05 de diciembre de 2022
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FIN DE SEMANA

La cantante del grupo Nena Daconte acaba de lanzar el libro 'Tenía tanto que darte', en el que cuenta cómo se refugió en el alcohol

Los famosos rompen tabús sobre salud mental: Del brote psicótico de Ángel Martín a la bipolaridad de Mai Meneses

/ Mai Meneses
Las celebrities españolas han dado varios pasos adelante para desestigmatizar los problemas de salud mental que, según la OMS, afectan a alrededor del 25% de la población mundial a lo largo de la vida. La cantante Mai Meneses, el humorista Ángel Martín o el realizador Javier Giner son tres de los ejemplos de este saludable fenómeno literario.

Este lunes se celebró el Día Mundial de la Salud Mental, que tiene como fin concienciar a la ciudadanía de que no existe plenitud sin felicidad y que esta no llega con la salud deteriorada. Desde tiempos inmemoriales la salud física se cuida con mimo mientras que la mental se descuida por miedo a la estigmatización, es decir, a sufrir que a uno o una le cuelguen el cartel de 'loco'. 

Contra este mantra están batallando en las librerías varias celebrities españolas. Es el caso del cómico Ángel Martín, que en 'Por si las voces vuelven' contó el brote psicótico que sufrió; del realizador Javier Giner, que en 'Yo, adicto' contó sus problemas con las drogas como síntoma de otros problemas; y de la cantante Mai Meneses (Nena Daconte), que en 'Tenía tanto que darte' explica la bipolaridad que sufre. 

Cerebro desconfigurado

Mai Meneses acaba de lanzar una autobiografía en la que desvela sus problemas de salud mental. En la Cadena SER explicó hace unos días que, según ella, la bipolaridad que sufre es "como una diabetes mental", por aquello de que la enfermedad es crónica. "Mi cerebro se ha desconfigurado y le tengo que dar una medicina para que esté bien", añadió. 

"En el 2007 estábamos en un momento que teníamos muchísimo trabajo con Nena Daconte porque estaba viniendo todo el éxito. Yo creo que en ese momento me influyó el estrés y el cansancio. Estaba muy cansada y eso me hizo como deprimirme un poco", añade. 

El ansiolítico más popular del mundo, el alcohol, entró entonces en juego: "Me ponía a beber primero cerveza, luego me abría una botella de vino y cuando me daba cuenta me lo había bebido todo. Me desmayaba, a las 5 de la mañana me despertaba y al día siguiente un poco lo mismo… Estuve tres años así, con este vaivén emocional y mental sin tener control de nada…".

"Yo hablaba de espíritus y demonios, se apagaban y encendían las luces de mi casa…Tenía la autoestima como muy baja y además tenía mucho miedo a la gente. Para mí hacer un concierto era como enfrentarme a mis demonios. Yo me lo tomaba como un reto en vez de pensar en disfrutar del concierto o de darlo todo. Ahora en cambio salgo al escenario y lo único que quiero es que la gente se lo pase bien", reconoce. 

Meneses reconoce que para ella "no tomarse la medicación supone vivir en el mundo de 'El Show de Truman' porque piensa que todo gira a su alrededor". 

Una vida trepidante

Meneses se desnuda en la obra: "En 2002 entré en Operación Triunfo, pero me expulsaron la primera. Me convertí en la perdedora más famosa de España. Tres años después, formé el grupo Nena Daconte. No era la primera vez que tenía un grupo, pero en esta ocasión dimos en la diana. Nos fichó Universal y llegó el éxito arrollador. En qué estrella estará sonaba grande y con derecho propio. Premios, giras, todas las puertas abiertas... Pero en aquella época fumaba porros y empecé a abusar del alcohol. Comenzó una etapa de autodestrucción que terminó en mi primer brote psicótico. Un año después, con la canción Tenía tanto que darte el éxito fue imparable, demoledor". 

