19 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA

El abogado de familia Alberto Cebrián afirma que "no existe la pareja perfecta, sino parejas que saben gestionar adecuadamente o no sus diferencias"

El síndrome de asimetría de poder en las relaciones, habitual causa de divorcio en España

Los divorcios son por diferentes causas.
Los divorcios son por diferentes causas.
El abogado de familia Alberto García Cebrián nos explica en este artículo el significado del síndrome de asimetría de poder en la pareja, una de las causas más importantes de divorcio en España. Este síndrome consiste en la suma de todas y cada una de las diferencias de una relación sentimental y su evolución, que puede hacer que exista un dominio de una parte de la pareja sobre la otra.

Intentar evitar el divorcio antes de llegar al punto de no retorno es importantísimo. No estamos acostumbrados a ir a terapia de pareja, pero es la mejor opción cuando no somos capaces de entendernos. Cada persona nace, se desarrolla y construye su personalidad de una manera propia. Y tiene una idea del amor y de la relación de pareja. Hay personas que, subjetivamente, le dan mucha importancia a algunas cosas mientras que su pareja no le da ninguna y viceversa.

¿Pero, qué es el síndrome de asimetría de poder de pareja?

Para entender el motivo por el que se producen tantas rupturas y divorcios hablaré sobre el síndrome de asimetría de poder que es la suma de todas y cada una de las diferencias de una relación sentimental y su evolución. Estas diferencias pueden provocar que exista dominio de una parte de la pareja sobre la otra en diversos aspectos.

Todo matrimonio y pareja se basa en una serie de pactos implícitos que pueden ser conscientes o inconscientes y que se van consolidando y modulando con el tiempo. Y que  hacen que encaje la pareja de un modo más o menos equilibrado y justo.

Sin embargo, el problema aparece porque el poder de la relación no suele asentarse en ambos miembros de un modo pacífico, sino que recae principalmente en uno, que es el que manda o decide, mientras que el otro es mandado y se limita a hacer lo decidido, estableciéndose una relación de cierta jerarquía y sometimiento en alguno o varios aspectos de la vida de pareja.

La equidad es imposible pero una diferencia tan marcada que suponga el sometimiento de una parte de la pareja a la otra es injusta, sin que nos detengamos normalmente a analizar la importancia que tiene.

En realidad, se trata de la diferente evolución natural que realiza cada miembro de la pareja y que hace que en cada momento se vayan modulando los intereses y la valoración, de manera que sin darnos cuenta podamos llegar a sentir que somos mejores o peores que nuestra pareja en determinados ámbitos de la vida por haber evolucionado de diferente manera, e injustamente llegar a la idea equivocada de que somos poco válidos para nuestra pareja que suponemos vale más. O, todo lo contrario, menospreciar a nuestra pareja por considerar que valemos más que ella, lo que es un error y nos aleja de la idea de amor incondicional.

Los divorcios son traumáticos.

No somos conscientes de que la vida da muchas vueltas y precisamente compartir un proyecto común se basa en poder apoyarse mutuamente y disfrutar de la vida conjuntamente, con independencia de las puntuales circunstancias de cada parte, pues van cambiando, y el hecho de que en un momento dado podamos estar mejor posicionados no quiere decir que vaya a ser la situación que se va a mantener y consolidar en el tiempo.

Todo matrimonio cuenta con diferencias significativas en cuanto a las cualidades de los cónyuges. Tiende a mandar en la pareja quien tiene un físico más atractivo, mejor capacidad y solvencia económica, mayor reconocimiento social, una personalidad más fuerte o determinadas circunstancias que se entienden positivas dentro de cada relación.

Un matrimonio y pareja no debería medirse por la valía de sus miembros, que es subjetiva, pero en la vida real siempre tiende a tener la voz cantante en determinados aspectos uno de los dos. Lo cual no es malo si está compensado o se trata de un modo justo, el problema en cuando se consolida inicialmente y con el paso del tiempo van modificándose las circunstancias y se van adaptando y modulando los roles establecidos, con la lucha de quien manda por no dejar de hacerlo y de quien no lo hace de tener más importancia. Todo ello en cada uno de los múltiples aspectos de la vida. Se puede convertir en algo complicadísimo con lo fácil que debería ser amar.

