíquica. Los Consejos de Ministros sin duda también se resienten por eso.

¿El poder genera adicción?

Sí, desde luego transforma a alguien en un Dios. Eso de pensar que mi dedo hace un decreto engancha mucho. Luego ocurre lo contrario. Cuando dejas el poder piensas “ahora no soy nadie”. Por eso, pensando en un futuro fuera de la política procura al final, quizá, enganchar dinero de algún lado. La corrupción política es un problema psicológico. Quién roba no es capaz de entender que ese dinero no es suyo.

El conocido psiquiatra forense José Cabrera. 

¿Qué papel juega el ego?

Esto se ve mucho en los líderes políticos que han ganado una batalla en los medios de comunicación. Hacen culto de sí mismo. Pedro Sánchez tiene un gran ego y una gran capacidad de resistencia en mantenerse ahí.

Hoy parece que para ser líder hay que ser joven y atractivo.

Actualmente las batallas ya no se ganan solo con el prestigio social. Se ganan en los medios de comunicación. He estado durante años en platós y he ido viendo a algunos, como nuestro presidente Pedro Sánchez, que de no ser nada ha pasado a todo. Y Pablo Casado está haciendo lo mismo. Y no digamos Pablo Iglesias. Son líderes de plástico. Iglesias tiene un barniz más pedagógico. De hecho, es el que tiene más capacidad de estrategia maquiavélica. Está muy lejos, muy por encima de los demás. De ahí su capacidad de supervivencia.

Si vemos las redes sociales, los políticos trasmiten una imagen de sí mismos muy particular. Y hasta  veces parecen modelos...

Gente como Abascal o Rivera siguen los arquetipos de Putin y lo muestran en las redes sociales. Iglesias se ha metido más dentro de la masa social: su coleta, su camisa arrugada, blanca… Él sabía que no era ni guapo ni alto, pero sí podía hablar de tú a tú a la gente. Su uso de las redes sociales ha sido magistral.

Una cosa que ha cambiado mucho en los últimos años es que cada vez hay más mujeres con poder en la política. ¿Hay una diferencia en la forma de ejercer el poder entre hombres y mujeres?

Sí, las mujeres dan un punto distinto en la política. Se adaptan mejor a los cambios. También son mucho más agresivas que los hombres. Ahí está Cayetana Álvarez de Toledo o Irene Montero. Los hombres son más rígidos y tienden más a la autocracia. Ellas, por muy duras que sean, tienen mucha más elasticidad para adaptarse a los cambios de realidad y eso es clave. Tenemos el ejemplo de Angela Merkel.

Por primera vez hay una pareja en un Gobierno: Irene Montero y Pablo Iglesias. ¿Cómo analiza esto?

Esto es muy novedoso en la psicología política. Que un matrimonio acumule gran cantidad de poder y en el mismo Gobierno es muy malicioso. No se puede desprender el influjo de uno del otro. Creo que no se debería permitir constitucionalmente. Es una mezcla explosiva y muy peligrosa. No se ha visto nunca un caso como éste en Europa. La parte positiva es la imagen de pareja unida. Eso sí tiene su impacto.

¿Cuál es su opinión profesional sobre los políticos que están gestionando esta grave crisis del Covid-19?

Los gestores políticos que están dirigiendo está crisis son básicamente desde el punto de vista piscológico personalidades inmaduras sin ninguna formación técnica y llenas de miedo e incertidumbre. El peor equipo para la peor crisis. Mantienen una conducta completamente errática.

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