24 de octubre de 2021
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FIN DE SEMANA

Más de 500 personas trabajan en Nadiesolo Voluntariado para acompañar a los ancianos en riesgo, un colectivo de nueve millones de españoles

#TodosContraLaSoledad, un proyecto que cumple 25 años luchando contra la tristeza no deseada

Esta iniciativa privada que vela por dar esperanza a los mayores en riesgo de exclusión cumple 25 años y cuenta con más de 500 voluntarios para cumplir con su objetivo, que ningún mayor se sienta solo en su hogar en tiempos de COVID.

La pandemia que estamos viviendo nos está pasando factura dejando una profunda marca, sin lugar a dudas. A algunos les ha cambiado su rutina diaria, su vida cotidiana, y a otros les ha endurecido la situación de soledad. Una situación que sufre una colectivo importante de la población y que no en todos los casos es deseada.

La sensibilización de esta campaña está enfocada hacia las personas mayores, y en paliar, con un voluntariado comprometido, los problemas de abandono no deseado que sufren muchos de ellos.

Los datos recogidos por el INE muestran que en enero del año 2020 se superaron los 9 millones de personas de avanzada edad y que un 18% de estos viven en Madrid.

Otro dato interesante es el que se recoge con la ‘Encuesta continua de hogares’ del INE, que establece que un 43% de las personas que viven solas en sus domicilios son mayores de 65 años.

Por otro lado, 4 de cada 10 personas sienten soledad emocional, y 3 de cada 10 sienten soledad a nivel social, algo que hace referencia directa a no sentirse parte de un grupo. El perfil más vulnerable de este grupo son las viudas de edades superiores a 80 años, según indica el Observatorio Social La Caixa.

La soledad tampoco entiende de edad, de género, de religión o de raza. La soledad es un estado mental subjetivo en el que la persona se siente ajena a los demás, desconectada, que produce tristeza a quien la padece.

Un proyecto que lucha contra la soledad

Este llamativo lema, ‘#TodosContraLaSoledad’, es una campaña impulsada por la ONG Nadiesolo Voluntariado dentro de su programa de Acompañamiento en Domicilio, que trata de impulsar una sociedad más solidaria.

Se trata de una fundación benéfica que desarrolla programas de voluntariado para acompañar a personas que sufren soledad no deseada por enfermedad, dependencia, discapacidad o en riesgo de exclusión, haciendo que se sientan acompañadas, fomentando vínculos y alejándolas del miedo o la ansiedad.

Nadiesolo centra su actividad en cuatro proyectos distintos: ayudar a la socialización de niños de educación especial en encuentros de juegos con familias con hijos, visita a hospitales y residencias, visitas a domicilio y formación en centros de inmigrantes en los que se busca la adaptación cultural e integración de las personas extranjeras en la sociedad española. En la actualidad, solamente se pueden desarrollar las visitas a domicilio y a los centros de migrantes. 

Miembros de Nadiesolo durante un evento deportivo solidario.

El proyecto cuenta con un total de 550 voluntarios que acompañan a aproximadamente 500 personas en riesgo de soledad. Y además, este proyecto cuenta con la ayuda colaborativa de la Convocatoria de Acción Social de Fundación Montemadrid y Bankia.

El voluntariado a domicilio también lucha para paliar los efectos colaterales que está dejando la pandemia a su paso. Se ha adaptado a las tecnologías actuales para mantener el contacto con las personas que se sientan solas, utilizando el teléfono y las videollamadas. O a través de cartas y dibujos, que les hacen llegar directamente.

Pero no solo se acercan a ellos a través de la voz o el acompañamiento sino que buscan ayudarlas en las necesidades que estas personas presentan, haciéndoles llegar los medicamentos que necesitan o llevándoles la compra a casa. Pepe Jiménez, voluntario y coordinador del grupo de voluntarios de Nadiesolo explica que el objetivo de este proyecto es "darle un respiro a la familia o el cuidador a la vez que ayudamos a las personas en sus tareas diarias y les damos compañía". 

Un proyecto de carne y hueso

Teresa García, responsable del programa de Acompañamiento en Domicilio del proyecto, afirma que lo importante y “lo que realmente cambia de verdad la vida de estos mayores es el calor humano, el cariño y la compañía”.

El hecho de que haya personas a su lado que piensan en ellos, que los acompañan y les hacen sentir ‘arropados’ es muy reconfortante en esas situaciones tan particulares, porque sienten que importan y que no han caído en el olvido.

Esta campaña ha hecho que muchas personas consideren su lado más humano y empático, y se presten como voluntarios dedicando unas horas semanales al proyecto. Este es el caso de Milagros Vicente, una de las voluntarias de Nadiesolo, de 87 años, que lleva colaborando 25 años y que recibió recientemente una Mención de Honor por su trabajo. O el de Diego Illán, de 31, que se sumó a la organización cuando comenzó la pandemia, pues según sus palabras “tenía que poner de mi parte para acompañar a los que están más solos”.

Voluntaria de Nadiesolo durante el programa de acompañamiento en el domicilio.

Es el caso también de Pepe Jiménez. El coordinador empezó en el mundo del voluntariado "obligado" por un amigo y años después, forma parte de su rutina diaria. Jiménez asegura que tras años como voluntario lo sigue siendo porque "haces amigos nuevos, te distraes, hablas con gente día a día y aprendes de la otra persona en un aprendizaje mutuo". Pepe Jiménez asegura que lo que más le reconforta es ver felices a los usuarios a los que ayuda: "Verlos sonreír, cuando tienen alguna enfermedad o lo están pasando mal, por cualquier tontería que has dicho es lo mejor". Porque, al fin y al cabo Nadiesolo busca "que el voluntario y el usuario se conviertan en amigos". 

Con la pandemia las actividades de la ONG se han modificado, pero lo que más les preocupa es que ha habido un descenso enorme en el número de voluntarios y en las donaciones. Jiménez insta a la participación ciudadana porque, asegura, "siempre faltan voluntarios". El coordinador explica que el proceso para ser uno de ellos es muy sencillo, basta con contactar con Nadiesolo a través de Internet o por teléfono y realizar un cursillo de formación de un día en el que se explica en qué consiste y cómo ejercer las funciones de voluntario. Al finalizarlo (o a veces incluso antes), cualquier persona podrá ayudar a hacer que la soledad desaparezca, al menos, dos días por semana. 

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