Lo ideal sería alegrarse de la valía de nuestro cónyuge y ser conscientes de nuestra propia valía, pero tendemos a rivalizar y a tener envidia e inseguridad cuando en realidad debería suponer algo positivo tener una persona al lado con las mejores cualidades posibles; pero nos puede crear inseguridad e incluso producirnos miedo a que nos deje.

Un miedo fundado, pues por desgracia no sería ni el primer ni último caso de matrimonios que se rompen por haberse “revalorizado” alguno de los esposos y habérsele “subido a la cabeza”. El hecho de que mejore en algún ámbito de la vida nuestro cónyuge debería ser en todo caso un aliciente para que nosotros mismos también progresemos y mejoremos.

Todos los matrimonios tienen sus propias particularidades y es por ello por lo que en muchos casos el motivo aparente no es el real, sino que es una consecuencia de lo que no es tan visible y en muchos casos, al que no se le ha dado importancia precisamente por no aceptarlo o no querer afrontarlo.

Cada persona tiene su forma de querer y sus propias necesidades afectivas y exigencias, de manera que cuanto más exigente se sea con lo que hace nuestra pareja y menos con lo que hacemos nosotros hará que se pueda producir una discusión en cualquier ámbito de la vida que haga tambalear la relación. Así se va alimentando la discordia y los resentimientos y puede que con el tiempo se acabe con el amor.

Normalmente las discusiones de pareja se basan en una falta de comunicación por el interés de las dos partes de hacer entender al otro lo que está pasando desde su propio punto de vista, pero sin poner la misma atención en lo que nos dice la pareja, provocando a medio o largo plazo que se produzca frustración, que sintamos que no queremos mantener un matrimonio en el que no nos entienden ni somos felices y valorados.

Las principales causas y motivos de divorcio y separación matrimonial en España son las siguientes:

·       Infidelidad.

·       Problemas de comunicación.

·       Celos, agravado actualmente por los malos usos de las redes sociales y relaciones tóxicas.

·       Problemas económicos o profesionales.

·       Problemas con terceras personas: familia política principalmente.

·       Adicciones.

·       Trastornos de la personalidad.

Por ejemplo, tuve un caso en el que una pareja se divorciaba tras llegar a la conclusión, ambos esposos, de que el motivo de la ruptura era la mala adaptación y gestión de la pareja a la diferente evolución de cada uno de ellos. O lo que es lo mismo, por la asimetría de poder de pareja, en ese caso fue por motivos profesionales.

A grandes rasgos y según nos relataron ocurrió algo parecido a lo siguiente:

Existía una diferencia de edad entre los miembros de la pareja que en el noviazgo supuso que él sí trabajara y tuviera ingresos —concretamente trabajaba en la recepción de un hotel— mientras que ella aún estudiaba. En esa fase de la relación, él tenía cierto protagonismo ya que era el único que tenía ingresos e implícitamente se le dio un mayor peso y valor pues era el que costeaba en exclusiva la vida común e incluso los estudios de ella. La relación se adaptaba al trabajo de él y principalmente a sus necesidades y preferencias, pues de hecho ella valoraba y agradecía la situación y trataba incluso de premiarlo con un mayor protagonismo en la pareja.

Cuando ella terminó sus estudios de Turismo y un máster encontró una gran oportunidad profesional en la que no solo tenía una mayor categoría laboral que él por estudios y puesto de trabajo, sino que además viajaba frecuentemente y lograba mayores ingresos que él. En este caso comenzó a evolucionar la relación, pues el esposo tenía tendencia a querer mantener su preferencia, mientras que ella pretendía todo lo contrario.

La situación se tornó insostenible y la relación acabó en divorcio por no haber sabido gestionarla sin darle tanta importancia a las circunstancias y centrarse en la persona y no en la situación profesional. El hecho es que la relación de pareja funcionó perfectamente mientras solo trabajaba el esposo y dejó de funcionar cuando comenzó a trabajar la esposa, lo cual debería haber sido algo muy positivo y un refuerzo y mejora de la situación de la pareja en general. Es una pena.

No existe la pareja perfecta sino parejas que saben o no saben gestionar adecuadamente sus diferencias. En una relación deberíamos darnos la misma importancia con independencia de las circunstancias, tratarnos igual, pero en la práctica no siempre es así.

 

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