08 de diciembre de 2019
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FIN DE SEMANA

Ocho de cada diez jóvenes declaran que no podrían vivir sin estos dispositivos y el 43,4 por ciento preferiría perder la cartera antes que su móvil

Las claves para identificar con facilidad las señales de adicción al teléfono móvil de nuestros hijos adolescentes

Menores jugando con sus teléfonos móviles.
Menores jugando con sus teléfonos móviles.
Eva Milla, perito judicial especialista en psicología infantil, trastorno psiquiátrico e intervención social y directora del Hospital de Día Orientak narra las principales adicciones a las nuevas tecnologías que sufren nuestros jóvenes, sobre todo al teléfono móvil, como podemos identificarlas y qué podemos hacer para combatirlas.
Según una reciente encuesta entre jóvenes de 18 a 24 años ocho de cada diez  declararon que no podrían vivir sin teléfono móvil y el 43,4 por ciento preferiría perder la cartera antes que su teléfono.
 
Pero el problema comienza mucho antes, ya que por muy maduro y preparado que veamos a un adolescente, éste es un momento de la vida donde su cerebro está en un proceso de reordenación masiva de todos los conceptos aprendidos.
 
Su cerebro es mucho más vulnerable que el de un adulto formado y en sus trillones de conexiones las neuronas crean sinopsis, enlaces que hacen posible el aprendizaje de lo que oímos, vemos, percibimos o sentimos, formando estructuras que nos permitan emitir respuestas adecuadas para vivir y defendernos de nuestro ambiente. Cuanto más cosas nuevas se aprenden, más se desarrollan los enlaces y la calidad y cantidad de estos son el origen de la madurez de una persona.
 
En la adolescencia el cerebro deja libres, elimina y desconecta miles de neuronas que se han quedado vacías de información a la vez que crea otras nuevas cada minuto que realizarán conexiones más fuertes y estables, a la vez que veloces y eficaces. A este proceso se le denomina poda sináptica y es especialmente importante en el proceso de pasar de joven a adulto.

Debemos tener cuidado con los juguetes que damos a nuestros hijos.

 
Si analizamos las características evolutivas de un adolescente encontramos el aprendizaje rápido, una búsqueda de sensaciones placenteras, baja tolerancia a la frustración, alta motivación para lo que gusta, baja capacidad de empatía para lo que no gusta, un juicio frágil e impulsivo, falta de planificación de los actos y las tareas además de una falta manifiesta para medir las consecuencias de sus comportamientos. Lo nuevo y lo excitante les mueve a actuar con comportamientos extremos y en algunas ocasiones de alto riesgo.
 
Si por otro lado analizamos las prestaciones y refuerzos conductuales de un móvil encontraremos las respuesta a que un adolescente no pueda prescindir de él, hasta poder padecer una nomofobia o tambièn llamada adicción al móvil.
 

Una ventana abierta al mundo

 
El móvil es una ventana abierta al mundo, con sus novedosas pantallas interactivas de juegos y entretenimientos, es mucho más que un recurso de comunicación o ocio, es el aparato que permite al niño entrar en la edad adulta y ser libre y autónomo. Le otorga la capacidad de amplificar su personalidad. Desde el color, la funda, el sitio donde lo llevan, hasta el tipo de contrato son cuidadosamente elegidos por nuestros hijos, y dentro de ellos cargan toda su vida, contactos, fotos, vídeos, redes sociales, deberes, agendas.
 
Los adolescentes igual que los adultos, se sienten perdidos sin su móvil a mano, con la particularidad de que un adulto, aún resultándose difícil, puede gestionar esta frustración, lo que se convierte para un adolescente en algo casi imposible dejándoles en una absoluta indefensión y perdidos en un mundo que se encuentra siempre conectado.
 
En este periodo frágil de autoafirmación donde el adolescente no se entiende, no se gusta o no se acepta, el entorno se vuelve algo imprescindible y es por eso que necesita más amigos que nunca y más contacto con el exterior que jamás y no tener esa posibilidad puede llegar a suponer una marginación.

Menores usando móviles.

Estar permanentemente conectado es un nuevo modo de vida y resistirse a él no parece lo más razonable. Tratar de que nuestros hijos no utilicen el móvil en un mundo tecnológicamente conectado es una utopía. La escuela, la familia y el móvil no pueden ser antagónicos, por ello no debemos centrar los esfuerzos en que los jóvenes no posean un móvil, sino en enseñarles a vivir con él, trasmitiendo valores como el respeto, la verdad, la utilización del tiempo, el trabajo bien hecho sin distracciones, el autocontrol, etc. Hay que enseñarles a navegar con seguridad para que entiendan que eso les conducirá a la libertad, participar con ellos de los mensajes que llegan a las pantallas y modelar sus hábitos.
 
Es necesario instruir a los más pequeños en los miles de influenciarse que van a convivir con ellos , algunas veces de forma altruista, otras publicitaria y en el peor de los casos con intenciones perversas.
 
Nuestro cerebro siempre busca la felicidad, las cosas rápidas, las sensaciones placenteras, la relación con los demás, el entretenimiento, lo novedoso, aprender y hasta cómo aprovechar el tiempo y todo ello es capaz de proporcionarlo un pequeño aparato. La pantallas fomentan la secreción de hormonas tipo cortisona o adrenalina acrecentado la atención sobre la pantalla y disparando la dopamina, hormona del placer, porque nos gusta lo que hacemos.
 
A la vez es la misma hormona dopaminérgica la que nos mueve a buscar nuevos aprendizajes impulsándonos a la búsqueda de nuevos incentivos para repetir la espiral del placer, y en nuestro sistema de recompensa del cerebro todo lo que nos proporciona sensaciones placenteras es susceptible de convertirse en una adición.
 

Señales que identificar

 
Todos estamos en peligro de ser consumidores compulsivos del recurso móvil. El móvil nos hace sin duda más valiosos, más felicites y menos aburridos.
 
¿Cuando debemos preocuparnos? Se debe buscar ayuda cuando confluyan los siguientes síntomas o alguno de ellos se presente de forma exagerada:
- Imposibilidad de estar lejos del móvil siempre. Aunque esté apagado se necesita la presencia del aparato.
- Mirar si hay mensajes cada instante y si no hay sentir vacío.
- No soportar salir de casa sin él, mostrando nerviosismo.
- Ansiedad y sudoración si el móvil no funciona.
- Cansancio corporal ante no tenerlo de manera prolongada.
- Angustia ante quedarse sin batería.
- Uso del móvil a la hora de dormir restando horas de sueño necesarias.
- Agresividad ante la petición parental del móvil .
- Crea serios problemas en la relación afectiva.
 
El nivel en que se den estas circunstancias anteriores serán determinantes para diagnosticar la gravedad de un enganche o adicción.
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