23 de enero de 2022
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FIN DE SEMANA

Un problema de salud mental puede acabar en separación y una separación difícil puede terminar en problemas mentales, afirma el abogado García Cebrián

La salud mental y el divorcio, realidades interrelacionadas que provocan graves problemas

Un problema de salud mental puede acabar en separación y una separación complicada puede acabar en un problema de salud mental. Partiendo del impacto que ha supuesto en la sociedad española el suicidio de la actriz Verónica Forqué, Alberto García Cebrián escribe para 'Elcierredigital.com' sobre cómo ambas realidades pueden estar íntimamente ligadas.

La pérdida de Verónica Forqué ha vuelto a poner de actualidad este debate que debemos tratar de normalizar cuanto antes, pues precisamente en España contamos con uno de los índices más altos de suicidios y de personas con problemas de salud mental.

Los psicólogos y psiquiatras antiguamente eran profesionales a los que acudían una minoría de la población voluntariamente. Estaba incluso mal visto, parecía que quien iba al psicólogo estaba “loco” o “trastornado”, cuando en absoluto es así, precisamente estos profesionales nos ayudan a gestionar nuestras emociones y a tomar decisiones acertadas en nuestra vida para contar con una buena salud mental. El problema no es ir al psicólogo o psiquiatra, el problema es necesitar de estos profesionales y no acudir a ellos, pues se pone en peligro a la persona en todas las esferas de su vida.

Y aunque parece que ya se ha normalizado acudir a la consulta de un psicólogo, aún sigue existiendo un pequeño escalón por superar, el exteriorizar que tenemos un problema de salud mental por miedo al rechazo del entorno social.

Divorcio y salud mental

Existen múltiples causas de divorcio pero cada vez más se conocen casos en los que el divorcio se ha producido por problemas de salud mental. Por otra parte, también se escuchan cada vez más, casos en los que problemas de salud mental se han exteriorizado o magnificado en el momento del divorcio.

Verónica Forqué. 

Cuando son coetáneos el divorcio y el problema de salud mental, ¿qué provoca qué? ¿Llega el divorcio por el problema de salud mental o se magnifica el problema de salud mental por el divorcio? Cada caso es diferente y realmente no importa qué origina qué, lo que está claro es que cada vez existe mayor porcentaje de divorcios y de problemas de salud mental.

Un divorcio puede suponer un trauma de por vida, especialmente cuando no se sabe gestionar correctamente. Por ello, debemos tener toda la empatía posible, tomar las decisiones menos traumáticas y ser conscientes de que nuestra salud mental afectará a todos los ámbitos de la vida: familia, amor, pareja, amistades…

Por ello, no sólo es importante cuidar de nuestra salud mental por nosotros mismos sino también por nuestros seres queridos, pues una insalubridad mental condiciona incluso que nuestro matrimonio acabe en divorcio. Las personas que padecen un problema de salud mental tienden a sentirse incomprendidos lo que puede llevarles a una espiral de soledad, ansiedad, frustración y desesperación.

Hay que detectar los problemas de salud mental a tiempo y hay que tratarlos adecuadamente, pues con apoyo y tratamiento una persona que padece una enfermedad de salud mental puede estar perfectamente adaptado a todos los ámbitos de la sociedad, más aún si la sociedad también evoluciona con una mayor conciencia en la materia.

Padecer una enfermedad mental sin diagnosticar o sin un correcto tratamiento puede aumentar exponencialmente las probabilidades de que nuestro matrimonio acabe en divorcio.

Alberto García Cebrián. 

Es frecuente que en los despachos de abogados de familia nos encontremos a personas que quieren divorciarse por no entender a su cónyuge, al que incluso se descalifica con frases despectivas del tipo “es que está loco/a”, “es un/a trastornado/a”, "no aguanto más", “está mal de la cabeza”. Pero, por otra parte, muchas personas divorciadas acuden a terapia psicológica por encontrarse mal a causa del divorcio.

Pues bien, lo que se pretende con esta publicación es poner énfasis en que, en muchos casos, existe un nexo entre divorcio y trastorno mental y de la personalidad en aquellos casos en los que no se sabe detectar y gestionar a tiempo la situación. Al final, los dos miembros del matrimonio acaban sin entender lo que ha ocurrido y con cierta sensación de intranquilidad e inestabilidad emocional pues consideran que es injusta la situación que han vivido cada uno, sin tener la empatía suficiente de ponerse en el lugar del otro o de ver el problema con perspectiva y desde su origen.

En los divorcios relacionados con problemas de salud mental son frecuentes las frases similares a:

- Cónyuge que no decide la ruptura: Estoy mal porque me ha dejado mi marido/mujer diciendo que estoy “mal de la cabeza”.

- Cónyuge que decide dejar la relación: Estoy mal por haber aguantado tanto tiempo a mi marido/mujer que esta “mal de la cabeza”.

Existe una falta de sensibilidad absoluta en la que no se ha sabido gestionar un problema de salud mental que, en función del caso, puede ser enfermedad y al que le puede perjudicar muy gravemente la falta de comprensión.

Además, existe un gran abuso de drogas y sustancias estupefacientes en España que, en ocasiones, potencian los trastornos de la personalidad y mentales. El problema añadido es que cuando una persona está padeciendo una patología de salud mental atraviesa un momento especialmente vulnerable en el que está expuesto a refugiarse en lo menos recomendable, para evadirse de una realidad que en muchos casos no entienden y respecto de la que sienten que los demás no le entienden ni aceptan. Además, un divorcio suele suponer enfrentarse a una mudanza, lo que desde fuera puede apreciarse como algo sin importancia pero que también puede constituir un motivo de ansiedad adicional, habida cuenta de que conlleva dejar un hogar, recogiendo sus pertenencias de toda una vida para empezar de cero.

Un divorcio traumático

El divorcio es uno de los momentos más traumáticos y estresantes que puede vivir una persona en su vida, supone un cambio vital radical, sensación de pérdida de control, inestabilidad, incertidumbre, angustia y ansiedad.

El divorcio puede constituir un motivo de ansiedad adicional.

Las enfermedades de salud mental no siempre están correctamente diagnosticadas y suelen potenciarse en momentos traumáticos de la vida como puede ser la muerte de un ser querido, un accidente o también un divorcio. El divorcio puede calificarse como uno de los momentos de mayor tensión y dolor de una persona, pero aún es excepcional realizar terapias psicológicas de refuerzo para los divorciados aunque poco a poco se acabará normalizando, pues no se trata de un capricho sino de una necesidad.

Cuando una persona se enfrenta a un shock en la vida como, por ejemplo, el accidente mortal de un familiar, se le presta una asistencia psicológica al entenderse que es un momento de tanta tensión emocional que es muy importante minimizar el impacto psicológico del acontecimiento. Pues bien, un divorcio también puede llegar a serlo y es por ello por lo que se debería normalizar la asistencia de un psicólogo después de este proceso. Incluso, para intentar prevenir la ruptura, para tratar de adelantarse a los problemas y encontrar soluciones antes de la separación o que, de ser necesaria, se pueda gestionar sin la negatividad emocional que puede hacer que un divorcio acabe en enfrentamientos y juicios traumáticos sin necesidad.

Es muy importante dar visibilidad a los problemas de salud mental. Parece que ya estamos preparados para hablar de otras enfermedades, como el cáncer, pero lo que tal vez no estemos consiguiendo es normalizar el hecho de que una persona verbalice que tiene un problema de salud mental y que sea aceptado sin prejuicios por el entorno y la sociedad.

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