16 de agosto de 2022
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FIN DE SEMANA

La justicia entiende que si el joven no tiene intereses académicos ni de formación profesional, el padre ya no debe continuar su obligación de pago

Un juez de Asturias extingue la pensión de alimentos de un hijo por tener 23 años

Padres e hijo frente a una abogada.
Padres e hijo frente a una abogada.
Alberto García Cebrián, abogado especialista en Derecho de Familia, analiza para 'elcierredigital.com' una reciente sentencia del Juzgado de Primera Instancia número 2 de Laviana, en Asturias, que ha extinguido la pensión de alimentos de 350 euros mensuales de un hijo de 23 años 'nini' por entender que el padre no tiene el deber de mantenerle si no muestra interés por desarrollarse.

Son cada vez más los casos de jóvenes dependientes de sus padres que al no trabajar ni estudiar acaban perdiendo su derecho a percibir la pensión de alimentos de sus progenitores y en la práctica no cuentan con ingresos ni independencia económica.

Ha trascendido una sentencia del Juzgado de Primera Instancia número 2 de Laviana que extingue la pensión de alimentos de un hijo de 23 años por entender que el padre no tiene el deber de mantenerle "indefinidamente", entendiendo que si este no tiene interés en desarrollarse académicamente ni formarse profesionalmente, el padre ya no debe de mantener su obligación de pago de pensión alimenticia.

Se trata de una demanda de modificación de medidas de divorcio contencioso interpuesta por el padre, en la que solicitaba la extinción de la pensión compensatoria de la esposa, la extinción de su derecho de uso respecto de la vivienda por convivir con su nueva pareja sentimental y la extinción de la pensión alimenticia del hijo común fijada en su día en 350 euros mensuales.

El caso de un joven en Laviana

Nos centraremos en analizar esta última, la petición de extinción de pensión de alimentos del hijo común de 23 años con el que el padre no tenía relación. En la demanda pedía que se extinguiera la pensión establecida a favor de su hijo al ser mayor de edad y no constarle que estuviera desarrollando actividad laboral alguna, ni estudiando.

La defensa de la madre y del hijo pedía el mantenimiento de la pensión alimenticia porque alegaba que, aunque a sus 23 años no había podido incorporarse al mercado laboral, seguía formándose académicamente. El hijo declaraba que había estudiado ciclos formativos de grado medio y que en la actualidad estaba pendiente de matricularse en un grado superior en Edificación y Obra Civil, pero claro, realmente no estaba matriculado ni tampoco estaba de alta en el Servicio Público de Empleo del Principado de Asturias (SEPEPA) como demandante de empleo.

La resolución entiende que no consta que esté realizando una formación “aprovechable”. Por tanto, le revoca la concesión de la pensión alimenticia ya que estima que su padre no puede seguir manteniéndole “indefinidamente” por el hecho de que sea “mal estudiante”.

Se trata de los denominados coloquialmente ninis, que ni trabajan ni estudian, manteniendo en el tiempo una dependencia económica de sus progenitores que en muchos casos no saben cómo actuar. Por un lado, querrían que sus hijos fueran independientes, pero ante la actitud pasiva de estos se enfrentan a un gran dilema: ¿Hasta cuándo tengo que mantener a un hijo?

¿Cuándo se puede dejar de mantener a un hijo?

Pues bien, habrá que estudiar caso por caso. La ley dice que los padres deben de procurarle cuanto les sea necesario a los hijos hasta su independencia económica. El gran problema llega cuando el hijo no tiene esa independencia económica pero tampoco tiene la actitud idónea para la formación o estudio tendente a conseguir un trabajo e ingresos propios.

En estos casos, tal cual establece esta sentencia, cuando un hijo no estudia ni trabaja, los padres pueden revocar su obligación de alimentos. ¿Es independiente? Realmente, no, pero no se puede someter a los padres a costear la vida de los hijos indefinidamente. Y aunque son muchas las personas que piensan que la pensión de alimentos se extingue a una determinada edad, realmente no es así.

Por ejemplo, en este caso se ha extinguido la pensión alimenticia de un joven de 23 años. En cambio, si el hijo hubiera estudiado medicina, probablemente hasta los 30 años no tendría trabajo e ingresos propios y sus progenitores son los que deben costearla.

En los despachos de abogados escuchamos recurrentemente la pregunta ¿Hasta cuándo tengo que pagar la pensión de alimentos de mi hijo? A lo que debemos contestar que según el caso concreto, pues dependerá del momento en el que el hijo adquiere independencia económica. La independencia económica es un concepto jurídico indeterminado que se ha de aplicar caso por caso. En la práctica existe una tendencia por parte de los progenitores que abonan la pensión de no mantenerla y una correlativa del otro progenitor de mantenerla. El punto de partida correcto es el de la corresponsabilidad.

Un padre o madre debe de tener en cuenta la responsabilidad legal que conlleva tener un hijo. Pero además, moralmente, todo padre o madre debería tener como prioridad la mejor formación académica y profesional para su hijo, aunque ello suponga un esfuerzo y dedicación de padres e hijos. Ese sacrificio familiar tendrá el mejor de los resultados, pues permitirá que los hijos puedan tener el resto de su vida la mejor calidad de vida posible.

Hay que motivar y educar a los hijos para que se desarrollen en la vida pero en el caso de que el hijo ni estudie ni trabaje, ya no es que exista un problema para el padre o madre por tener que mantenerlo, sino que podríamos hablar de una disfunción profesional y de un posible drama para el hijo, que no se vale por sí mismo ni tiene aliciente para hacerlo.

Generación 'nini', un problema muy grave

Se están declarando independientes hijos que realmente no lo son. Muchos de esos hijos que no estudian ni trabajan acabarán teniendo hijos sin contar con una base de esfuerzo y sacrificio, por lo que probablemente no educarán a sus niños en la búsqueda de la autosuficiencia. Hay una generación de padres que han sufrido muchos años de trabajo duro y que han tratado de evitarle a su descendencia pasar por tanto esfuerzo, pero "es tan malo lo mucho como lo poco".

Los integrantes de la generación nini en muchos casos se han criado entre algodones y no han desarrollado actitudes esenciales para la vida como son el esfuerzo y la constancia, y evidentemente eso se convertirá en una importante limitación cuando tengan que enfrentarse a la vida independiente, pues muchos de ellos acabarán frustrados.

Se habla mucho de que la generación nini pone en peligro el futuro pago de las pensiones. Sin embargo, afortunadamente también existen otros muchos jóvenes formados y preparados. El problema surge con esos adolescentes de hoy en día que llegando a la edad adulta siguen manteniendo una actitud dependiente, lo que les provocará un desarrollo profesional disfuncional arriesgándose a acabar en situación de exclusión social. Y en vez de contribuir al bien común, depender de la administración y necesitar ayudas sociales para subsistir.

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