En aquella etapa, añade, "continuaron las paranoias, la ansiedad y el miedo. Difícil combinación. Todo era malo en mi cabeza. El triunfo me sentaba fatal, la culpa me comía por dentro y destruía todo lo que viniera de mí. Hicimos más de doscientos conciertos en un año. Mi salud mental empeoró. Desde entonces, tuve varios diagnósticos psiquiátricos diferentes: depresión psicótica, trastorno bipolar de la personalidad, ansiedad... Un médico me dijo una vez que con los años se iría agravando. Y así fue. De todas las relaciones tóxicas que tenía, la peor de todas era con la música, así que lo dejé". 

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Ángel Martín. 

Una desnudez integral similar promovió el pasado año Ángel Martín con 'Por si las voces vuelven', obra en la que también cuenta sus problemas: "Hace unos años me rompí por completo. Tanto como para que tuvieran que atarme a la cama de un hospital psiquiátrico para evitar que pudiera hacerme daño. No tengo ni idea de cuándo empezó a formarse mi locura. A lo mejor nací genéticamente predispuesto. A lo mejor fui macerando una depresión al callarme ciertas cosas por no preocupar a los demás. O a lo mejor simplemente hay cerebros que de la noche a la mañana hacen crac y se acabó". 

Javier Giner en 'Yo, adicto'

"¿Debería contar la primera vez que me emborraché? ¿La noche en que probé la cocaína? ¿En qué lugar y a qué hora esnifé la raya original o me tomé aquella copa? ¿Si estaba acompañado? ¿Es más hábil avanzar en el tiempo y referirme al momento en el que supe o me imaginé que tenía un problema, cuando todo había tomado un cariz extremo y alarmante y el precipicio estaba tan próximo que cualquiera (que no fuese yo) podría haberlo divisado? ¿Cómo estructurar este relato?". Con estas dudas arranca Javier Giner 'Yo, adicto'. 

Este afilado relato nada en el inicio de la espiral insaciable que finaliza casi siempre con anécdotas desagradables: "Cada vez que algo así ocurre y amanezco solo en mi casa, comienza a girar la rueda: juramentos que me hago a mí mismo de parar, de dejar de emborracharme y de drogarme, para inmediatamente después romperlos, con la consecuente merma de autoestima y autocontrol y la aparición de la culpa, la vergüenza y la recriminación"

Giner explica que el principio del fin del drama fue internarse en una clínica de desintoxicación y pide comenzar a entender que el "adicto no es el que consume, sino el que no puede dejar de consumir aun cuando esté destrozando su vida. Estar enganchado a las drogas no es la adicción, sino el síntoma de la adicción. La verdadera enfermedad es emocional". 

El origen de su enfermedad, según él, "es una especie de batidora donde entran inseguridades, ansiedades, complejos, herencias familiares, una educación de una determinada manera, los mensajes que recibimos del exterior y cómo nos hablamos a nosotros mismos, la forma que tenemos de vincularnos... Somos una sociedad de la imagen, que no se vea, que no se note, si tienes un grano te lo tapas, si tienes un mal día dices en Instagram que estás supercontento". 

"De repente descubro que tengo una homofobia interiorizada que me lleva a sentirme de menos, sentir complejos. Vivo mi homosexualidad de manera libre, pero emocionalmente hay cosas de las que no me estoy haciendo cargo. Que son los millones de mensajes con los que he crecido hablando del homosexual como un ser inferior, un ser, como dice la religión, que no merece casarse en iglesias, porque son enfermos, y con esta masculinidad hegemónica que te pide ser un macho porque mostrarte vulnerable te hace una nenaza", explica. 

El autor afirma que "el problema no son las drogas, sino todo lo que escondes y de lo que huyes al usarlas. El adicto no puede tolerar la frustración. Y en la vida hay dolor. Nuestra forma de salir por patas es drogarnos, y cuanto más huyes, peor".  

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