25 de agosto de 2019
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EDICIÓN VERANO

Este cultivo triplica y cuadruplica los ingresos que tienen los tradicionales de la zona como los cereales

El nuevo gran negocio de La Alcarria: la lavanda impulsa el desarrollo agrícola y turístico de la comarca castellano manchega

La lavanda está extendiéndose en La Alcarria por los beneficios que reporta.
La lavanda está extendiéndose en La Alcarria por los beneficios que reporta.
El color morado de extensos campos de lavanda ya no es exclusivo de la Provenza francesa, zona mundialmente conocida por el cultivo de esta planta aromática de la que se obtienen esencias para elaborar perfumes o cosméticos. Guadalajara se suma a este tono. Cada año, el cultivo de lavanda ha ido relegando al de cereal y ya hay más de 2.500 hectáreas en las dos Castillas cubiertas por este manto morado.

Un espectáculo para los sentidos que en verano atrae, además, a miles de turistas que, como en la primavera del Jerte y sus cerezos en flor, acuden a disfrutar con el aroma y el espectáculo visual de la lavanda. Pero es en la provincia Guadalajara donde este cultivo está viviendo un auténtico boom y solamente en la zona de Almadrones-Cogollor-Brihuega se cultivan alrededor de 2.000 hectáreas, lo que supone el 80 % del total cultivado de España, tal y como señala uno de los principales productores de la zona, Juan José de Lope.

Los cultivos de lavanda se extienden en La Alcarria.

El caso de Almadrones, a tan solo media hora de la capital alcarreña y a poco más de una hora de Madrid, resulta curioso, ya que se trata de una pequeña población de Guadalajara en la que durante el invierno apenas llegan a 30 vecinos, pero en la que actualmente se cultivan 300 hectáreas de lavanda.

En toda Castilla-La Mancha, en apenas 10 años, se ha multiplicado por cinco su producción, lo que ha convertido a esta comunidad autónoma en la principal productora de lavanda a nivel nacional. 

Un cultivo que triplica los ingresos de los cultivos tradicionales

Según los propietarios de algunos campos dedicados al cultivo de la planta en la zona de Almadrones, este aumento se debe a que “los agricultores intentan buscar incrementar sus ingresos y este cultivo que triplica y cuadruplica los ingresos que tienen los cultivos  tradicionales de los cereales”. En una de las zonas de España con mayor éxodo rural, estas plantaciones contribuyen a frenar la despoblación, ya que, además de por el incremento del turismo en los meses de verano, “por cada 100 hectáreas de lavanda, se generan un 6 o 7 empleos durante todo el año”, lo que está ayuda a que la población de la zona “no se vaya a la ciudad”, destaca el empresario agrícola.

Los cultivos atraen a numerosos turistas. 

El espliego, nombre castellano con el que siempre se ha conocido a la planta en esta zona de la Alcarria, ofrece en julio su momento de máxima floración, cuando los campos de alrededor de este pequeño municipio de Guadalajara se transforman en un mar de tonos azulados y violetas y arranca el proceso de recolección.

Pero como explica el agricultor, actualmente sus usos se han extendido de la industria de la perfumería, y también se utiliza para la alimentación, tanto humana como animal, en cosmética y para la higiene personal en jabones, champús, geles de ducha y para productos de limpieza.

Aunque la producción ha aumentado en los últimos años, en Guadalajara existe una larga tradición del cultivo de lavanda, porque desde los años 60 y 70, cuando el cultivo del espliego se realizaba en los montes, esta zona de la Alcarria ya era reconocida internacionalmente por sus aceites esenciales. Algo que confirman desde las destilerías y campos de lavanda de la zona, en este caso en Brihuega.  

Visitas a destilerías

Desde 2007, los propietarios de una de las destilerías de Brihuega  retomaron este cultivo que compatibilizan con el cereal y desde hace unos cuatro años organizan visitas guiadas a la destilería y los campos en julio empujados por el aumento de turistas que visitan la zona para ver la floración. Un turismo que ha crecido enormemente en pocos años. Tanto que algunos dueños de cultivos y destilerías se muestran un tanto reacios a favorecer el turismo porque, asegura, "llegan muchas personas en poco tiempo y falta mucho civismo, dañan  parte de los cultivos lo que trae las consiguientes pérdidas".  Pero deben de compensar los beneficios que reportan los visitantes, porque han abierto instalaciones nuevas en el último mes .

Precisamente durante este fin de semana tenía lugar la fiesta grande de la lavanda. Brihuega organiza durante estos días un festival que ya es conocido y al que invitan a cantantes y artistas famosos cada año además de amenizarlo con eventos, actividades...

Los colmeneros itinerantes trasladan sus colmenas a los campos de La Alcarria durante la floración de la lavanda. 

Algo que también se puede encontrar en el centro de Brihuega que durante este mes se engalana con una decoración propia de lavanda y una completa programación que incluye mercado, visitas guiadas, talleres o conciertos donde el pasado año pasaron cerca de 20.000 turistas.

Cartel del Festival de Brihuega 2019.

Según Juan José de Lope, un agricultor de la zona, visitar los campos en los meses de verano, “es un espectáculo para la vista y el olfato” y el marco perfecto para la celebración de grandes eventos al aire libre, como conciertos, que también se complementan con una oferta gastronómica.

Otro sector que se desarrolla gracias a los cultivos de lavanda es el de la apicultura. Durante el periodo de máxima floración de la planta, numerosas colmenas itinerantes son trasladadas desde Valencia e instaladas en torno a los campos cultivados para acercar las abejas a las flores. Desde la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha confirman que los colmeneros se instalan junto a esos cultivos previo permiso o acuerdo con los propietarios de dichos terrenos.  

De este modo, agricultura y turismo se dan la mano para tratar de frenar la despoblación que afecta a esta provincia, una de las que forman la “España vaciada“.

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