26 de noviembre de 2022
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FIN DE SEMANA

Esta prestación, no regulada todavía, nace para ayudar a determinadas personas para que puedan conocer la sexualidad sin recurrir a la prostitución

La asistencia sexual: El servicio que ayuda a personas con diversidad funcional a disfrutar del sexo

Asistencia sexual
Asistencia sexual
El servicio de asistencia sexual nació para ayudar a las personas con discapacidad a explorar su propio cuerpo y a ser capaces de disfrutar de él sexualmente. Tanto el sexo como la vida sexual de estas personas son aún grandes tabúes en la sociedad. Sin embargo, es innegable, que más allá de las necesidades específicas que se desprenden de su discapacidad, sus necesidades son las mismas, incluidas las sexuales. Esta prestación se encuentra en la alegalidad, pues está permitida pero no regulada.

Según la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad de las Naciones Unidas, los Estados que forman parte de ella se comprometen a “proporcionar información que sea accesible para las personas con discapacidad sobre ayudas a la movilidad, dispositivos técnicos y tecnologías de apoyo, incluidas nuevas tecnologías, así como otras formas de asistencia y servicios e instalaciones de apoyo”.

Sin embargo, hay una gran cantidad de personas con diversidad funcional que no tienen la posibilidad de llevar una vida plena y ven cómo, en ocasiones, la sociedad los reduce a su discapacidad. Es por eso que, desde hace años, varias asociaciones a lo largo de toda la geografía española luchan por los derechos de las personas con diversidad funcional y, más específicamente, recuerdan que tienen deseo erótico, como el resto, y que muchos no pueden gozar de una vida sexual satisfactoria. Así nació la asistencia sexual, un tipo de ayuda que pretende llegar adonde no llegan los asistentes personales.

¿Qué es la asistencia sexual?

Según AsistenciaSexual.org, se trata de “un tipo de trabajo sexual que consiste en prestar apoyo para poder acceder sexualmente al propio cuerpo o al de una pareja”. Por su parte, aclaran que la persona que asiste “no es alguien con quien tener sexo, sino alguien que te apoya para tener sexo contigo misma o con otras personas”. Se entiende, entonces, a la persona asistente como una herramienta con la que ciertas personas con diversidad funcional pueden explorar su propio cuerpo y gozar de la libertad de poder tener acceso al disfrute sexual consigo mismos mediante la masturbación.

En un reportaje de 2017, Samanta Villar abordaba este tema hablando con Antonio Centeno, un hombre con diversidad funcional que describe la asistencia sexual de este modo: “Yo la entiendo como un apoyo para acceder sexualmente a tu propio cuerpo. No es alguien con quien tener prácticas sexuales, sino alguien que te permite que te relaciones sexualmente con tu cuerpo. Igual que me peino con las manos de mi asistente, mi manera de masturbarme también es con las manos de otra persona”.

Se plantea, entonces, la pregunta de si la asistencia sexual es un derecho para las personas con diversidad funcional. En el mismo reportaje, Antonio opina: “Hablamos de que tengas acceso a tu propio cuerpo, de que tu cuerpo sea tuyo. Creo que eso constituye un derecho”. Sin embargo, él mismo pone límites a la asistencia sexual cuando Samanta Villar le pregunta si el coito también es un derecho. Antonio responde que no, pues “no es algo que tú hagas contigo mismo, es algo que haces con otra persona, y ese hacer con otra persona no tiene que ver con el derecho, tiene que ver con el acuerdo”.

Tanto AsistenciaSexual.org como otras organizaciones ponen el límite ahí pero también en que la persona asistida sea capaz de tomar sus propias decisiones y acceda al servicio por voluntad propia.

¿Quién puede recibirla?

“No todas las personas con diversidad funcional necesitan asistencia sexual”, aclaran en AsistenciaSexual.org, donde explican quiénes pueden acceder a este servicio. Según la organización, cuyo lema es ‘Tus manos, mis manos’, la asistencia sexual está dirigida a “personas que no pueden explorar su cuerpo, masturbarse y/o realizar algunas prácticas sexuales con otra persona sin el apoyo de alguien”.

En el mismo tono en el que lo explica Antonio en Samanta y la asistencia sexual, la organización resume en pocas palabras que los asistidos deben ser personas “cuya forma de autonomía consiste en hacer esas tareas con las manos de otra persona y con sus propias decisiones”.

'Tus manos, mis manos', lema de AsistenciaSexual.org

El caso de la diversidad intelectual, por su parte, es algo distinto y, según lo que explican en la organización, “la persona tutora se responsabiliza de establecer con asistente y asistida el protocolo para determinar qué puede decidir la persona con diversidad intelectual por sí misma, qué decide con apoyo y qué no decide”.

Una práctica alegal

Hablar de asistencia sexual es hablar de debate. El servicio genera gran controversia en la sociedad. Tanto el sexo como la vida de las personas con diversidad funcional constituyen dos grandes tabúes sociales que no llevan a otro lugar sino al desconocimiento. La asistencia sexual se encuentra en un limbo legal, pues aunque se permite, no está regulada. A pesar de que las organizaciones luchan por la regulación de un marco legal, se encuentran con la gran barrera que es el rechazo social.

Por una parte, algunas personas consideran que la asistencia sexual es una forma de prostitución. Muchos de los representantes de las asociaciones y organizaciones en favor de este tipo de asistencia insisten en que, precisamente, lo que se pretende es alejarse de la prostitución. Sin la asistencia sexual, muchas personas con diversidad funcional no son capaces de disfrutar sexualmente de su propio cuerpo y recurren a este servicio. Sin embargo, las personas que se dedican a la asistencia sexual ponen este disfrute a su alcance sin necesidad de mantener relaciones sexuales, que no constituyen un derecho, pues no se trata del propio cuerpo sino también del de otra persona.

Antonio Centeno, creador de AsistenciaSexual.org

Por otro lado, se tiende a reducir a estas personas a su diversidad funcional, negando así su emotividad y sus deseos sexuales. En cambio, muchos expertos aseguran que el tener la posibilidad y la libertad de disfrutar sexualmente de su propio cuerpo tiene grandes beneficios para las personas con diversidad funcional pues, por el contrario, no responder ante la necesidad de libertad, autonomía y conocimiento del propio cuerpo, genera una gran frustración.

Tanto las asociaciones y organizaciones en favor de la asistencia sexual como psicólogos, sexólogos y otros expertos están de acuerdo en los beneficios que aporta a las personas con diversidad funcional el hecho de poder explorar su cuerpo y disfrutar de él en todos los sentidos. Así, al abordar el derecho a la igualdad de las personas con diversidad funcional, se debe poner el foco en todos los aspectos de su vida.

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