27 de octubre de 2020
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FIN DE SEMANA

Actualmente, como ya ocurría en los años 40, hay estudios que aseguran que un gran porcentaje de la población no es completamente hetero u homosexual

El club de los heteroflexibles: Cuando las fronteras de la sexualidad se difuminan

La heteroflexibilidad no condiciona la identidad sexual.
La heteroflexibilidad no condiciona la identidad sexual.
Muchos famosos la han practicado, desde Tom Hardy hasta Marilyn Monroe. Según estudios que ya datan de los años 40, un gran porcentaje de la población no es completamente hetero o completamente homosexual. La hetoroflexibididad es la etiqueta de las personas que no se consideran a sí mismas bisexuales ya que, aunque tienen relaciones con personas del mismo sexo, es de manera puntual y con personas en concreto.

El sexo, bien practicado y tomando las precauciones necesarias, es una de las actividades más sanas que puede desarrollar el ser humano. Se trata de una actividad que involucra a dos o más personas y que en un contexto de complicidad y entendimiento mutuo puede traer grandes beneficios para quienes lo practican.

Tom Hardy dijo a Daily Mail en 2010 haber experimentado con hombres.

La heteroflexibilidad es una de las corrientes que promueven la experimentación. Como bien indica su nombre, se trata de personas que se consideran a sí mismas heterosexuales, pero que no cierran las puertas a la experimentación. No tienen miedo de descubrir gustos nuevos que puedan llevarlos a la plenitud del placer sexual.

Algunas celebridades han admitido haber experimentado con su sexualidad en algún momento de su vida. Entre ellos se encuentran el actor Tom Hardy, Lindsay Lohan, Selena Gómez e incluso la mismísima Marilyn Monroe.

La heteroflexibilidad al detalle

También se conoce a este término como bicuriosidad y no limita a la persona a un solo encuentro homosexual, sino que puede incluir varios encuentros esporádicos que no definan una verdadera inclinación sexual hacia la persona del mismo sexo.

También tiene su contraparte, llamada homoflexibilidad, la cual presenta la misma circunstancia que la heteroflexibilidad pero en personas homosexuales. Esto quiere decir, personas homosexuales que en algún momento sienten un interés esporádico por personas del sexo opuesto.

No se trata de una cuestión emocional, en este caso hablamos únicamente de preferencias sexuales.

Este término es considerado por muchos una forma de decir que las etiquetas para definir la identidad sexual en una dicotomía heterosexual/homosexual están desfasadas y que en realidad la preferencia sexual no puede considerarse completamente rígida ya que está sujeta a matices. La división entre heterosexuales y homosexuales es más una imposición sociocultural que un factor biológico irrefutable.

La escala de Kinsey

Alfred Kinsey fue un pionero de los estudios sobre la orientación sexual. No obstante, sus estudios estaban limitados por un contexto social que condicionó tanto sus estudios como la calidad de los testimonios recogidos. Estos testimonios fueron utilizados para elaborar quizá la más famosa de sus fórmulas: la escala de Kinsey.

Entre 1948 y 1953 publicó los resultados obtenidos en sus encuestas en dos libros divididos por género, uno hablaba acerca del comportamiento sexual masculino y el otro del femenino. Según sus estudios, al menos un 46 por ciento de los hombres habían participado de actividades sexuales con personas de su mismo sexo, la cifra entre las mujeres era significativamente menor, siendo de un 28 por ciento.

Alfred Kinsey

Estos resultados llevaron a Kinsey a desarrollar su famosa escala, pensada para medir el grado de inclinación sexual homosexual de una persona, siendo el 0 una persona 100 por cien heterosexual y el 6 una persona completamente homosexual.

Los números entremedias correspondían a conductas bisexuales que establecían una preferencia por un sexo u otro. Este fue el primer paso de Kinsey para demostrar que la conducta sexual humana no es una dicotomía completamente rígida y que las personas podían sentir con total normalidad deseo sexual por cualquier persona de manera indiscriminada.

Un mundo de preferencias

En la actualidad los estudios de Kinsey son solo el comienzo. En 2016 se realizó un estudio llamado “Invisible Majority: The Disparities Facing Bisexual People and How To Remedy Them”, que explicaba que un 29 por ciento de las personas entre 18 y 29 años no son completamente heterosexuales u homosexuales. Ese porcentaje disminuye a medida que se aumenta la edad, lo que puede estar relacionado al hecho de que la identidad sexual no se desarrolla completamente hasta bien pasada la treintena. Las personas entre 30 y 44 años que no tenían una preferencia sexual clara correspondían a un 24%, los que estaban en el rango de los 45 a los 64 a un 8% y los mayores de 65 a un 7%.

Con todo lo que se ha explicado lo lógico sería pensar en que estas personas podrían ser incluidas dentro de la etiqueta de la bisexualidad, pero esto sería engañoso. La bisexualidad es una identidad sexual con la que un individuo se siente identificado, es una definición que escoge porque siente que es lo que mejor explica su situación en cuanto a su orientación sexual y es justamente ese hecho la razón por la que no todos aquellos que han experimentado la heteroflexibilidad se sienten cómodos con la etiqueta de la bisexualidad. No porque la rechacen o les cause reparo, sino porque simplemente no creen que sientan una verdadera atracción hacia el género opuesto, solo curiosidad y ganas de experimentar, pero no que sea una elección que considerarían por encima de las personas de distinto sexo.

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