22 de abril de 2021
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FIN DE SEMANA

Estamos ante una ola psicológica con un crecimiento del índice de suicidios que ya se coloca como la primera causa de muerte en España

Tras el ataque a Iñigo Errejón, recordamos la importancia de dar visibilidad a la salud mental

Iñigo Errejón.
Iñigo Errejón. / Instagram
El pasado miércoles durante la sesión de control parlamentario al Gobierno, Iñigo Errejón, líder de Más País, volvió a poner sobre la mesa el problema de la salud mental y como estas situaciones se están viendo agravadas por el confinamiento. Un diputado de la bancada popular, Carmelo Romero, le gritó al parlamentario: "¡vete al médico!". Un anécdota que prueba cómo estos asuntos son tomados poco en serio por nuestra clase política. Jorge López-Vallejo pone las claves al asunto.

¿Cómo es posible que políticos españoles cuestionen la figura de la psicología como agente de cambio y evolución? ¿Cómo es posible que alguien en el 2021, no pueda entender como prioridad un programa institucionalizado de salud mental para nuestro país?

¿Cómo es posible que sanitarios y sanitarias, miembros de seguridad del estado, y colegios, no tengan implantados programas preventivos sobre la salud mental y programas de intervención inmediata?

Son muchos los casos de personas conocidas públicamente, pero pocos los políticos que han admitido tener problemas de salud mental y los han solucionado. Los más frecuentes y conocidos son los ataques de pánico, ansiedad, adicciones y la depresión, pero hay muchos más. Es necesario dar visibilidad a este tipo de trastornos, enfermedades, problemas, concienciándonos de que son habituales, más recurrentes de lo que pensamos y en la actualidad, tras la pandemia, más extendidos y graves.

Más allá del posible interés que pueda despertar una persona famosa, influyente o importante, es indiscutible que al compartir públicamente estos problemas cede una oportunidad para visibilizarlos, llegando a mucha gente. Por eso, cuando alguien conocido admite haber sufrido crisis de pánico, haber necesitado tratamiento para una depresión o incluso admite padecer un trastorno bipolar, se nos da un mensaje muy importante: todos debemos cuidar nuestra salud mental, sin excepciones.

Pero la acción no solo está en cuidar e intervenir individualmente, por indicativa familiar o personal, la acción debe ser institucional y preventiva y esta depende de los sistemas de Sanidad Publica. Igual que prevenimos el cáncer o los efectos del colesterol, se debe prevenir la enfermedad mental y el deterioro emocional.

En la actualidad no se hace ni intervención ni prevención, solo unos pocos que pueden pagarse un tratamiento privado de psicoterapia, ¿y el resto? Estamos ante una ola psicológica, en muchos casos irreparable, con un crecimiento del índice del suicidio que lo coloca como primera causa de muerte en nuestro país. Esta situación nos afecta a todos y no solo a los más débiles. Pero aparte del suicidio, estamos en la siguiente realidad:

Jorge López-Vallejo.

- Aparición de nuevas psicopatologías en personas que no padecían antecedentes previos.

- Agravamiento de las personas con antecedentes y diagnóstico de enfermedad mental anterior.

- Cierre de empresas por bloqueo emocional y falta de fuerza para la toma de decisiones. 

- Deterioro emocional en empresarios y trabajadores con pérdida de productividad. Nos dirigimos a una ruina con efectos socioemocionales importantes.

- Alumnos de todas las edades con depresión, ansiedad y ataques de pánico que conllevan una brecha intelectual y fracaso escolar que tardará meses en recuperarse, incluso años.

- Disparo el consumo de medicamentos con el coste y riesgo clínico sobre las adicciones.

-Crecimiento desbordado del uso de drogas y alcohol con un claro impacto sociocultural.

- Incremento de los casos de violencia de género amplificando un problema que no cesa.

- Incremento del resto de violencias sociales.

Programas de televisión como los dedicados a la depresión, al TOC, a la ansiedad; ídolos adolescentes que admiten tener problemas de ansiedad debidos a la presión social, o depresiones por problemas personales; cantantes que se desmayan en el escenario por pánico... Necesitamos políticos realistas que lo visibilicen. No importa lo que tengas o lo que seas, cualquiera puede sufrir este tipo de trastornos y más actualmente.

Pero el mayor problema es que la sanidad pública no puede abordar un crecimiento de consultas sobre ansiedad, depresión y angustia, intentando resolverlas con una llamada de teléfono de 5 minutos por paciente. Debido a esta falta de medios, el médico de familia, psicólogo o psiquiatra, acaban, en la mayoría de los casos, prescribiendo al paciente psicofármacos o consejos que sin un riguroso seguimiento no llegarán nunca a un buen fin.

Por ello, dos soluciones son inminentemente necesarias: la derivación a centros privados médicos sanitarios para intervención psicológica y psiquiátrica y la inversión en salud mental que garantizaría la superación del estado actual y la recuperación necesaria futura.

Dejo para reflexión esta pregunta, ¿Cuánto se ha invertido en prevención e intervención sobre la salud mental en nuestro país?

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