27 de mayo de 2022
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FIN DE SEMANA

Una encuesta realizada por el despacho de Abogados Cebrián muestra que más de la mitad de los separados lamentan no haber solicitado ayuda previa

En España, la gran mayoría de las parejas se casan sin asesoramiento y se arrepienten en el divorcio

Según indica el despacho de Abogados Cebrián especializado en derecho de familia, más de un tercio de las personas que se divorcian en España consideran que si se hubieran asesorado antes de la ruptura habrían tomado mejores decisiones en su matrimonio. Este dato y muchos otros han sido comprobados a través de una encuesta realizada por el bufete en la Feria 1.001 Bodas celebrada en IFEMA, que ahora analiza para elcierredigital.com.

El despacho de Abogados Cebrián especializado en derecho de familia ha realizado una encuesta sin precedentes en la feria de IFEMA 1.001 Bodas entre las parejas que estaban proyectando su enlace matrimonial, y el resultado ha sido que todas se casaban sin haberse asesorado antes sobre los efectos del matrimonio.

Este despacho está centrado en el asesoramiento preventivo y cuando es necesario, en el divorcio amistoso, habiendo realizado otra encuesta en paralelo a personas que se han divorciado y cuyos resultados han resultado muy significativos:

·      Más de la mitad de los matrimonios que se divorcian se arrepienten de no haber recibido asesoramiento antes de la ruptura.

·      Más de la mitad de las personas que se divorcian sienten que se casaron precipitadamente idealizando el matrimonio, sin ser conscientes realmente de las consecuencias que iba a tener la institución matrimonial.

·      Más de la mitad de las personas que se divorcian llegan a la conclusión de que su entorno y la inercia de la sociedad, que en ocasiones nos empuja a casarnos cuando vivimos en pareja, les condicionó para contraer matrimonio sin que realmente tuvieran una necesidad o deseo real de casarse.

·      Más de un tercio de las personas que se divorcian consideran que si se hubieran asesorado habrían tomado mejores decisiones, reduciendo las controversias familiares e incluso, tal vez, previniendo la ruptura.

·      El 80% de las personas que se divorcian piensan que han tomado la decisión de tramitar el divorcio demasiado tarde.

Arrepentimiento por no pedir asesoramiento jurídico a tiempo

No se puede generalizar, pero existe una gran parte de los matrimonios que se casan de manera idealizada, preocupándose por los detalles de la celebración, pero sin ocuparse de comprender diligentemente en qué consiste la institución del matrimonio y qué derechos, obligaciones y responsabilidades se asumen.

Por ejemplo, llama especialmente la atención cómo muchas personas que se van a casar o se divorcian no saben ni tan siquiera el régimen económico matrimonial aplicable. Otras, saben cuál es su régimen económico, pero en los casos en los que este es el de gananciales, no conocen realmente en qué consiste, lo que puede suponer decisiones equivocadas con graves consecuencias.

Al idealizar la institución del matrimonio no se tiene conciencia real de lo que supone y por tanto tampoco la libertad de tomar decisiones congruentes. Al no conocer las consecuencias de las decisiones, el riesgo de incurrir en un error aumenta exponencialmente. Entre otras cuestiones, muchos matrimonios no son conscientes:

·    De la responsabilidad que supone tener hijos.

·  De los derechos y obligaciones que se derivan de comprar una vivienda conjuntamente hipotecándose 20 ó 30 años y las complicaciones que puede acarrear en caso de ruptura.

·     De los efectos patrimoniales que se derivan de bienes privativos y gananciales.

Matrimonio precipitado y divorcio tardío

Más de la mitad de los matrimonios que se divorcian llegan a la conclusión de que se casaron precipitadamente sin saber realmente las consecuencias de su decisión, llamando aún más la atención que el 80% sienta que ha tomado la decisión de haberse divorciado demasiado tarde, aguantando y alargando en el tiempo una crisis matrimonial que era definitiva, con la tensión y malestar que ello puede provocar. ¿Cómo puede ser que en ocasiones nos casamos precipitadamente pero retrasemos demasiado la decisión de divorciarnos?

Es lógico y perfectamente entendible. Cuando una pareja decide casarse no está pensando en el divorcio y tiende a apostar por su relación, sin que en ese momento se tenga la preocupación o diligencia de conocer en qué consiste un matrimonio o la previsión de lo que pasaría en caso de divorcio. Esto, en ocasiones, acaba pasando factura por una concepción errónea de la propia institución del matrimonio.

A modo de conclusión se puede afirmar que hay que evolucionar hacía un sistema familiar que utilice la misma diligencia para tomar cada decisión, ya sea casarnos, divorciarnos o cualquier otra. Que no se tome a la ligera la decisión de casarse sin ser conscientes de qué supone y que se le dé demasiadas vueltas a la decisión de divorciarse cuando es una necesidad.

El divorcio no es un drama, el drama puede llegar por no tomar una decisión acertada. Debemos de perder el prejuicio de que un matrimonio es lo normal y un éxito pero, en cambio, una separación o divorcio es un fracaso. Una situación familiar no es ni buena ni mala, sino que se adaptará o no a las necesidades de cada uno de sus miembros. 

El hecho de que el 80 % de las personas que se divorcian sientan que han tomado la decisión demasiado tarde debe hacernos recapacitar para fomentar una cultura en la que se normalice tanto el divorcio en sí mismo, como la concepción de que un divorcio de mutuo acuerdo es la mejor opción si llega una situación de crisis matrimonial definitiva.

Las parejas que contraen un matrimonio deben de ser conscientes desde su inicio de que el divorcio es una realidad que puede llegar y que si llega es por el deseo de alguno de los esposos. Por tanto, lo correcto es cuidar y valorar la familia para que ambos esposos quieran seguir manteniendo la relación y por no tener miedo al divorcio ni dificultarlo cuando alguno de los esposos lo desea o necesita, pues en ese caso, tener claro que se debe facilitar que sea de mutuo acuerdo reduce el sufrimiento de la ruptura.

Aún sigue existiendo un rechazo al divorcio, de manera que, cuando uno de los esposos pide el divorcio al otro, es frecuente que reciba contestaciones similares a: “Cómo me haces esto”, “Me has arruinado mi vida”, “Yo me casé para siempre” o “¿Ya no me quieres?”. Como si lo que es un derecho y libertad de una persona, la decisión de divorciarse, fuera hacer algo malo al otro esposo. Esto se debe a que en el punto de partida no se tiene conciencia de que el derecho al divorcio es una posibilidad real. No hay que oponerse a la petición de divorcio de nuestro cónyuge, lo que hay que hacer es cuidar la relación para que ni nosotros ni nuestro cónyuge quiera finalizar el matrimonio al mantener una relación deseada que se quiera mantener en el tiempo.

¿El matrimonio es para siempre? Si consultamos las estadísticas, en la mayoría de los casos no es así. Pero debemos de ser conscientes de que un matrimonio no se busca o se encuentra ni nos pertenece como propiedad, no sale mal o sale bien de manera fortuita o casual, un matrimonio y una familia se construye y se debe construir sobre una base de conciencia, libertad y respeto mutuo.

En un matrimonio se debe valorar al abogado y al asesoramiento preventivo como un aliado y no tener cierto reparo o reticencia a recibir asistencia jurídica a tiempo, pues podemos estar poniendo en peligro nuestras relaciones familiares por no ser conscientes de las consecuencias legales de nuestras decisiones.

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