30 de noviembre de 2020
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FIN DE SEMANA

Hace unos días varios adolescentes dieron una paliza a otra en la localidad madrileña de Meco que acabó con ella en la UCI del Hospital de La Princesa

La paliza de Meco: El narcisismo en las redes puede causar la muerte de jóvenes víctimas

Un instante de la agresión.
Un instante de la agresión.
Un grupo de seis jóvenes agredían la semana pasada a una joven en la localidad madrileña de Meco porque su hermana se había convertido en popular en una conocida red social. La psicóloga Loreto Barrios, reconocida coach, perito judicial, hipnóloga, especialista en grafística y grafología explica las causas de estos episodios de gran violencia protagonizados por personas muy jóvenes que además graban su "hazaña" en un vídeo.

Vuelve a sobrecogernos otro episodio más de violencia juvenil. Esta vez una adolescente de 16 años ha acabado tras una severa paliza en la localidad madrileña de Meco en la UCI del Hospital de La Princesa, tras la agresión de un grupo de menores irritados porque la hermana de esta joven es bastante popular en las redes sociales, con más de 5.000 seguidores en Instagram.

Además, los agresores grabaron el suceso en varios teléfonos móviles, que han servido para ya identificar a tres de ellos. Sucedió el pasado 5 de julio en Meco, municipio de 14.000 habitantes situado al este de la Comunidad de Madrid.

La joven se encuentra ingresada en el Hospital de La Princesa con traumatismo craneoencefálico. Tuvo que ser operada el pasado lunes 13. Y todavía sigue teniendo muchos dolores de cabeza y la vista borrosa.

Este episodio de violencia ha generado un clima de tensión entre los vecinos en la localidad de Meco. Tanto que hasta la Policía Local ha emitido un comunicado pidiendo calma a sus conciudadanos: "Recientemente ha habido una agresión a una menor por parte de otros menores, los hechos, dado su gravedad, están siendo investigados por la Policía Judicial, desde la Unidad del Menor se está colaborando con ellos. Debido a todos los hechos que se están produciendo a raíz de lo sucedido, nos vemos obligados a usar esta Red para pedir sentido común y calma. Por desgracia, varias personas creen que la justicia que debe impartirse es la suya y se están dedicando a inundar las redes de mensajes de odio y de venganza, y no sólo eso, sino que incluso publican fotografías de menores y señalan indiscriminadamente a muchos de ellos, esas no son formas, eso no sólo no ayuda a la investigación sino que crea mayor inseguridad en nuestro municipio y da lugar a otros problemas legales", dice el comunicado.

El narcisismo

Si recordamos el mito griego de Narciso, tan enamorado de su propia imagen reflejada en el agua, que fue incapaz de amar a nadie más. Pues de ahí deriva el término narcisista, tan usado hoy para referirse a las personas vanidosas y ególatras, necesitadas de admiración y faltas de empatía.

El narcisista se dedica a inflar su propio ego en vez de contactar con su vacío interior y sanar sus desajustes emocionales, de lo que hablamos en el anterior artículo de la Teoría del Vacío.

La doctora Loreto Barrios.

Hay investigaciones que evidencian una clara relación entre un patrón de uso de las redes sociales dirigido a proyectar una imagen personal, y características de la personalidad narcisista. En definitiva, está muy relacionado con problemas de autoestima, lo que para el adolescente es una circunstancia especialmente vulnerable, al encontrarse buscando sus propios modelos y basarlos muchas veces en el grupo externo.

Al carecer de propósitos más elevados que ellos mismos, la dependencia del número de seguidores o los “me gusta” obtenidos se convierten en el verdadero sentido de su identidad. Por tanto que otra persona sea notoriamente más popular la convierte en una amenaza para el propio ego, ya que me recuerda constantemente mi poco valor frente al otro, convirtiéndose las redes sociales en un escenario narcisista de competición individual.

Como padres tenemos la responsabilidad de formar a nuestros menores en una sana autoestima, de forma que no haya una dependencia morbosa de la apreciación de los demás, lo que llamamos deseabilidad social, que convierte a nuestros hijos en víctimas y verdugos de dolorosas situaciones.

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